Stella Estrada: «Es necesario poner freno a expresiones que la sociedad ha naturalizado, como 'merienda de negros'»

OURENSE

Stella Estrada con su nuevo libro «Que Zulú»
Stella Estrada con su nuevo libro «Que Zulú» Miguel Villar

La bióloga y escritora publicó el ensayo ¡Qué Zulú!, en el que habla sobre el uso del idioma

15 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La bióloga y escritora Stella Estrada (Tumaco, Colombia, 1958) presenta este jueves en el Liceo (19.30 horas) su quinta publicación y primer ensayo, titulado ¡Qué Zulú!. La autora busca abrir un debate sobre expresiones cotidianas cargadas de prejuicios. «Pretendo que haya una reflexión sobre el uso del idioma y la conformación del lenguaje como resultado de una experiencia colectiva a lo largo de la historia», afirma.

—¿Qué circunstancias la motivaron a escribir el ensayo?

—La chispa inicial se remonta a mi llegada a España en 1982, con 24 años, para hacer mi tesis doctoral en el Instituto Cajal. Me recibieron maravillosamente bien, me sentí acogida con una generosidad y con un cariño total. Sin embargo, durante una pausa para tomar café, el director de mi tesis pronunció sin intención de ofender la frase ‘Eso al final resultó una merienda de negros’. Aquello supuso un impacto emocional profundo para mí, fue como si me hubiese dado un bofetón, porque esa expresión en mi vida la había escuchado. Inmediatamente respondí: ¿cómo que merienda de negros? ¿será merienda de blancos? Provocó las risas de los presentes, pero el episodio quedó grabado en mi memoria.

—¿De qué manera influyeron en este sentido sus vivencias laborales posteriores?

—Con el desarrollo de mi carrera como funcionaria y coordinadora de programas educativos, continué escuchando este tipo de expresiones. Recuerdo un episodio decisivo que aconteció en mi trabajo durante una reunión. La jefa de mi departamento justificó su postura exclamando que no pensaba trabajar como una negra para que viniesen otros a llevarse el reconocimiento. Ante este comentario, decidí intervenir directamente: «Una negra es una mujer como tú». La respuesta generó un silencio tenso, pero sirvió para reafirmar en mí la necesidad de poner freno a expresiones que la sociedad ha naturalizado.

—Y hubo más.

—El ensayo recopila cuatro vivencias clave. Una de las más recientes tuvo lugar durante el confinamiento por el covid -19. Mientras guardaba turno frente a un comercio de la calle Cádiz, un hombre mayor se apostó junto a su vehículo. Cuando una joven preguntó por el último turno, el hombre me señaló diciendo que él iba «detrás de la mulata». En ese instante, me giré para corregirle: «Detrás de la señora, lo de mulata sobra». El hombre reaccionó de manera inmediata disculpándose, una actitud que valoro en el libro como un ejemplo claro de que la ciudadanía puede tomar conciencia. Y finalmente, un día paseando se me cruzó un hombre a toda prisa y me golpeó. Yo iba con mi pareja, que enseguida dijo algo así como ‘¡Que zulú!’.

—¿Por qué considera que estas expresiones resultan dañinas pese a no decirse con mala intención?

—Considero que el lenguaje no es neutro, sino que arrastra el sufrimiento de generaciones pasadas. Desde la perspectiva de la epigenética, las heridas y el dolor experimentado por los antepasados perduran en las personas que nos sentimos aludidas. En mi caso, cada vez que escucho la frase «trabajar como un negro», mi mente evoca la imagen de mi padre, un destacado mecánico de barcos en Colombia que priorizó la honradez y la educación universitaria de sus cinco hijos. Comparar el trabajo duro con una condición racial me resulta injusto y denigrante.

—¿Qué papel desempeña la filosofía clásica en esta obra?

—Tras mi jubilación y la superación de etapas difíciles, como el duelo por el fallecimiento de mi esposo —quien reunió una biblioteca de más de cinco mil volúmenes—, decidí dar forma al manuscrito ayudándome de mis lecturas filosóficas. Acudo al pensamiento de Platón en La República para sostener la tesis central de mi libro: «La ciudad justa tiene las mismas necesidades materiales y los mismos fines éticos que un organismo humano». Concluyo que un país donde perviven expresiones que hieren a un sector de la población no puede considerarse sano ni justo. La educación es el pilar fundamental para transformar las conductas.

—¿Cómo estructuró el contenido de la obra?

—En ¡Qué Zulú! entrelazo las reflexiones de pensadores de la filosofía como Francis Bacon o John Locke con la narración de mis vivencias. Para finalizar, añadí un cuestionario con cinco preguntas planteadas a diversos amigos. A través de él, indago en si han utilizado estas frases, si eran conscientes del daño que provocaban y si estarían dispuestos a erradicarlas de su vocabulario.

—Antes de publicar el libro, quiso cotejarlo con otros pensadores.

—En la fase final de redacción, quise someter el texto a la valoración de profesionales para confirmar mis planteamientos. El manuscrito llegó al profesor de filosofía Avelino Muleiro. Tras una lectura detenida, el profesor Muleiro me trasladó su entusiasmo y me sugirió incorporar referencias que enriquecieron el resultado. Finalmente, Muleiro aceptó redactar el prólogo de este primer ensayo mío, aportando el respaldo definitivo a una obra con la que busco desterrar los prejuicios racistas presentes en el idioma.