Una dulce apuesta por el rural

La hija volvió de Brasil para montar una explotación apícola como la de su madre


o barco / la voz

Eva Guerra no ha heredado el medio de vida de su madre. No en el sentido literal, aunque reconoce que haber vivido en contacto con el sector desde que era una niña la animó a decidirse. Y desde hace un año, Eva es apicultora profesional, como su madre.

La historia de María Isabel Pérez (la progenitora) con la miel y las abejas comenzó hace más de treinta años. La mujer, nacida en A Gudiña, se trasladó a Bembibre (Viana do Bolo) al casarse. Y allí decidió que la apicultura sería su modo de vida. «Gustábame vivir no rural e vin unha oportunidade de vivir disto», cuenta. Su suegro tenía colmenas, y le enseñó todo lo que sabía. «Era apicultor desde neno, e era unha persoa á que lle gustaba moito buscar cousas novas, así que sempre tiven o apoio del cando tiña un problema, porque formación no sector tiven pouca», reconoce. Cuenta que en aquellos años apenas había profesionales de la apicultura en Viana. «Todos os veciños tiñan dúas, tres ou catro colmeas para autoconsumo», dice.

María Isabel decidió que su producción no sería para abastecer su hogar, sino que la haría su medio de vida. Comenzó con 100 colmenas, para llegar a las más de 200 que tiene en la actualidad. «Antes era máis rentable, porque había moitas menos enfermidades, había catro estacións, que eu creo que agora hai dúas. Eran anos máis normais, non había estes períodos de seca tan largos, nin viñan as xeadas a destempo», relata la mujer, que siempre ha vendido su producción a terceros. En un año normal movía entre seis y siete toneladas, y cuatro o cinco en uno regular. «Este ano non recollín nin unha, parei nos 900 quilos e algo», ejemplifica la apicultora.

Asegura recordar años malos -«anos de pór a alza na colmea e quitala sen mel xa recordo algún»-, pero no como este. «Antes polo menos había abellas e tiñan mel para pasar o inverno, e este ano nin mel nin abellas, e moita varroa [un ácaro que se coloca encima de la abeja y le chupa la sangre]», apunta.

Dice que siempre ha tenido un salario gracias a la apicultura. Pero no este 2017. «O meu home traballa noutra cousa, e haberá que tirar de aí, porque isto non dá», reconoce.

Peor le han ido las cosas a la hija, que solo conoce los años bueno de la apicultura de oídas. Eva Guerra decidió hace dos años que quería volver a Viana. Estaba viviendo en Brasil después de una temporada en Londres y anhelaba regresar a casa. «Tes que tomar unha decisión, ou quedas fóra ou volver, e eu decidín volver», cuenta. Su pareja -un brasileño que conoció en Inglaterra- la apoyó y también se vino. Y el año pasado se incorporó a la apicultura. Conocía el sector por su madre. «Gustábame, parecíame unha boa forma de vida e adaptábase ao que eu quería», razona.

Temporadas tranquilas

Reconoce que es un trabajo de una intensa actividad en la temporada de recogida, pero que también permite tener unas vacaciones largas para poder viajar. Y además, cuenta con la ayuda inestimable de su madre, a cuyos consejos asegura que recurre cada vez que tiene una duda o un problema en su explotación. «Sempre traballei coma miña nai, e canto teño un problema tiro dela», resalta. Así que por ese lado está cubierta.

Eva Guerra ha llegado en un mal momento a la apicultura. La situación se ha puesto difícil justo después de su incorporación. «O ano pasado foi malo, porque choveu demasiado; e este aínda peor porque non choveu nada», cuenta. Y añade: «E claro, como sigan vindo anos como estes, haberá que pensalo».

Todavía le quedan cuatro años para remontar, porque las ayudas de incorporación a la actividad agraria le obliga a mantenerse en activo durante un lustro. Entiende que las ayudas están bien, pero cree que debería incluir también formación.

Ha empezado con 100 colmenas, de las que no ha obtenido producción este año. «Saquei uns núcleos, pero non desenvolveron, non chegaron a ser colmeas», explica. Además, debido a la sequía ha tenido algunas bajas y ha tenido que empezar a alimentar las colmenas. «E a pesar diso non sabemos se van sobrevivir. Aquí non tes nada asegurado despois da invernada», apunta.

Pese a todo, asegura estar contenta por la decisión que tomó. Quería vivir en el rural y apostó por ello. Y no se arrepiente. Pero tiene matices. «Hai momentos nos que pensas se isto vai ser rentable, se vai ser unha boa forma de vida», apunta. Porque claro, como reconoce, ella vivió en su casa los resultados de los años buenos. «O ano pasado xa foi desalentador, e este vai peor. Xa non é cuestión de arrepentirte ou non, é cuestión de que hai que vivir de algo...», dice.

La madre. La hija. Explotaciones diferentes.

quiénes son

La madre. María Isabel Pérez Sierra nació en A Gudiña hace 56 años y lleva más de treinta viviendo en Bembibre (en el Concello de Viana do Bolo). Hace tres décadas decidió dedicarse a la apicultura, sector al que llegó de mano de su suegro, que se había dedicado a la miel desde que era un niño.

La hija. Eva Guerra Pérez tiene 32 años. Toda su vida vivió en Bembibre hasta que le tocó marcharse a la universidad. Estudió Económicas en Santiago de Compostela, y durante un tiempo trabajó en banca. Con la crisis, le tocó emigrar. Primero pasó una temporada en Londres y después se fue a Brasil, el país de su pareja, con quien hace dos años tomó la decisión de volver a Viana do Bolo y apostar por el sector productivo que había mamado de su madre.

Explotaciones diferentes. María Isabel tiene más de 200 colmenas, repartidas en varios concellos de la zona. La explotación de la hija es más pequeña, ya que sigue con las 100 colmenas con las que empezó.

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