Ella fue la primera mujer pantalla de Xinzo

A sus 87 años, la limiana Loli Martínez sigue siendo una mujer brava, valiente y luchadora


Ourense

Loli Martínez es la sexta de doce hermanos. Nunca hubo diferencia en el trato, en la crianza, en el apoyo o en las posibilidades que sus padres les brindaron a cada uno de ellos —y eso que oportunidades en la década de los treinta no había muchas—. Puede que sea por esto que a sus 87 años, Loli es una mujer sin miedos y con todavía muchas cosas por hacer, incluso dar por superada una pandemia —hoy recibe la primera dosis de la vacuna contra el covid—. Los que la conocen bien dicen que es una mujer brava, valiente y luchadora y ella hace que sí con la cabeza, mientras mira para otro lado. Porque además de toda esa firmeza, está llena de humildad, de generosidad y de justicia. Tiene la memoria intacta, por eso no le cuesta nada regresar a 1950. Un año especial, ya que en ese entroido empezó a vestirse de pantalla de Xinzo. Y es que antes que ella no lo hizo ninguna mujer, Loli fue la primera en salir de pantalla. «Eu tiña 16 anos. Viñeron uns amigos buscar ao meu irmán Leoncio, pero non estaba, así que baixei eu coa máscara posta. Dixéronme: ‘Agora vés ti connosco que te imos tratar coma unha raíña', cuenta. «Pasámolo de marabilla». Después de ese entroido vinieron muchos, igual que detrás de ella llegaron muchas mujeres pantalla. «Cada vez sumábanse máis, ata hoxe que a cousa está igualada entre homes e mulleres», afirma.

Con 19 años emigró junto a una hermana y algunas amigas a Alemania. Allí vivió cerca de treinta años. Llegó para trabajar en una fábrica de carne en la que conoció a su marido, Helmut, que falleció hace cuatro —único recuerdo capaz de quebrarle la voz—. «Deixábame unha Pepsi-Cola todos os días na polea onde eu cortaba as salchichas, cunha notiña onde escribía ‘Para Loli'», afirma. Y fue para siempre. Volvieron, ya con un hijo, en 1970. Ahora tiene un nieto que trabaja en Vigo. «Eu quero que estea máis preto pero...», dice. Le deja volar. Como voló ella en su momento. Aunque no se da mucho mérito, sabe que es una mujer que abrió camino y piensa que todavía queda por andar. «A min dábame igual o que me dixeran, seguíame vestindo de pantalla e punto. Hai que saber perseverar no que un quere se non fai mal a ninguén», explica. Tanto que sigue disfrazándose, incluso en año covid: «Este ano houbo cocido e votamos algún trapiño por riba». Siempre acompañada de Monchi, la mujer que la ayuda en su día a día e hija de la que fue una de sus mejores amigas.

Hay muchas cosas que Loli tiene claras: que Xinzo es el mejor lugar del mundo, que el entroido es la mejor fiesta del año y que las mujeres y los hombres son iguales. O deben serlo.

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