Una relación entre profesionales

La vigilancia que hace la Guardia Civil de las condiciones de transporte redunda en la seguridad de los chóferes


ourense / la voz

El control de transporte por carreteras es uno de los puntos a los que la Guardia Civil del Subsector de Tráfico dedica tiempo y examen de agentes especialistas cada vez que establece un dispositivo masivo. Acudimos a uno realizado a principios de este mes en la A-52, concretamente en el punto kilométrico 120, en A Mezquita. La zona no está elegida al azar. En la reunión celebrada a primera hora de la mañana en el destacamento de Verín se ha determinado el lugar exacto en el que se realizaría el control masivo de vehículos. «Valoramos las posibilidades, teniendo en cuenta que no haya obras en la vía para no interrumpir a los operarios y porque estaría fuera de lugar; buscamos un tramo limitado a 120 kilómetros por hora en el que se pueda ver si hay velocidades excesivas. Evitamos los controles en tramos limitados a cien kilómetros por hora a no ser que sea una zona de muchos accidentes», explica el teniente Nogueiras.

Es una empresa, a la que se le comunica el punto esa misma mañana, la que realiza el corte del carril. Debe hacerse en un tramo sin baches ni afectado por bancos de niebla. En un control de tráfico, detalla el teniente del destacamento de Verín, se reduce el carril derecho de la circulación, que se limita al izquierdo. Kilómetros antes se habrá instalado el radar y un operador irá comunicando qué vehículos han superado el máximo permitido. Un agente los selecciona y los separa hacia una zona con conos.

La segunda estación de un control es la de verificación de las denuncias por excesos de velocidad, en la que trabajan cuatro agentes coordinados con el de selección. Allí se hacen las pruebas de alcoholemia y de drogas, si se detectan síntomas de consumo.

El tercer punto, donde se encuentra un cabo con un arma larga, es del «selección y protección». Ordena aminorar a los vehículos y si observa algo anómalo se inspecciona el vehículo y se envían datos a la central. Desde allí se remitirá información de si hay antecedentes penales o algún motivo por el que el conductor no pueda circular. El estado deteriorado de un vehículo, su limpieza o conservación, o del propio conductor -paran a uno que llega con golpes en la cara- da información a los agentes. No encuentran nada y la explicación que da -cayó cuando iba en bicicleta- parece plausible, por lo que le dejan continuar.

Más adelante está el control del transporte. El agente especialista en la materia está examinando un vehículo articulado que viene de Valencia con destino a Portugal. Un panel naranja advierte de que transporta mercancía peligrosa. Se le piden los albaranes. Lleva mil kilos de un producto inflamable en un contenedor especial. Se le requiere documentación como la tarjeta de transporte o el Cap, curso de aptitud. Y el tacógrafo, que registra los tiempos de conducción y de descanso. Los digitales facilitan un control más rápido. El chófer argentino Andrés Barabaschi comenta que se suele encontrar bastantes controles sobre todo por Galicia. Pero lo ve normal. Lleva quince años como profesional. «Ahora se va mejor por carretera», opina sobre la seguridad de los transportistas. Lleva todo correctamente y puede continuar. En cambio, otro detenido detrás que usa un tacógrafo analógico, tiene varias infracciones en los últimos días. Se le impone una sanción, de carácter leve (100 euros) por conducir durante más de 4,5 horas sin descanso. «La gente no protesta. Este es un trato entre profesionales», resume el teniente.

Micael Lopes: «Los conductores españoles no abusan tanto de la velocidad»

En esta misma jornada, los agentes de la Guardia Civil de Tráfico de Verín realizan un control conjunto con sus compañeros de la Guarda Nacional Republicana (GNR) de Tránsito, de Portugal. Es un operativo que se realiza trimestralmente entre ambos cuerpos. Esta vez toca del lado de la raia portuguesa, cerca de Verín y en él participan agentes del destacamento verinense, del puesto de Chaves y el capitán del distrito de Vila Real.

Los agentes lusos controlan a los vehículos de su nacionalidad y los españoles, a los propios. En esa zona, los guardias civiles todavía tienen cobertura para conectar con la base de datos a través de su emisora. El capitán de la GNR de Tránsisto de Vila Real, Micael Lopes, afirma que estos controles conjuntos sirven para «cambiar experiencias».

Los agentes españoles han llevado ese día un vehículo con Rayos X que permite detectar si hay transporte de armas. El capitán Lopes manifiesta: «Los conductores españoles no abusan tanto de la velocidad, son de los más respetuosos».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Una relación entre profesionales