Paquita, la figura del entroido de Seixalbo que estuvo oculta durante la Guerra Civil

Cándida Andaluz Corujo
C. Andaluz OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Juan Cid muestra la figura de Paquita y Nicanor
Juan Cid muestra la figura de Paquita y Nicanor MIGUEL VILLAR

Apareció en el 1952 tras permanecer escondida ente los muros de una casa

13 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Paquita es el personaje más antiguo y simbólico del entroido de Seixalbo. Su origen se remonta, según la tradición oral, a hace más de un siglo, aunque no existe documentación escrita anterior a mediados del XX. Así lo explica Juan Cid, vecino de Seixalbo y entroideiro maior, vinculado desde siempre a la celebración, que conoce la historia y la evolución de la figuras festivas de la localidad. Paquita forma parte de una pareja de muñecos, junto a Nicanor, que representa una forma de protesta popular. Según Cid, estas efigies surgieron cuando emigrantes procedentes de Xinzo, Verín y Laza se asentaron en Seixalbo y comenzaron a conformar la identidad de la parroquia. Aunque no se puede concretar una fecha exacta, se estima que la figura puede tener unos 150 años.

Durante la Guerra Civil, se ocultaron para evitar su destrucción. Y en 1952, Paquita fue encontrada en una vivienda del núcleo antiguo de Seixalbo, oculta en un hueco de un muro y envuelta entre mantas, de forma similar a como se escondían otros símbolos en aquella época. La parte masculina de la pareja, Nicanor, no apareció, por lo que posteriormente se decidió rehacerla para recomponer el conjunto original. Juan Cid señala que el nombre de Paquita ya existía antes de su hallazgo y que se desconoce su origen exacto, aunque no descarta que esté vinculado a alguna persona concreta de los siglos XVIII o XIX. A pesar de la falta de documentación, la comunidad tuvo claro que se trataba de los muñecos tradicionales del entroido de Seixalbo y actuó en consecuencia para recuperarlos. Las figuras salieron en los festejos durante décadas y participaron activamente en el entroido hasta el año 2010. A partir de ese momento, decidieron retirarlas para preservarlas, teniendo en cuenta tres principios que, según Juan Cid, definen el entroido: sentimiento, diversión y respeto. Desde entonces, los originales se conservan y se utilizan réplicas para las celebraciones.

El afecto de los vecinos por Paquita y su pareja está ligado a la memoria colectiva de este núcleo histórico de la ciudad, al paso de generaciones y al valor simbólico de los muñecos, que representan reivindicaciones de la comunidad, como la necesidad de infraestructuras o el descontento frente a los poderes establecidos. Actualmente, las figuras originales se encuentran en el local social de la asociación vecinal de Seixalbo.

Durante el entroido, las réplicas de Paquita y Nicanor se exponen en la plaza y forman parte del día a día festivo. El pueblo también cuenta con murales y elementos visibles durante todo el año que integran estas figuras en el paisaje urbano, como si fueran un vecino más. Es una herencia cultural que saben que debe conservarse y respetarse, un símbolo que conecta el presente del entroido con la historia y la identidad de Seixalbo.