Las fiestas del pueblo

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

06 ago 2022 . Actualizado a las 11:15 h.

Me encantan las fiestas de los pueblos. Me gustan desde que empecé a disfrutar las del mío con unos 14 años —ya se sabe que en las aldeas todo es precoz, por mucho que algunos digan que van desfasadas—. Puede sonar a broma pero cuando yo era adolescente —hace no mucho— las fiestas de Melias lo petaban. Venía gente de los pueblos de alrededor pero también subían desde Ourense. Siempre me llevaba amigas que cada año querían repetir. A nuestra manera, bastante más inocente de lo que pueda parecer, esas fiestas seguían la línea de «lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas» y eso ya es atractivo de por sí. La jarana podría resumirse en tres máximas que siempre se repetían. Montar en los coches de choque después de unas cuantas cervezas, cerrar la orquesta de turno cantando a pleno pulmón la de Dolores se llamaba Lola o la de Fiesta pagana a una hora intempestiva —que superaba con creces nuestro límite parental permitido— y terminar la noche justo antes del amanecer yendo a la panadería a comprar las primeras piezas recién hechas de cualquier tipo de bollería —soy de Melias, tocamos prácticamente a una panadería por habitante—. Y eso era todo. Combinado con bailes con la familia y brindis con los amigos. Mucha risa, mucha libertad, felicidad y tontuna. Nada más. Ahora que este trabajo me ha permitido descubrir las tradiciones, la belleza y a la gente de muchas aldeas, me doy cuenta de que los sentimientos son el mismo en todos los casos: el de ser afortunados de tener esas tres cosas y celebrarlas como mejor sabemos. Es lo que más me gusta de esta normalidad recién adquirida, que vuelven las fiestas y en Ourense hay tantas... que mejor no quitar ojo de nuestra agenda.