Arián González: «Siempre estaré orgulloso de haberme manifestado en Cuba»

Marta Vázquez Fernández
marta vázquez OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Miguel Villar

Tras haber pasado diez días entre rejas por protestar contra el gobierno castrista, el abogado y ajedrecista ha regresado a Ourense, donde reside desde hace cinco años

02 sep 2021 . Actualizado a las 10:11 h.

Arián González, de 32 años, ha pasado días complicados en Cuba. Afincado en Ourense desde hace cinco años, a principios del mes de julio viajó a su país natal -tiene la doble nacionalidad- para visitar a su madre. Su llegada coincidió con el estallido de protestas ciudadanas contra el gobierno cubano y Arián, como cualquier otro lugareño, decidió secundarlas. Acabó siendo golpeado, detenido y encarcelado. De vuelta en Ourense, donde ejerce como abogado además de dar clases de ajedrez, recuerda lo vivido. «Salí a la calle para reivindicar los derechos de los cubanos y la libertad, sin intención de tener ningún protagonismo, como un cubano más», asegura sobre lo que le pasó el 12 de julio. «Me golpearon, me detuvieron y me llevaron al calabozo, y creo que me hubieran dado una buena paliza si no hubiera sido porque tengo nacionalidad española», advierte.

Luego llegaron días de largos interrogatorios. «A ellos les costaba entender que un ciudadano común se lanzara a la calle a manifestarse, sospechaban que podía pertenecer a un grupo opositor o que me pagaban por hacerlo», explica, encajando esto «en un país que ha estado totalmente adoctrinado durante más de sesenta años y con mucho miedo».

En una celda que compartía con otras quince personas pasó Arián las jornadas posteriores, recordando ahora las terribles condiciones de las cárceles cubanas, en las que los derechos de los reclusos no existen y los funcionarios actúan con total impunidad. «Las cárceles allí son horribles, yo llegué en huelga de hambre, tras dos días de arresto, y cuando me metieron en la celda vi que no había agua y que las condiciones higiénicas eran terribles, había sarna, mosquitos, y de hecho yo llegué a España con dengue», cuenta, sin ocultar el miedo al que viven sometidos los presos, siempre pendientes de ser víctimas de palizas por parte de los trabajadores. «Hay una impunidad que viene desde el poder», asegura.