El «art brut» como insurrección contra el orden simbólico

tareixa taboada

OURENSE

Exposición «Al Cubo», de art brut, en el centro cultural Marcos Valcárcel
Exposición «Al Cubo», de art brut, en el centro cultural Marcos Valcárcel miguel villar

El centro cultural Marcos Valcárcel presenta la exposición «Al Cubo»

27 abr 2026 . Actualizado a las 20:09 h.

«Hay que llevar en sí un caos para dar a luz una estrella danzante». Nietzsche.

Tres instituciones colaboran con intención de darle consistencia y continuidad al apasionante proyecto de art brut Al Cubo, en su segunda edición. Este año, el hospital psiquiátrico de Piñor en Ourense, que desarrolla desde hace años la iniciativa de libre creación ArtEspida utilizando el arte para la investigación de los efectos del proceso creativo en personas con sufrimiento psíquico, proponiendo espacios de creación, colaboración e intercambio de ideas, orientado por el psicoanálisis, se convierte en anfitrión de las otras instituciones participantes.

Andar de Nones, de Zaragoza, apoya el talento artístico de personas con diversidad psíquica, ofreciendo los medios humanos y materiales para crear un espacio de inclusión para estrechar el lazo social y la expresión y consolidación de los procesos creativos. Son magnéticas y valientes en colorido, ingenuidad y gestualidad las obras de Beatriz López Matute: Robot, Nuria Asenjo y Silvia Roche: Mi niña bonita, Pilar Beamonte y Enmanuel Alegría.

Alpha Cultures, del Hospital de Cadillac-Burdeos, propone una iniciativa artística que sitúa la creación en el centro de los cuidados de niños y adolescentes acogidos en hospitales de día que convierten al arte en espacio de libertad y expresión, encuentro y valorización personal. En la exposición podemos descubrir las obras efervescentes de Cire, Mon ami d`enfance, Ikar, Mickaël 41, inspirado en el cine de terror Jason partie 4, Halloween, del Hospital Ile Verte. Las de A.16, Parc d`ttractions avec tobogán, ChilJapanza y ECL texto y fotografía La familia de Kill Kill, del Hospital de Podensac. Finalmente, de los centros franceses, las de Siobhane, Poolrooms; Louane, La mamam et ses bébés; A.N, C.C35, L`encre déborde; y MVK Circuit, de Demi Lune.

Cabe destacar las creaciones de Ana Peaguda Yes, we Lacan, inspirada en Yayoi Kusama; La niña de la Perla, de Francisco Javier Álvarez, Hera Cardeiro y Crazy de Art Espida; así como El gato cósmico de Enol Blanco y la escultura colectiva Home de Moebius. Mirada, realizada con alambre, PVC y cuerda policromada. Hay que añadir un homenaje a Robe de Extremoduro, de Martín Giménez; Ola de guerra, de Ana Moros de la Fuente; El monstruo de la caca, de Yahdih Brahim Abdala; el extraordinario mural colectivo Trampantojo en 2D de obradoiro art Espida, con los artistas invitados Valerie, Lis, Simón, Guti y Julio. La poesía de Hera Cardeiro, también su máscara de acrílico y abalorios, y la instalación Meu mundo forman parte de la muestra. Asimismo, se puede disfrutar de Samanta, de Samanta Carolina Gómez Mora; de Triquillo Amoroso, de Manuel Cereza; de Soledad, de Cristina N. y del expresionismo gestual de Emilio Atrio; además de las obras de Ana Elena Castuera, Amor, Raquel Palazón, María Pilar Rey, Lola Tuero, David Delgado, Carlos Gutiérrez, Adil Moreno que, entre otros, hacen posible esta explosión alternativa de energía, creación y verdad.

El art brut constituye un posicionamiento auténtico frente al acto creador. El término, acuñado por Jean Dubuffet en 1945, designa aquellas producciones nacidas «fuera de la cultura artística», realizadas por individuos ajenos a las academias, a los circuitos de legitimación, un arte que no solo carece de mediación cultural sino que hace de esa carencia su fundamento estético y ético. Dubuffet, con radicalidad iconoclasta, afirmaba: «La belleza es pura secreción de la cultura», que condensa una crítica feroz al canon occidental.

Lo esencial no es la condición del creador, sino la ausencia de contaminación simbólica, esa pureza que Dubuffet consideraba imposible dentro del arte institucionalizado como Artaud, quien concebía el arte como un grito anterior al lenguaje, una sacudida del cuerpo más que una construcción intelectual.

Para Blanchot, el arte auténtico no comunica: interrumpe. El art brut no hace visible un mundo exterior, sino el territorio psíquico anterior a la representación. De ahí su proximidad con ciertas formas de automatismo surrealista. Encarna esa suerte de grafía originaria en el sentido que Derrida atribuye a la escritura como huella primaria: no un signo que remite a otra cosa, sino una marca que se afirma en su pura presencia a través de una semiología salvaje, en la que la línea, el color y la forma operan como intensidades antes que como significantes, produciendo bloques de sensación, redes de colaboración, creación y libertad. AL3 es prueba de ello.