El equipo que integrará las consultas poscovid-19 en el CHUO ya sigue a unos 400 pacientes

La unidad la compondrán especialistas de Medicina Interna y Neumología, entre otras áreas

Loli Díaz, de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del CHUO, coordinará las consultas poscovid-19
Loli Díaz, de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del CHUO, coordinará las consultas poscovid-19

ourense / la voz

Un hombre de 40 años, trabajador activo y aficionado al pádel, que tras haber sufrido el covid-19 no es capaz de darle a la pelota con la raqueta. Una enfermera, que también padeció el coronavirus, que apaga el fuego tras poner a hervir una sopa y se encuentra con que se olvidó de echar los fideos. Son dos ejemplos reales de que la enfermedad, más allá del alta, deja un impacto que puede prolongarse en el tiempo.

A mediados de febrero, el conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña, anunció la creación de unidades poscovid-19 en todas las áreas sanitarias gallegas, una especie de consulta de seguimiento multidisciplinar enfocada a la vigilancia temporal de pacientes que arrastran secuelas o síntomas asociados directamente al virus. En Ourense, desde mediados de mayo del año pasado, un equipo conformado por cuatro doctores de Medicina Interna del CHUO comenzó este proceso, semilla que germinará próximamente bajo la coordinación de Loli Díaz, facultativa de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del hospital ourensano que ya integraba ese grupo de cuatro especialistas, que ahora será de cinco -con los internistas María Bustillo, Pablo López Mato, Genoveva Canal y la especialista en neumología Montserrat Díaz-, apoyados por personal de enfermería en lo tocante al seguimiento telefónico y coordinación de citas.

«Aquí se estaban haciendo consultas poscovid-19 tras la primera ola, y volvieron a realizarse desde octubre. Hablamos de pacientes que habían ingresado por coronavirus con neumonías moderadas o graves, y también otros afectados a domicilio que nos derivaban desde Atención Primaria por sus síntomas persistentes», aclara Díaz. Desde octubre, precisamente, se ha realizado un seguimiento de aproximadamente 400 personas en la provincia que cuadran dentro de estos dos perfiles: aquellas que sufrieron un impacto realmente severo de la patología y aún se están recuperando; y también los conocidos como long covid-19 -también denominado coronavirus persistente-, que en muchos casos no han llegado a padecer una infección de carácter grave pero sí se encuentran con dificultades de salud para poder seguir adelante con su vida diaria. «Hablamos de problemas como la fatiga crónica, cefalea, pérdida de memoria, falta de atención o dolores musculares, entre otros», expone Díaz.

Un proyecto multidisciplinar

«Se ha ido sumando gente de las distintas olas. Nos encontramos secuelas neurológicas como esa ‘niebla mental’ asociada a que se olvidan cosas, pero también problemas de concentración y trastornos del sueño», expone María Bustillo, que se volcó desde muy pronto en la evaluación de algunos pacientes que recibían una alegría a medias tras verse de alta. Porque el alta, en realidad, solo implicaba el haber dado negativo en los test por la enfermedad. Superar su legado es algo bastante más complicado de afrontar, también de entender para quienes no la han vivido.

María Bustillo, especialista de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del CHUO
María Bustillo, especialista de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del CHUO

Como las secuelas pueden ser de índole variada, las unidades de consultas poscovid-19 también estarán directamente conectadas con áreas como Neumología, Neurología, Psiquiatría y Rehabilitación, además de otros servicios. «La idea del Sergas es hacer esto más institucional, homogeneizarlo. Y que la comunicación entre todas las partes que participan sea más fluida. Generalmente, estarían coordinadas por personal de Medicina Interna o Neumología, pero, en cierta forma, lo que nosotros haríamos sería un primer filtro y si hay pacientes que tienen una tipología muy específica de una especialidad, los derivamos», comenta Loli Díaz.

No serán consultas rápidas

María Bustillo señala que, durante los seguimientos que han realizado hasta ahora, han llegado a invertir una hora y media con la misma persona. «Como mínimo, media hora. Es que consultas rápidas por esta vía no las hay. Nos encontramos a pacientes que, además de su problemática tras el covid-19, necesitan hablar y contarle a alguien sus sensaciones», razona Díaz.

Las observaciones que han ejecutado los especialistas del CHUO implicados en el proyecto durante estos últimos meses engloban a gente que, en su mayoría, guarda el temor de no poder recuperar sus hábitos de antaño. «Hay personas con miedo a volver a contagiarse y sufrir la enfermedad por segunda vez, otros con sentimiento de culpa por si alguien de su familia se infectó y ese alguien lo pasó mal, y también quien se queda con un sentimiento de melancolía, una tristeza prolongada en el tiempo que no es exactamente una depresión», apunta Díaz.

Ella recuerda especialmente un caso: el de una joven que ingresó a causa del virus y llegó a realizar exámenes telemáticos de Derecho durante el tiempo que estuvo convaleciente. Tras salir del paso, notó una gran dificultad para concentrarse hasta el punto de que no era capaz de hacer la cama. «Es una persona con muchísima fuerza de voluntad, pero es como si el covid-19 fuese un freno de mano», dice Díaz.

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