Los diez acusados de comprar móviles robados en Ourense quedan libres de cargos tras doce años de causa judicial

Marta Vázquez Fernández
M. Vázquez OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Cinco de los once acusados en la causa acudieron a la sala de vistas del penal dos de Ourense
Cinco de los once acusados en la causa acudieron a la sala de vistas del penal dos de Ourense MIGUEL VILLAR

La magistrada condena al hombre que sustrajo 76 terminales de una tienda Vodafone de Ourense en abril del año 2014

14 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El que seguramente era el caso judicial más antiguo del tribunal de instancia de Ourense ya tiene sentencia. La magistrada de la plaza dos de la sección penal ha condenado al hombre que los días 2 y 8 de abril del año 2014 entró a robar en una tienda Vodafone de la ciudad y se llevó 76 terminales. Le impone nueve meses de cárcel por un delito de robo con violencia, una pena que queda lejos de los cinco años de prisión que se habían pedido inicialmente para él porque el tiempo transcurrido en esta causa, doce años, justifica con creces que se le haya aplicado una circunstancia atenuante de dilaciones indebidas. Este sospechoso, Luis Miguel S. M., apodado el Portugués, ya admitió en la vista haber sido el ladrón de los móviles, valorados en casi 20.000 euros. Los agentes de la Policía Nacional que hicieron la inspección ocular en el lugar de los hechos encontraron restos de su sangre; además, pesaba en su contra la imputación que hizo su propia tía. Esta última entregó una mochila con varios de los teléfonos sustraídos en la tienda ourensana, por lo que el acusado optó por no negar los hechos en el juicio, celebrado hace dos semanas, y quedó además obligado a indemnizar con 17.975 euros a los propietarios del establecimiento perjudicado.

Eso sí, la historia no ha tenido el mismo final para el resto de implicados en esta causa, que no solo era vetusta, sino también compleja por el alto número de personas investigadas. Llegó a haber doce, si bien uno falleció y a otro se le perdió la pista, por lo que fueron juzgados finalmente diez acusados a los que se atribuía un delito de receptación. Se sospechaba que habían adquirido los dispositivos a sabiendas de que eran robados, ya que no se podía explicar otro origen para teléfonos de última generación en aquellas fechas, cuando se vendían por 50 o 60 euros o se cambiaban por ropa, bicicletas o tatuajes. La magistrada, sin embargo, cree que las pruebas que se recabaron en su contra eran suficientes para denunciarlos en su momento, pero no para condenarlos ahora.

Uno de los principales indicios era que varios de ellos habían insertado sus tarjetas SIM en algunos de los aparatos que figuraban como robados. «Es preciso en ese caso que se lleve a cabo alguna actividad probatoria adicional que permita descartar que se trató de una mera inserción puntual de la tarjeta», sostiene la sentencia. Recuerda la magistrada que uno de los investigados dijo desde el primer momento que usó un teléfono unos minutos para hacer una prueba, si bien nunca llegó a comprarlo. Además, la togada advierte que la titular del establecimiento reconoció en la vista que algunos de los teléfonos móviles robados eran de préstamo o estaban en reparación. «Sería preciso que se concretase cuáles ya tenían un valor considerablemente inferior al de mercado por estar usados», observa.

«En relación con los que han alegado que adquirieron esos dispositivos en mercadillos, resultaría también difícil aseverar que tendría que representarse como altamente probable el origen ilícito», añade la magistrada, que también ha tenido en cuenta lo alegado por las defensas, relativo a que en aquellos tiempos no era raro que las empresas de telefonía regalasen terminales para fidelizar a los clientes. «Con base en todo lo expuesto es por lo que, en relación con estos acusados, entendemos que procede un pronunciamiento absolutorio», concluye la ponente, lo que da carpetazo a este largo asunto.