«En el hospital se preocuparon de que hablásemos con mi madre a diario»

La valdeorresa Teresa Yáñez, de 92 años, pasó veinte días ingresada por covid


o barco / la voz

Teresa Yáñez tiene 92 años y ahora vive con su hija en Cantabria, pero hasta finales del 2020 vivía sola en la pequeña aldea de Xares, en A Veiga. «Es una mujer muy activa. Hacía todas las tareas de la casa y sacaba tiempo para ir a jugar la partida de cartas con sus amigas y preparar café para tomarlo con un vecino», cuenta su hijo Txema Yáñez, que vive en Bilbao. Teresa se contagió de coronavirus a mediados de noviembre. «Hablando con ella por teléfono la noté acatarrada pero me dijo que estaba bien. Al día siguiente me pareció que estaba un poco peor así que llamamos al médico para que subiese a verla, la mandó a O Barco para hacerse unas pruebas porque podía ser bronquitis. Allí le detectaron el covid», cuenta. No saben cómo se contagió. Aunque más tarde descubrieron que en la familia de una de las vecinas de su madre había casos positivos.

Teresa pasó 20 días ingresada en el hospital aunque afortunadamente su estado de salud no empeoró en ningún momento. «No tuvo síntomas graves, ni desarrolló neumonía. Tampoco necesitó oxígeno y eso fue un gran alivio para todos, la verdad», dice Txema. Tanto él como su hermana estuvieron en contacto diario con su madre gracias al equipo sanitario que la atendió en el Hospital de Valdeorras. «A parte de la profesionalidad, estamos completamente agradecidos por el valor humano que han demostrado. Se preocuparon de que nuestra madre siempre nos sintiese a su lado, de que hablásemos con ella cada día, y eso es algo que no olvidaremos», apunta el valdeorrés afincando en Bilbao. «Es una situación muy complicada, especialmente estando lejos, pero el equipo sanitario hizo un trabajo increíble», continúa.

A principios de diciembre Teresa recibió el alta y ya pasó la Navidad en Cantabria, donde es posible que se quede a vivir de forma definitiva. «Hasta ahora, yo la visitaba una vez al mes en Xares, iba y me pasaba una semana con ella, y luego, en los meses más duros de invierno se venía con nosotros hasta la Semana Santa que volvía. Pero creo que ya no va a ser así. Aunque está recuperada del covid ya va teniendo sus dolencias y pequeños achaques, y creemos que lo mejor es que no viva sola», afirma su hijo.

Esta semana se puso la primera dosis de la vacuna. Estaba previsto que la recibiese en Valdeorras, donde está censada, pero su familia habló con el personal del Sergas y finalmente la vacunaron en Cantabria. «Aunque ella está bien, era absurdo meterle ese viaje de forma innecesaria», termina Txema. En unas semanas le tocará recibir la segunda dosis de la vacuna y, con ella, llegará la inmunidad.

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MARÍA COBAS
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La subida de casos y la prevención ante la Semana Santa justifican las medidas

El pasado 22 de febrero, al anunciar cómo sería la nueva desescalada, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, avanzó que a partir de esa fecha se daba más importancia a la incidencia acumulada a 7 días que a 14 (es decir, a los contagios registrados en ese período de tiempo). «É un indicador adiantado ao que lle hai que dar máis peso», decía, para después ahondar en que el objetivo era tomar medidas pronto para evitar que una situación que no era del todo mala (pero presentaba una tendencia negativa) se convirtiese en una transmisión descontrolada.

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