¿Un hijo cura?... ¡ni en broma!

José Manuel Salgado FIRMA INVITADA

OURENSE

20 mar 2022 . Actualizado a las 22:00 h.

Hace unos días hablaba con un joven que quiere ser sacerdote y cuyo gran obstáculo es su familia; en concreto, sus padres. Venía a mi memoria una película que vi en el año 2015, recién salido del seminario. Se trata de una comedia italiana titulada Se Dio vuole (Si Dios quiere), en la que el hijo menor de una familia de clase media-alta comunica que ha decidido entrar en el seminario para hacerse cura. Al padre, cirujano de prestigio y ateo, le parece que su hijo ha perdido la cabeza. Según el progenitor, ser sacerdote supone formar parte de una institución retrógrada, caduca, fuera de tiempo, que encarna todo aquello con lo que ha luchado toda su vida. Llega a afirmar en un momento de la película: «¡Nos hemos vuelto locos! ¿Un hijo cura?, ¡ni en broma! Y eso sin contar con que Dios no existe. Y, aunque existiera, algo que dudo mucho, ¿por qué echar a perder tu vida para hacerte cura? El sacerdocio es un oficio anacrónico». La comedia refleja la visión que algunos tienen de la Iglesia y del sacerdocio. En cambio, Dios existe y sigue habiendo jóvenes que se plantean la vocación sacerdotal.

En los días 19 y 20 de marzo de este año 2022 la Iglesia católica en España celebra el Día del Seminario. Ser cura es la mayor aventura en la que un joven puede verse involucrado. Es la aventura de olvidarte de ti mismo y entender que la vida verdadera empieza donde termina tu zona de confort. No hay mayor revolución que ir contracorriente en medio de una sociedad que parece ofrecer unos valores absolutamente contrarios a la razón humana y a la verdad. Es de valientes ser auténticos cristianos en el mundo de hoy.

La Iglesia no es oscurantista sino que es en estos momentos la institución más transparente y clara con sus bienes y su dinero; no es retrógrada, sino la más avanzada de las sociedades humanas al proponer una visión plena y verdadera de la vida humana y un testimonio sin comparación de solidaridad; y el sacerdocio no es eso que nos cuentan los medios de comunicación o algunos políticos, sino que es una vida maravillosa siendo instrumento de Dios en medio del mundo, asombrándose al ver cómo es Él quien sana y cambia a las personas a través de ti.