«Los puteros deben ser considerados agresores sexuales. Pagan por violar»

Fina Ulloa
fina Ulloa OURENSE / LA VOZ

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María Pedreda

Un curso de la UNED forma a profesionales para que puedan ayudar a las mujeres que ejercen la prostitución a salir de esa situación de explotación

21 nov 2022 . Actualizado a las 21:49 h.

La prostitución sigue siendo un negocio en auge que mueve miles de millones de euros en todo el mundo y, pese a las reiteradas evidencias de su vinculación con delitos como el de la trata de personas y las denuncias de organizaciones sobre la violación sistemática de los derechos humanos que sufren quienes la practican, continúa creciendo. Su rostro es indiscutiblemente femenino. Las cifras que se aportaron en el curso de la UNED que se inició este fin de semana en Celanova y que tendrá continuidad los días 25 y 26 de noviembre, son contundentes: el 90 % de las personas prostituidas son mujeres y niñas; el 98 % de quienes consumen prostitución son hombres y, según algunos estudios, casi la mitad de los varones españoles (en concreto el 40 %) pagan por acceder a mujeres que están siendo explotadas sexualmente. «El sistema prostitucional se ha convertido, junto con la pornografía, en una industria de la explotación sexual. Y existe porque hay demanda: los puteros, hombres que pagan por violar a mujeres», dice Yerma González, psicóloga forense e integrante de la asociación feminista Falando Nós que se encarga de desarrollar tres de las cuatro jornadas en las que se divide el curso. «Los puteros deben ser considerados agresores sexuales porque la prostitución representa una exposición politraumatizante. Están representadas todas las formas de violencia contra la mujer: la física, la sexual, la psicológica, la social y la económica», asegura.

El curso persigue concienciar pero también formar a los profesionales que pueden ayudar a las mujeres a salir de esa situación. Una tarea nada sencilla porque se enfrentan a todo el poder del entramado de esa industria del sexo y también a un vacío legal.

Para Yerma González el Gobierno español debería aprobar una ley integral abolicionista donde las mujeres prostituidas sean reconocidas como víctimas de violencia machista. «Solo desde un enfoque centrado en los derechos humanos o abolicionista se reducirán los riesgos de las mujeres y niñas y se les ofrecerán alternativas reales», asegura.

Hay países europeos que ya tienen normativa. Suecia fue pionera en aprobar una ley de estas características en 1999. Otros estados, como Holanda o Alemania, se inclinaron por regular la prostitución, una opción que, según explica la psicóloga forense, no ha dado resultado. «Tal y como pronosticaba el feminismo, y según reflejan diversos estudios, la situación de las mujeres y niñas prostituidas ha empeorado significativamente. Se ha incrementado el uso de la violencia sobre ellas. El Ministerio de Justicia de Holanda ha llegado a afirmar que la prostitución perpetúa la explotación sexual», apunta.

La legalización o ilegalización fue uno de los asuntos abordados en la primera jornada del curso por la abogada experta en violencia de género Alejandra Fernández que también habló sobre la penalización al usuario. Por su parte el guardia civil Aser Moreiro, del equipo de Mujer y Menor de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial ofreció también el viernes la visión de quienes persiguen desde ese cuerpo el delito de trata de personas, masivamente vinculado en nuestro país precisamente a la prostitución.

Yerma González Hevia es ponente en tres de las jornadas en las que se divide el curso
Yerma González Hevia es ponente en tres de las jornadas en las que se divide el curso Santi M. Amil

Por su parte Yerma González se centró en los aspectos que rodean a quienes acaban en esta actividad, como la desigualdad y la pobreza, desterrando conceptos que a menudo se utilizan para tranquilizar la conciencia social, como que quienes ejercen lo hacen por propia voluntad. «La prostitución nada tiene que ver con la libre elección cuando has sido abusada desde la infancia, cuando vives en un país donde ser mujer equivale a ausencia de derechos, cuando creces en un lugar empobrecido y sin opciones de futuro e inicias un proceso de emigración a riesgo de perder la vida, en el que eres agredida sexualmente y torturada, cuando tienes menores a cargo y no dispones de recursos económicos... Esa es la realidad de las mujeres prostituidas: dolor, pobreza, vulnerabilidad y supervivencia», afirma.

Otra de las cuestiones que aclaró la psicóloga es que el fondo de problema se mantiene históricamente por mucho que cambien las formas. «La prostitución es el escenario donde se reproducen y se perpetúan la violencia machista en su máxima expresión», dice. Y un ejemplo de que pese al teórico avance social la situación de estas mujeres no mejora es la incidencia del mundo de internet. «Las nuevas tecnologías han venido a incrementar el riesgo para las mujeres en situación de prostitución al abrir nuevos contextos, la mayor parte ocultos, al mismo tiempo que las ganancias de los proxenetas se ven incrementadas exponencialmente», apunta.

La pornografía, el primer paso hacia el uso de violencia sexual al que se accede con 8 años

La relación entre prostitución y pornografía, como dos caras de la misma moneda, también fue analizado en la segunda jornada del curso. Los últimos datos sobre la edad a la que los menores acceden a este tipo de contenidos son más que preocupantes. «La media es de ocho años», dice Yerma González, que dirigió esa temática y apunta que la pornografía es la pedagogía de la crueldad. «Lanza mensajes continuamente a los hombres para que se identifiquen con los mandatos patriarcales», dice. Recuerda que uno de los vídeos más reproducidos, con 75 millones de visualizaciones, pertenece a una violación grupal. «El esquema de la mujer objeto se perpetúa en esos contenidos en los que lo importante es el placer del hombre», dice. Señala que en este tipo de contenidos el consentimiento de la mujer es irrelevante. «Está deshumanizada, se limita a ser un cuerpo con agujeros», dice. La psicóloga hecha en falta una educación afectiva y sexual que sirva realmente para transformar la sociedad. A falta de esa herramienta, la infancia y adolescencia accede y consume contenido pornográfico sin tener capacidad crítica y en base a eso construye sus expectativas. «La pornografía tiene mucho de violencia y nada de sexo. Va de invisibilizar la violencia sexual, de erotizarla y sobre todo va del ejercicio de poder masculino», concluye.