Fue una de las jugadoras más destacadas del combinado español durante el torneo
07 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Algunas medallas pesan más que otras. Para Inés Sotelo (Ourense, 2006), el bronce conquistado este verano con la selección española en el EuroBasket Sub-20 de Lituania tiene el valor de un oro. No solo por el resultado, sino por todo lo que hubo detrás: años de concentraciones, compañeras con las que ha compartido distintas generaciones, un grupo especialmente unido y, en lo personal, un campeonato en el que la ourensana dio un paso adelante. «Siempre parece que, como somos España, si no ganamos no está tan bien, pero a mí la verdad que este bronce me supo a oro», reconoce Sotelo. «Fue precioso y no cambiaría nada de cada uno de los partidos», continúa.
España cayó en semifinales ante Francia, que acabaría proclamándose campeona, pero reaccionó con contundencia en el encuentro por el tercer puesto y derrotó a Bélgica por 81-59. Allí apareció la mejor versión de la ourensana, que firmó 21 puntos, cuatro rebotes y una asistencia y fue la jugadora más valorada del encuentro. Su actuación no fue un hecho aislado. Sotelo terminó el torneo como máxima anotadora y reboteadora de España, con 12,4 puntos y 6,4 rebotes por partido, y fue incluida en el quinteto ideal del campeonato. Sin embargo, cuando habla de sus números, Sotelo resta protagonismo a las estadísticas individuales. «Yo mientras jugaba la verdad que no sabía lo de las estadísticas ni nada», explica. Su prioridad era otra: «Si no metía, iba a defender; iba a hacer todo lo que podía para ayudar al equipo».
Ahí aparece una de las claves de su torneo. Sotelo destaca especialmente el trabajo de sus compañeras. «Yo soy una jugadora que mete bastante sin balón y, si no me lo hubieran pasado, tampoco habría anotado tantos puntos», señala. Por eso entiende sus números como «una representación del equipo».
Un grupo que fue creciendo
El camino hacia el bronce comenzó mucho antes de aterrizar en Lituania. La selección inició la preparación con un grupo más amplio en Calatayud y fue reduciendo la plantilla durante los torneos previos hasta llegar a las doce elegidas. Sotelo recuerda aquellos primeros entrenamientos como el punto de partida de un equipo que fue creciendo partido a partido. «Había muy buen rollo, muy buen ambiente. La gente se hablaba muy bien, todas nos corregíamos cosas y recibíamos las correcciones de las demás genial», relata.
Esa convivencia terminó trasladándose a la pista. España, explica, fue encontrando su mejor versión a medida que avanzaba la competición. «Aunque ya algunas nos conozcamos, también viene mucha gente nueva. Pero después, ya en el Europeo, fuimos a más. Nos entendíamos mejor, fuimos progresando», confiesa. La confianza colectiva también tuvo un efecto directo sobre los nervios. Inés, que asegura no ser una jugadora especialmente propensa a ponerse nerviosa, reconoce que sí sintió cierta tensión durante los dos primeros encuentros.
«A mí me daba igual si la de al lado fallaba, porque sabía que lo iba a luchar. Y a las demás les daba igual si yo la fallaba, simplemente me iban a animar a más», cuenta. En aquel vestuario no había miedo al error: «Si fallabas una, te decíamos que ibas a meter la siguiente». También guarda un recuerdo especialmente positivo del cuerpo técnico. «Este staff que teníamos este año la verdad que nos ayudó muchísimo a llegar a donde llegamos», afirma.
Más libertad para tirar
El Europeo también permitió ver una versión diferente de Inés Sotelo. La ala-pívot ourensana se sintió especialmente cómoda lanzando desde fuera y considera que su confianza en el tiro de tres ha sido una de las grandes evoluciones de este campeonato. «Me sentía muchísimo más a gusto, sobre todo de triples», explica. En Michigan State, donde disputó las dos últimas temporadas, su papel había estado más orientado a la defensa y al rebote. La selección le ofreció un escenario diferente. «Aquí me decían: “Si la tiras, la vas a meter”. Entonces tú tiras con una confianza que dices: “Es que la voy a meter”», relata.
Para Sotelo, esa libertad es fundamental: «Si te meten en una caja y te dicen que solo puedes hacer una cosa, te pueden cortar mucho las alas». En cambio, destaca que los entrenadores de España confiaron en que pudiera jugar «como a mí me gusta». Una confianza que no pasó desapercibida al otro lado del Atlántico. El Europeo sirvió también como escaparate para la siguiente etapa de la carrera de la ourensana. Tras dos temporadas en Michigan State, Sotelo se incorporará a Stanford, donde será la primera jugadora española de la historia del programa. Y el nuevo equipo pudo comprobar precisamente durante el campeonato que la jugadora tiene más recursos de los que había mostrado en Estados Unidos.
«Los entrenadores de Stanford se quedaron muy sorprendidos con cómo jugué con la selección», cuenta. Allí la habían visto principalmente en un rol defensivo y de rebote, pero su actuación con España les permitió descubrir otra faceta de su juego: «Ven que tengo muchísimo más para dar de lo que sabían». El cambio será importante: nueva universidad, nuevo estado, nuevas compañeras y una nueva competición. Pero Sotelo afronta el salto con ilusión. «Tengo muchas ganas de ir allí a conocer todo, porque es un sitio nuevo». El viaje está marcado: el 1 de septiembre.
«Estoy un poco nerviosa porque, al final, siempre que cambias de sitio, vas a otro equipo, a otro país, a otro estado, pues un poco sí que estás», reconoce. Pero pesa más la curiosidad que el miedo: «Lo que más tengo son ganas de conocer a todo el mundo y de ver cómo juegan allí y de encontrar mis oportunidades».
Una jugadora sin límites
Si una idea tiene clara Inés Sotelo es que no quiere estar encasillada en una posición ni en una única función dentro de la pista. En Europa se siente especialmente cómoda con un baloncesto dinámico, en el que las posiciones pueden difuminarse y las jugadoras tienen libertad para hacer diferentes cosas. En Estados Unidos percibe un juego «más individual» y, en ocasiones, más definido por las posiciones. «Aquí cuanto más polivalente seas y más cosas sepas hacer, pues es mejor», sostiene.
Y ella se identifica precisamente con esa versatilidad. «Desde siempre me siento más cómoda haciendo de todo lo que pueda hacer, todo lo que sepa hacer», comenta. Su mejor baloncesto, dice, aparece cuando no tiene que pensar demasiado en las etiquetas: «Ayudo más cuando estoy jugando así, sin pensar, y me salen las cosas que hago».