El entroido de Xinzo convive con tráilers en la N-525 y tractores en la autovía
OURENSE
La villa limiana vive los días grandes de la fiesta con mucho tráfico y buen humor
15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Peatones disfrazados de bomberos, rastafaris, vaqueros, pulpeiras o africanas que hacen trenzas cruzan por el paso que está enfrente de la plaza Mayor de Xinzo. Quienes dirigen la circulación son un grupo de guardias municipales, también disfrazados, que dan fluidez a un tráfico intenso, pese a que es sábado por la tarde.
La travesía de la N-525, la antigua carretera de Madrid, ha vuelto atrás el tiempo, como si fueran los años noventa del siglo pasado, antes de que existiera la autovía A-52. El bloqueo por la protesta del sector primario mantiene cortada el segmento de la vía de alta capacidad entre las dos salidas de Xinzo (del pk 193 al 188), en ambos sentidos. La nacional vuelve a estar, como hace tres décadas, llena de coches y camiones que se tienen que desviar por el centro de la villa y atravesarla longitudinalmente hasta poder coger de nuevo la autovía. El trayecto puede llevar hasta veinte minutos. El cóctel del corte de la autovía, más las obras que se están ejecutando en la travesía antelana y el aumento de tráfico por el carnaval, provoca que no paren de pasar vehículos en ningún momento. En sentido Madrid, la circulación es lenta. Hacia Ourense es más fluida. Los semáforos permanecen en ámbar en todo momento. Y menos mal que dejó de llover.
El entroido de Xinzo no vive ajeno a la situación. El sábado de carnaval, uno de los días grandes de la fiesta, llenó de disfraces, de música y de humor las calles de la villa. Sin embargo, hay quien aprecia que hay mucha menos gente que en otras ediciones. «Es el peor entroido en quince años», dice un hostelero. Lo achaca al mal tiempo —este sábado es el primer día, en semanas, sin lluvia y alrededor de Xinzo los campos están inundados— y a que la nacional está abierta al tráfico, por lo que no pasan por allí las charangas y la gente se queda en las calles de la zona vieja. De repente, aparece un grupo musical en la explanada de la estación de autobuses y, detrás, unas 200 personas bailando y cantando.
—Al final, vino una charanga
—La llamé yo —dice el hostelero.
En el numeroso grupo hay familias con niños pequeños, mayores y jóvenes. Los carritos del supermercado se han customizado de entroido y sirven para transportar a infantes y también a algún adulto. Una mujer anota: «Non notamos diferenza ningunha neste entroido a causa do tráfico. Hai moita xente agora a tarde e tamén a houbo a mañá. Nós estamos con eles» (en referencia a los tractoristas que se manifiestan).
Hay como un autogobierno en el entroido de Xinzo. Tranquilidad en medio de la troula. Los falsos policías se meten en su papel toda la tarde y transeúntes y conductores obedecen. Una cinta limita la entrada a una de las calles aledañas de la plaza Mayor. «Saen dous, entran dous», dice con tranquilidad la controladora. No hay colas. Este sábado, 14 de febrero, era el día de los enamorados y algunos grupos llevaban trajes llenos de corazones. Al doblar la plaza Mayor a la derecha suenan petardos. Proceden de un tanque con la bandera de Estados Unidos. Trump y una mesa electoral han estado presentes en la fiesta. También Bad Bunny, con una réplica de su modelo beis de Zara y el dorsal 64 que lució el cantante puertorriqueño en la Super Bowl. En una esquina, un gallinero denominado Villa Gallina alude con humor al confinamiento aviar.
Al palco de la plaza Mayor suben dos grupos a cantar coplas satíricas, si bien el concurso de canción humorística se suspendió por falta de suficientes inscritos. El primer grupo imita a una juerga flamenca que concluye pidiendo: «Amador (por el alcalde), racha a camisa e trae a Panorama». Otro se dirige al concejal de Festejos y corea: «Medo me da que o entroido de Xinzo remate en carnaval».