Ourense, año I después del coronavirus

La Voz repasa los últimos doce meses con la internista que atendió el primer caso en el CHUO, con el primer hospitalizado por covid y con profesionales de uci y Microbiología

Han pasado 365 días desde que Ourense registró su primer caso positivo de coronavirus. Prácticamente el mismo tiempo desde que el país se sumió en el estado de alarma ante un enemigo invisible del que poco se sabía. Pasaron de largo los aplausos de las ocho y también la primera ola, seguida por otras dos más que pusieron a prueba los cimientos del sistema sanitario. La Voz habla con algunos de los protagonistas de aquellos primeros días de desconcierto y miedo, que también han tenido un papel relevante en la lucha contra el coronavirus en los últimos doce meses.

Camino Mouronte fue la internista del CHUO que atendió a la primera paciente que dio positivo en covid en Ourense
Camino Mouronte fue la internista del CHUO que atendió a la primera paciente que dio positivo en covid en Ourense
 

Camino Mouronte, internista que atendió a la primera paciente que dio positivo

«Fue como si estuviese yendo a apagar un incendio y me sentí muy vulnerable»

«Lo que recuerdo era el contraste de la información que teníamos. Hace ahora un año, lo que te iba llegando es que el covid-19 era poco más que una gripe, algo más contagiosa. Y de repente, nos encontramos con un protocolo totalmente distinto a eso», cuenta Camino Mouronte, internista en el CHUO. Ella estaba de guardia en el hospital de Ourense el día 8 de marzo, cuando recibió una llamada: Microbiología había confirmado la detección de un primer positivo por coronavirus en la provincia.

Por aquel entonces, el uso de las PCR se limitaba a aquellas personas que hubiesen viajado en los días previos a países del extranjero, como China o Italia. «Eran lugares con una incidencia ya alta. Pero quizá por eso no se detectó antes aquí», dice. Camino indica que, entre el mes de diciembre del año 2019 y el de enero del año pasado, al CHUO llegaron algunos pacientes afectados por neumonías bilaterales «que chocaban un poquito». «Era un índice de casos que no se correspondía con el de otros años», apunta.

Y ella, que hasta aquel 8 de marzo solo se había enfundado un epi en un simulacro anterior contra el ébola, se encontró de repente poniéndoselo con una sensación totalmente nueva, extraña: «Fue como si estuviese yendo a apagar un incendio. Y a pesar del equipo que llevaba, noté que interiormente me sentía vulnerable».

La primera paciente que atendió también estaba en una situación similar. «Somos humanos, y eso debe ir por delante. En algunos momentos asistí a linchamientos en las redes sociales, incomprensibles, que hicieron daño a personas que no se lo merecen», dice Camino. «Llevábamos un tiempo oyendo hablar de la enfermedad y te iba llegando información en forma de goteo, pero el desconocimiento sobre ella era muy grande en aquellos momentos», concreta. Aquel día, se optó por trasladar a la afectada al CHUO para realizar una valoración física. «A día de hoy, seguramente hubiese sido distinto, porque el seguimiento de casos leves se realiza con el paciente en su domicilio», razona.

Camino cuenta que aquel primer paso, aquella exploración, por lo desconocido del virus, le ayudó a, poco a poco, ir «perdiendo miedo». «Después fue cuando vimos que llegaba la marejada y nos tocó ir reciclándonos, porque muchas formas de trabajar y protocolos fueron cambiando a lo largo del último año, en base al conocimiento adquirido», apunta.

Armando González, que era neumólogo en el CHUO, fue el primer paciente que ingresó en el hospita ourensano con coronavirus
Armando González, que era neumólogo en el CHUO, fue el primer paciente que ingresó en el hospita ourensano con coronavirus

Armando González, primer paciente ingresado en el CHUO por coronavirus 

«Ya en la ambulancia tuve la duda de si regresaría»

El primer ingreso en planta por covid-19 en el área sanitaria fue el de un neumólogo del CHUO, Armando González, que semanas más tarde, tras recibir el alta, se encontró nuevamente realizando exploraciones a pacientes con problemas respiratorios y, con el tiempo, a afectados por secuelas del coronavirus.

Fue hospitalizado el 14 de marzo, un día después de que se iniciase el estado de alarma. Cree que se infectó durante un viaje a Madrid. «Antes de ir al hospital me sentía bien y digamos que la situación no me atemorizó mucho. Pero pasaron unos días, y cuando noté que ya tenía afectación pulmonar con pronóstico de ingreso, todo fue diferente. Ya en la ambulancia recuerdo que me vino la duda de si regresaría», dice González.

Fue recibiendo noticias de algunos amigos que, durante ese mismo período de tiempo, «fallecieron». «Ahí fue cuando me di cuenta de que aquello no era ninguna broma», expone. Estuvo 12 días ingresado en planta con afectación bilateral en sus pulmones. González explica que, por su propio trabajo del día a día, intento tomarse la situación «desde una perspectiva más cerebral y menos emocional, visceral».

A los 20 días de recibir el alta hospitalaria, pidió regresar a su puesto. «Volví pronto, porque me empeñé un poco en hacerlo», dice. Desde entonces, por su consulta han ido desfilando pacientes covid-19 que, estima, «en un alto porcentaje, quedaban con secuelas funcionales, a nivel de esfuerzo, y además hay que atender a las que van más allá de lo físico, por la ansiedad y la depresión». «Yo tuve suerte, pero hay gente con problemas que se alargan en el tiempo», avisa.

El equipo de Microbiología del CHUO, cuyo trabajo se multiplicó exponencialmente por la pandemia
El equipo de Microbiología del CHUO, cuyo trabajo se multiplicó exponencialmente por la pandemia

Isabel PAZ, jefa de servicio de Microbiología

«¿Describir este último año? Fue una vorágine»

«Es probable que el virus ya estuviese circulando por la provincia entre enero y febrero del año pasado, pero no fue palpable hasta marzo», sostiene Isabel Paz, jefa del servicio de Microbiología del CHUO. La pandemia cambió la organización del laboratorio donde se procesan las PCR: ahora se trabaja por turnos durante las 24 horas y el equipo está conformado por unas 30 personas.

Este tipo de pruebas diagnósticas ya se realizaban con anterioridad, pero en un volumen muchísimo menor al actual. Para hacerse a una idea de este cambio, basta con ir a las cifras: el material asociado a análisis virológicos, como los reactivos necesarios para procesar las pruebas PCR o los propios hisopos, disparó el gasto hasta los 3,8 millones de euros el año pasado, cuando en el 2019 se invirtieron menos de 40.000 euros en ello. «Poco a poco se fue avanzando en la tecnología y disponibilidad de métodos diagnósticos, que pasaron a ser más fiables, rápidos y sensibles. Y la vigilancia y la realización de cribados se van a mantener durante más tiempo, indeterminado aunque las cifras bajen», advierte Paz.

Pese a que el primer positivo confirmado en la provincia se constató el día 8 de marzo, Paz recuerda que «ya en semanas previas, con eventos como el entroido, es posible que el virus se diseminase, por la elevada movilidad que se registró». Hasta entonces, sospecha que hubo casos que fueron diagnosticados como «procesos víricos». «¿Que cómo describiría este último año? Para mí, fue una vorágine. Creo que ahora ya sabemos cómo defendernos y proceder mejor. Pero debemos seguir siendo cautos», explica Paz.

Javier Cid, jefe de servicio de la uci de Complexo Hospitalario de Ourense
Javier Cid, jefe de servicio de la uci de Complexo Hospitalario de Ourense

Javier Cid, jefe de servicio en la uci

«Nuestro temor a una nueva oleada sigue estando ahí»

El jefe de servicio de la uci del CHUO, Javier Cid, podía haberse jubilado el pasado mes de octubre, pero no lo hizo. «No era el momento. Mi objetivo es seguir mientras no esté controlado el covid-19», dice. Tiene 65 años y su ilusión es ver la unidad de críticos renovada, adaptada a los tiempos actuales.

Más de 130 pacientes covid-19 han pasado por ella desde que comenzó la pandemia, con una primera ola que llegó en forma de avalancha y otras dos en las que se encontraron con más pacientes, pero que fueron llegando de manera progresiva. Quizá sea imposible explicar hasta qué punto el coronavirus ha cambiado la vida del personal sanitario, aún con la quinta marcha puesta a sabiendas de que la relajación social traerá de vuelta los viejos fantasmas. «Pero la realidad es que, cuando empecé, la sensación era de peligro. Supe de compañeros que habían fallecido en Madrid», dice Cid.

Él fue, de inicio, el que atendió al primer paciente covid-19 que entró por las puertas de la uci. «Con el tiempo fue llegando el cansancio psicológico. Algunos compañeros se habían aislado de sus familias, para evitar posibles contagios, porque el riesgo de infectarse en una maniobra como la intubación, por ejemplo, era alto. También hubo algún problema de suministros al principio, porque incluso llegamos a llevar calzas hechas con bolsas de basura. Fue durante poco tiempo, porque la Consellería actuó rápido dentro del caos general que había en todo el país», rememora. En la primera ola, el pico de pacientes en la uci covid-19 tuvo lugar el 13 de abril del año pasado, con 23 afectados hospitalizados. En esta tercera llegaron a ser 20, el pasado 8 de febrero. Pero la realidad de la uci es que el covid-19 fue una carga añadida a un trabajo ya de por sí extenuante. «Actualmente, cuando se habla de ocupación, suelen referirse a los críticos covid-19 que aún son positivos, pero en la uci también hubo y hay los que ya negativizaron e ingresados con otras patologías», concreta Cid.

El jefe de la uci del CHUO sabe y recuerda que esto todavía no ha terminado. «Nos sigue costando resetear. Y está ahí el temor a una nueva oleada, a que esto se descalabre si no se corta por lo sano con la Semana Santa», advierte.

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