La familia de Valentín Lamas Carvajal salva el panteón de San Francisco

Cándida Andaluz Corujo
cándida andaluz OURENSE / LA VOZ

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Ana Malingre, en el panteón de Valentín Lamas Carvajal
Ana Malingre, en el panteón de Valentín Lamas Carvajal Santi M. Amil

La falta de mantenimiento pone en peligro construcciones funerarias

01 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El panteón donde descansan los restos de Valentín Lamas Carvajal, su esposa Amalia Rosina Sánchez y otros miembros de la familia, obra de Vázquez Gulías, acaba de rehabilitarse. Una conservación preventiva, como dice Ana Malingre, tataranieta del poeta y periodista ourensano. Los descendientes de seis generaciones han sufragado unos trabajos sin los que el mausoleo acabaría por convertirse en una ruina, como sucede con otros que se encuentran en el cementerio de San Francisco, declarado Bien de Interés Cultural, castigados por la humedad y comidos por las hiedras que saltan los muros desde los terrenos que ocupaba el acuartelamiento militar. La falta de conservación ha llevado a muchos de estos panteones —algunos obras de Daniel Vázquez-Gulías, como el de Ruperto García, uno de los más destacados del cementerio— a presentar un estado ruinoso. La familia de Lamas Carvajal no quería que esto sucediese con el suyo y ha realizado una obra de limpieza que, en un principio, ayudará a conservar el lugar en el que reposan los restos de uno de los literatos gallegos más insignes. Detrás de esta iniciativa está Ana Malingre, que fue capaz de ilusionar a una familia que se remonta seis generaciones, para no ensombrecer una obra pensada hasta el mínimo detalle por Amalia Rosina Sánchez.

Malingre y otro familiar de 70 años son los únicos que residen actualmente en la ciudad y en ellos recae la labor de conservar su historia. Valentín Lamas era el abuelo materno de su abuelo Arturo. «Vengo cuatro veces al año para limpiarlo. Se me caía el alma a los pies al ver cómo la hiedra iba haciéndose con la piedra y pensaba que acabaría como muchos otros. Como es BIC hay que pedir y pagar muchos permisos, además de esperar mucho tiempo para acometer las obras, así que al final hicimos una limpieza preventiva, aunque tuvimos que solicitar un licencia para poner un andamio. Se cuela toda la humedad dentro y se llena de verdín. Pensé que había que hacer algo, aunque ahora mismo ninguno podemos enterrarnos allí», explica Malingre.

El punto de inflexión fue encontrar, durante la realización de su tesis doctoral, un manuscrito en el que Amalia Rosina Sánchez explicaba cómo quería que fuese el panteón, donde en 1908 se enterró al poeta, fallecido dos años antes. Al detalle. «Es lo que ella quiso que fuera, encargó la piedra, eligió al constructor y guardó todos los recibos que pagó», relata. Malingre se puso este verano manos a la obra y contrató los servicios de una funeraria que se encargó de limpiar la piedra sin afectarla.

Contó a parte de su familia —ella los llama el grupo de los Lamas — su intención de no dejar morir el legado. Ni se lo pensaron. Todos quisieron contribuir a la causa, pese a no residir en la ciudad y haberse conocido muchos de ellos en el 2018 en un encuentro en Ourense. «Es una pena que muchos panteones estén como están siendo el cementerio BIC. Muchos descendientes ya no viven en la ciudad y se van cayendo. Todo son trabas. La administración debe actuar», lamenta Malingre, que cree que hubiera sucedido lo mismo con la de su tatarabuelo si no se hubiera puesto manos a la obra.