Raquel Rivera, la ourensana que dirige el Real Teatro de Retiro: «El derecho de la cultura me cambió la vida»
OURENSE
La violinista y gestora cultural coordina la programación para público infantil, juvenil y familiar, tras su paso por Staatsoper de Berlín y la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid
01 may 2026 . Actualizado a las 10:18 h.«Si tienes el terreno abonado, vas encontrando tu camino». Esta frase de Raquel Rivera Rodríguez (Ourense, 1976) es el fiel reflejo de su devenir profesional. Actualmente dirige el Real Teatro de Retiro, un enclave cultural dedicado al público infantil, juvenil y familiar, fruto de la colaboración entre el Teatro Real y el Ayuntamiento de Madrid.
La pasión de Raquel por el arte germinó en el seno de una familia numerosa donde la música era el centro de gravedad. Nieta de la pianista Mariluz Rodríguez —quien se formó con el prestigioso José Cubiles— y hermana de la también pianista Maribel Rivera Rodríguez, creció en un ambiente donde, señala, igual de natural era escuchar a David Bowie o Frank Zappa que a Mahler o Bach. «Yo ya tenía claro desde el inicio que lo mío era la cultura y el arte», recuerda.
Esa educación musical, heterogénea y rica, marcó sus inicios en el Conservatorio de Ourense, donde formó parte de una generación de intérpretes brillantes muy estimulados por la creación de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Decidida a dedicarse a la creación, se trasladó a Madrid con solo 17 años para realizar el grado profesional de violín y, posteriormente, terminó la carrera superior en Sevilla. No obstante, siempre mantuvo la inquietud de estudiar Derecho, una formación que años más tarde resultaría providencial para su faceta administrativa.
Un punto de inflexión fundamental en su carrera fueron los dos años que pasó becada en la Real Academia de España en Roma (2002-2004), una experiencia creativa y de interconexión que la marcó de por vida. De hecho, recuerda regresar en coche desde Italia a España y romper a llorar. «La vuelta de Roma a Madrid fue pasar del verso a la prosa», afirma, sufriendo un Stendhal inverso tras haber habitado una ciudad que es pura inspiración.
Su primer trabajo llegó como violinista de refuerzo en la Orquesta Nacional de España, pero Raquel seguía buscando su lenguaje artístico. En 2006, tras un breve paso como profesora interina en Santiago de Compostela, se integró en una comitiva de mujeres artistas por la paz que la llevó de Galicia a Jordania y, finalmente, a Jerusalén para ofrecer un concierto en Palestina. Poco después, se mudó a Berlín ya que su marido ganó la prestigiosa beca Humboldt para enseñar e investigar en Alemania. Allí, Raquel Rivera aprendió el idioma desde cero, fundó el Festival de Artes Sonoras Hispano-Alemanas (Fase) y fue docente en la Musikschule Reinickendorf, una de las escuelas públicas de música de la ciudad, antes de retornar a la capital española. «Siempre estaba buscando cómo desarrollarme, sin sentir que había llegado a puerto», subraya.
Convertida en madre de familia numerosa —tiene tres hijas—, Rivera Rodríguez aprovechó las bajas maternales para dar un giro a su perfil profesional, especializándose en Derecho de la Cultura en la Universidad Carlos III. Estaba convencida de que el marco jurídico es necesario para poder administrar con sentido. «El derecho de la cultura me cambió la vida», señala. Así, tras trabajar en el bufete especializado de Patricia Gabeiras y poner en marcha allí El Aula —un lugar para el encuentro entre las administraciones públicas, la academia y los juristas para las prácticas en cultura—, asumió la dirección gerencial de la Fundación Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Orcam), una etapa de retos directivos donde comprendió que liderar equipos requiere ideas claras y vocación de servicio. En todo este tiempo, subraya, no abandonó su pasión: el violín, realizado giras de conciertos de música de cámara o como solista, en algunas ocasiones junto a su hermana Maribel.
Los responsables del Teatro Real, Gregorio Marañón y Joan Matabosch, la llamaron hace tres años para liderar el Real Teatro de Retiro en el Centro Cultural Daoíz y Velarde, una joya arquitectónica del siglo XIX rehabilitada por Rafael de la Hoz. La conocían por su faceta en la Orcam. Era 2023 y Raquel tuvo claro que coordinar este centro resultaba imprescindible para formar nuevos públicos y acercar la ópera a la ciudadanía. «Cuando uno tiene vocación de servicio público, no va a pasarlo bien, va a trabajar», señala.
Desde esta plataforma ha puesto en marcha y encabeza una programación muy ambiciosa que incluye el ciclo Real Júnior, donde conviven géneros como la danza, el cine mudo con música en vivo y la lírica. Además, el proyecto cuenta con el apartado Te Suena, capitaneado por el pedagogo musical Fernando Palacios, que ofrece talleres de mediación vinculados a las funciones para que los asistentes se familiaricen con los títulos antes de verlos. Consciente de las necesidades de los hogares, Rivera Rodríguez impulsó también Mini Clásica, donde los bebés son bienvenidos en un formato de alfombra cómodo para padres e hijos; y finalmente el ciclo Real en Pantalla, que permite a los mayores disfrutar de las grandes producciones del Teatro Real por solo tres euros, con coloquios incluidos.
Con un equipo de 30 personas y la mirada puesta en la sostenibilidad del género, Raquel siente que este proyecto es solo el inicio de una senda social y educativa que completa tanto su pasión musical como su vocación de servicio y su amor por la cultura.