«Ramiro crese un can. Ata teño que sacalo a facer pis»

La ourensana Concha Rodríguez crió a un cerdo desde pequeño que actúa como si fuese un perro

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«Este porco crese un can. Ata teño que sacalo a facer pis» Ramiro llegó hace 8 meses a Mirallos, en el concello ourensano de A Peroxa. Desde entonces este cerdo es una auténtica mascota. Pese a que Concha, su dueña, lo colma de cuidados, le llegará su San Martiño. ¿Quieres conocerlo?. ¡Dále al play!.

ourense / la voz

La historia de Concha Rodríguez y del cerdo Ramiro es de esas que sorprenden. Tanto por la dulzura de ella como por el apego de él. El animal la acompaña a todas partes. Desde hace seis meses son inseparables. Ramiro nació de una cerda que perdió al resto de sus crías y que no pudo cuidarlo. Y Concha lo cogió en sus brazos día y noche, y, cada dos horas, lo fue alimentando con biberón en su casa. «Non ía nin á misa, nin aos enterros, porque non podía. Tiña que coidalo», asegura ella. Ahora Ramiro pesa 80 kilos y pasea por la aldea ourensana de Mirallos, concello de A Peroxa, como si fuera el tercero de los perros con los que cuenta su dueña. Tanto es así que se cree uno de ellos. «Cando era pequeno e o tiña na casa, sacábao para facer pis, non quería que o fixera dentro da casa. E agora crese un can. Ata teño que sacalo para facer pis. É capaz de aguantar e inchar se non damos o paseo». Ramiro no hace sus necesidades ni en la cuadra ni en los alrededores de la vivienda. Así que Concha tiene que sacarlo a pasear por el pueblo para que el animal pueda desahogarse. Estampa que sorprende a más de uno. «Anda con ela para todos lados», dice su hijo Luis, resignado.

Concha relata que de pequeño le preparaba el biberón con la misma leche que ella consumía. «Levantábame de noite para darllo e tiña a cheminea prendida para que non pasase frío», relata a mujer. Más tarde tuvo que cambiarle la alimentación. «Vaia -dice el hijo-, ata lle deu rosquillas na festa da semana pasada. E o outro día ata lle botou un spray para desparasitalo porque tiña unha pulga, e límpao cunha mangueira». Luis dice que en tiempos era normal criar a los animales que no tenían otra manera de sobrevivir, aunque ahora Concha lo hace por amor. Mientras cuenta su peculiar historia, Ramiro se hace el dueño de la casa, asusta a los demás perros y corre a comerse su pienso. Pero basta un silbido de Concha para que se acerque corriendo a ella. «O outro día ía paseando con el e unha señora fíxonos unha foto. Dixo que ao principio pensou que ía cun can, pero que cando viu a Ramiro non daba crédito», relata Concha.

Lo que no va a conseguir el amor, con toda seguridad, es que a Ramiro le llegue su San Martiño. «Vou chorar moito, moito», dice ella. Su hijo asiente y afirma: «É que xa non é o chiste de cando era pequeno, pero a ver se este ano libra...».

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