La intermodalidad como objetivo


Cada vez es más habitual que, cuando viajamos, utilicemos diferentes modos de transporte. Los viajes no comienzan o terminan, por ejemplo, en un aeropuerto o en una estación, sino que generalmente empiezan o terminan en nuestro hogar, en nuestro lugar de trabajo, lugar de vacaciones, etc. La integración de todos los modos de transporte en una única cadena para ofrecer un viaje puerta a puerta es lo que conocemos como intermodalidad.

Un aspecto crítico en la intermodalidad es el transbordo. El tiempo de espera, el de transferencia entre vehículos o las molestias e incertidumbres que conlleva el cambio de modo se perciben como una penalidad.

La mejora de los transbordos para alcanzar seamless travels (viajes sin problemas), es un objetivo básico de toda política de transportes para competir con la comodidad del automóvil. Facilitar el transbordo significa reducir las molestias que genera a los usuarios: coordinar los servicios para reducir los tiempos de espera, ofrecer una información común sobre los horarios, un billete único y una comunicación fácil entre los modos (recorridos claros, cortos y accesibles). Por ello, las modernas terminales, además de cómodas, seguras y accesibles, cuidan estos aspectos en su diseño. La intermodalidad transforma las terminales modernas en espacios de paso, no grandes salas donde un usuario debe esperar horas. Por todo ello, la nueva terminal de buses de Ourense responde a estos criterios que tratan de facilitar el uso del transporte público y, en particular, los transbordos. La nueva terminal acerca los servicios al centro y, especialmente, facilita la extensión de los futuros servicios de alta velocidad a un área muy superior a la metropolitana. Una terminal más grande o arquitectónicamente más relevante no mejoraría el uso del transporte público, como sí puede hacerlo, por ejemplo, ofrecer servicios coordinados autobús-ferrocarril, con un billete único. Hoy, desde el móvil, podemos seguir los movimientos de los buses o comprar un billete. Las nuevas tecnologías, junto con la intermodalidad, nos conducen hacia un nuevo paradigma: la movilidad como un servicio. En estas condiciones, ¿debe seguir diseñándose una terminal con criterios de los 70 del pasado siglo? Me temo que sería una inversión ineficiente, que una sociedad moderna y responsable no puede permitirse.

Por Miguel R. Bugarín Catedrático de Ferrocarriles

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