Estos bailarines llevan el arte contemporáneo al rural de Ourense: «Nos debemos a nuestro entorno»
OURENSE
Los premiados Maruxa Salas y Erick Jiménez organizan iniciativas artísticas en diferentes aldeas a través del proyecto Tecedora
25 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El arte de la ourensana Maruxa y el costarricense Erick viajó por todo el mundo. Fueron bailarines protagonistas, coreógrafos o productores culturales. Esa trayectoria, tanto juntos como separados, les otorgó decenas de premios y reconocimientos. Lo internacional nunca les hizo perder el vínculo con Ourense. Organizan desde hace años festivales de danza en la ciudad. Y este foco local es en el que quieren centrarse, llegando a las poblaciones más pequeñas de la provincia. Este año están desarrollando el proyecto Tecedora, que lleva el arte contemporáneo hasta las aldeas del rural. «Asumimos una responsabilidad con nuestro contexto y queremos activarlo», defiende Maruxa.
El proyecto, que cuenta con el apoyo económico de la Agencia Galega das Industrias Culturais y del Ministerio de Cultura, lo realizan a través de SóLODOS. Es una compañía que fundaron en el 2010 a través de la que realizan actuaciones, gestionan festivales de danza, coreografían... Su actividad se divide cada mitad de año entre España y Costa Rica, aunque trabajan por más países. «Ahora hemos puesto más atención a llevar actividades a espacios donde normalmente no suceden, o muy pocas veces», explica Maruxa. Eso se tradujo en un programa cultural de abril a agosto en pueblos de Ourense y Lugo. Diseñan iniciativas de diferentes disciplinas artísticas para las que traen a artistas tanto locales como foráneos. Así, las aldeas con poca población pueden disfrutar del arte contemporáneo como si estuviesen en una gran ciudad. «Como artistas nos debemos a nuestro entorno, tenemos un compromiso», defiende Erick.
Organizan actividades innovadoras como «Lentes para imaxinar», que será en A Penalba, en Nogueira de Ramuín el domingo 14 de junio. Una compañía de renombre de Madrid, Larumbe Danza, convertirá a la asociación de vecinos en «un espacio escénico increíble» con dispositivos tecnológicos, 3D y proyecciones. También, el 12 de agosto coincidiendo con el eclipse total, llevarán un disyóquey al claustro de Santa María de Melón. El artista John Axion acompañará la observación de perseidas.
Mezclan el arte con la etnografía porque una de sus máximas es ayudar a conservar el «patrimonio inmaterial». Así, por ejemplo, trajeron al coreógrafo Quique Peón a hablar con los vecinos de Armariz, en Nogueira de Ramuín, a los que les contó cómo fue recogiendo la danza y la música de pueblo en pueblo. Los asistentes intercambiaron con él lo que habían aprendido de sus antepasados. «Una plataforma como es la danza contemporánea, de repente se diversifica y abarca muchos más aspectos», cuenta Maruxa.
La repercusión del proyecto Tecedora no aspira a ser solo artística, sino también social. Las obras generan una inercia que pone en movimiento a otros puestos laborales, artistas o intereses. «Van surgiendo actividades relacionadas a ese empuje que hemos propiciado, no solo estamos nosotros sino que aparecen más proyectos», asegura Erick. Activan a negocios, técnicos, fotógrafos, empleados municipales, asociaciones... «Por eso la danza no es solo la parte estética sino que se relaciona con el entorno», añade. La industria escénica arrastra a todo lo demás. Maruxa confiesa que eso es precisamente lo que más le gusta de este proyecto. Con Tecedora, están consolidando su deseo de dejar huella a su alrededor. El compromiso se deja notar en la programación. Tienen una definida línea medioambiental, de especial relevancia por suceder en el rural. Junto a personal de Protección Civil ofrecieron charlas a asociaciones vecinales sobre qué cosas pueden tener en su casa para prevenir incendios como los que asolaron la provincia el verano pasado. También trataron el tema de los residuos, explicando cómo clasificarlos. «Organizamos experiencias que no entran en un teatro, podemos aprovechar un espacio mucho más grande», dice Erick.
Repiten anualmente el festival Danza no Claustro
Durante los seis meses que la pareja reside en Ourense, realizan anualmente diferentes iniciativas que ahora compaginan con el proyecto Tecedora. Mientras mantienen su agenda de trabajo en Madrid o Barcelona. Una de las citas será en verano el festival Danza no Claustro, en el que ofrecen propuestas escénicas para destacar patrimonio arquitectónico. Se inició en el 2013 en el Claustro de San Francisco, pero se extiende al de Xunqueira de Espadanedo, Santa María de Melón y Santo Estevo de Ribas de Sil. Este proyecto ya era una muestra de su intención por llevar la cultura contemporánea al rural. «Nuestro trabajo tiene más sentido así que bailando en Berlín», defiende Erick.
Un punto importante es que en la ciudad llevan a escolares de diferentes colegios. «Hemos ido preparando público para que cuando sean mayores no sea algo que les quede súper ajeno», defiende Maruxa. Las artes para ellos son un pilar fundamental en la educación y por eso intentan llevar sus espectáculos a los más pequeños.