«Tras el MIR busqué la provincia con menos médicos y llegué a Ourense»

María Cobas Vázquez
MARÍA COBAS O BARCO / LA VOZ

OURENSE

Orlando Saavedra en el Porto da Barca en O Barco de Valdeorras
Orlando Saavedra en el Porto da Barca en O Barco de Valdeorras LOLITA VÁZQUEZ

Después de una jubilación forzosa, Orlando Saavedra dio el salto a la política en O Barco con el PSOE

11 abr 2021 . Actualizado a las 19:18 h.

«El desierto es arena y salitre. A lo lejos, la cordillera es como un gran muro que ves de día, y que de noche dibujan las luces de los pueblos», recuerda Orlando Saavedra del desierto de Tamarugal, al norte de Atacama, su tierra natal. Una infancia diferente que cambió cuando, con 11 años, su familia se mudó a Santiago de Chile. «Vi llover por primera vez a los 12. Mis hermanos y yo salimos a la calle a bailar, saltar y mojarnos, mientras los vecinos nos miraban desde las ventanas».

En 1969 comenzó a estudiar Medicina en Concepción y en cuarto regresó a Santiago. Estaba en quinto cuando se produjo el golpe de Estado de Pinochet. «Yo era líder estudiantil, presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, estaba por un mundo mejor de Allende». No se lo pusieron fácil. Fue juzgado y declarado terrorista, así que, ya casado y con una hija, se fugó a Buenos Aires. Era febrero de 1974. Ellas se quedaron en Chile. Tardaron meses en reencontrarse.

En la capital argentina remató la carrera y comenzó la especialidad de Cirugía General. La situación se puso fea. «Empezamos a ser perseguidos por ser chilenos; perdí amigos que desaparecieron y ante ese temor, hicimos la maleta de nuevo», relata. Viajó en barco rumbo a Barcelona junto a otros 25 médicos, de Chile y Argentina. Su hija y su esposa habían llegado en avión. Era octubre de 1976.

Se instalaron en Madrid, junto a otros exiliados. «Hicimos grupo para ayudarnos a sobrevivir, porque llegábamos con lo puesto». Comenzó a ejercer pronto. «Era lo que se llamaba medio pollo, porque tú trabajabas pero la mitad de lo que cobrabas se lo llevaba el dueño de la clínica».

Con los títulos homologados, ese mismo año se convocó el primer examen MIR. Quedó entre los seiscientos mejores de más de 15.000, así que podía elegir destino. «Busqué las provincias con menos médicos y población por kilómetro cuadrado... y salieron Ourense y Huesca». Fue así como llegó a la provincia. Pero antes de empezar a trabajar tenía que pasar el filtro del comité del hospital. «Se asustaron con mi expediente, que decía que me expulsaran de la universidad en Chile y que era un terrorista», relata. «El traumatólogo José Ramón Quiroga apostó por mí y entré. Encontré una acogida muy buena». Tras rematar la residencia pasó a trabajar en el provincial, puesto que compatibilizaba con el de médico en Filgueira. No había consulta, sino que atendía en la parte de atrás del bar y de la tienda, acompañado por el médico. «La gente me dejaba dinero, y se cabreaba porque yo no lo cogía, así que hice una hucha y con el dinero arreglé la casa del médico e hice la consulta», relata. Y también hacía guardias nocturnas para Adeslas.

Al tiempo, seguía en los temas políticos, participó en la fundación de los primeros sindicatos, trabajaba con el Comité de Solidaridad con América Latina y en la plataforma en defensa de la sanidad pública. «Estaba en todo lo que emergía del 77 al 82», dice.

En el 84 recibió el encargo de poner en marcha el Hospital Comarcal de Valdeorras, y ahí nació una vinculación que nunca desapareció. Las competencias sanitarias no estaban transferidas, así que los presupuestos se debatían en Madrid. «Hacías cola. Iba el director de La Paz, el del 12 de octubre y cuando llegaba yo, ya no había dinero. Y ni sabían dónde estaba O Barco». Con la implicación de quienes se fueron sumando al proyecto consiguió que fuese el primer hospital en hacer las pruebas de VIH en sangre, enseñaron a las prostitutas a ponerse preservativo, practicaban vasectomías, ponían prótesis de cadera y de rodilla, crearon una unidad de diálisis... E incluso reimplantaron la mano seccionada por una máquina a un trabajador de la pizarra.

Desde O Barco se mudó a Asturias. Era 1990 y la artrosis le obligó a abandonar la cirugía, así que se centró en las labores de gestión. Ese cometido le llevó en el 94 a Santiago, y en el 98 a La Paz en Madrid. En el 2003 recaló en Vigo para después hacer parada en el CHUO, volver a Santiago y acabar en Vigo. A los 65 le obligaron a jubilarse.