Un xoves de comadres inaudito en Verín: «Este entroido é unha ruína»

Los hosteleros afrontan esta noche con sus locales cerrados al público

Antonio Álvarez recuerda que en su restaurante, el Brasil, podían llegar a juntarse más de cuatrocientas mujeres en la noche del jueves de comadres
Antonio Álvarez recuerda que en su restaurante, el Brasil, podían llegar a juntarse más de cuatrocientas mujeres en la noche del jueves de comadres

ourense

«Este entroido é unha ruína». Las palabras de Antonio Álvarez, propietario de la marisquería Brasil, definen a la perfección el consenso que hay entre la mayor parte de los hosteleros y comerciantes de Verín.

La pandemia, y las medidas restrictivas que la acompañan, impiden que este año las fiestas más importantes de la villa la llenen de gente, y por tanto, de potenciales consumidores. La triste realidad ya se hizo patente el pasado xoves de compadres y el domingo corredoiro. Y se repetirá hoy, en el que tendría que ser uno de los días grandes: comadres.

El Brasil, como los demás negocios hosteleros de la villa, se enfrenta a una jornada con el restaurante cerrado al consumo en el propio establecimiento, una situación que jamás se había dado. «Cando un local ten máis de 50 anos de historia, vense moitas crises, pero ningunha coma esta», señala Antonio.

La diferencia con otros años es total, asegura el hostelero, quien además de subrayar que en compadres ya habría tenido a 250 personas cenando en el restaurante, reconoce que en el caso de comadres los últimos años había llegado a duplicar la capacidad de su local. «Aquí entran máis de 200 persoas, pero os xoves de comadres eu viña metendo a unhas 440 mulleres no local». Unas cifras hoy impensables, sobre todo teniendo en cuenta que, como dice Antonio, «esa noite, aquí, están coma sardiñas en lata».

Asegura, además que la única posibilidad con la que cuentan los establecimientos hosteleros, la de que los vecinos se lleven la comida a sus casas, no da para mucho: «Nun entroido normal aquí daríamos, en total, entre 2.000 e 2.500 comidas. Este ano, para levar, só daremos un total de 100». Antonio también pone el ojo sobre los envases, que se han vuelto indispensables para estos días. Son, a su juicio, mucho más caros de lo que pueda parecer y aunque la Xunta puso a disposición de los hosteleros una serie de ayudas, Antonio reclama cierta ineficiencia en la adjudicación de estas partidas: «Para obter a subvención temos que comprar 1.500 euros en envases, pero con todos os cartos que levamos gastado neles, xa ninguén nos axuda».

Imagen del restaurante Brasil hace prácticamente un año, en la celebración del xoves de comadres del 2020, tres semanas antes de la declaración del estado de alarma por la pandemia
Imagen del restaurante Brasil hace prácticamente un año, en la celebración del xoves de comadres del 2020, tres semanas antes de la declaración del estado de alarma por la pandemia

Es similar el caso del Lugano, restaurante regentado por Francisco Pérez, presidente de la Asociación de Hostelería de Verín, quien subraya: «Hai moi poucos pedidos, e a maior parte son para dúas persoas. Como moito para catro, pero non máis». Las restricciones también impiden la celebración de grandes comidas y cenas en el ámbito privado, lo cual no hace más que seguir mermando la cantidad de menús que los vecinos solicitan para su recogida en los locales, o para su entrega a los domicilios. «Este xoves de comadres vai ser un día normal, coma outro calquera, é dicir, sen traballo», señala Francisco.

De este modo, el Brasil y el Lugano, así como la gran mayoría de los bares y restaurantes verineses, se quedan sin su entroido, una época que, junto al verano, «arreglábanos moito o ano».

Pero, como apuntan los hosteleros, su sector, aunque sí es el que sufre los palos más grandes, no es, ni mucho menos, el único damnificado. «Se eu dou poucas comidas, compro menos materia prima. Ademais, sen entroido as tendas non venden teas, os panadeiros non fan empanadas... É todo unha cadea», subraya Antonio, quien también asegura que si su local fuese alquilado y no en propiedad «non sei onde estaría». Desde luego y por desgracia, no todos los hosteleros de Verín correrán la misma suerte.

Quizá en 2022 la situación sanitaria permita el regreso del entroido, pero como reza el mural que el Concello ha colocado en la praza García Barbón, ahora le toca estar en «pause». Es su forma de llamar a la prudencia y de recordar que la fiesta no se para, pero sí queda a la espera.

«Ao chover e estar o tempo malo, parece que levamos a pena mellor»

Del poco más de medio centenar de mujeres que salían por comadres en los años 80, hasta las cerca de veinte mil almas que se han llegado a reunir por las mismas fechas en Verín en los últimos tiempos hay bastante diferencia. Sin embargo, este año trae disparidades mucho más acusadas que cualquier otro del que se haga memoria en la villa.

Montse Garrido tiene 60 años y, de todos cuantos recuerda, tan solo ha pasado comadres lejos del ambiente festivo en un par de ocasiones. Y por trabajo. Incluso cuando era un bebé, asegura, sus padres la sacaban en brazos a empezar a conectarse con el entroido: «Teño fotos nas que saio cuns meses nos brazos dos meus pais e eles vestidos cos capuchóns. Eran unhos grandes entroideiros».

La situación, explica, le causa mucha pena a ella y a todas sus compañeras de pandilla, con las cuales, de no ser por la pandemia, saldría con muchas ganas este jueves. «Normalmente as mulleres da mesma pandilla disfrázanse todas igual, pero a min non me gustan moito as normas e prefiro ir por libre. Se elas van dunha cousa, eu vou de outra», apunta.

Montse Garrido (derecha), en el xoves de comadres del año pasado.
Montse Garrido (derecha), en el xoves de comadres del año pasado.

Asegura que el clima, y en concreto la lluvia, les está ayudando a sobrellevar mejor este entroido tan extraño de la era covid: «Está o tempo tan malo que parece que nos alivia un pouco. Polo menos non sae o sol e non pensamos en como poderiamos estar por aí de troula».

De todos modos, el espíritu festivo de Montse la empuja a seguir celebrando el carnaval a su manera, siempre respetando las medidas de seguridad. «Eu poño, todos os días, polo menos dúas ou tres fotos disfrazada no Facebook», dice esta verinense, quien señala también que en esta misma red social existe toda una comunidad de amantes de la fiesta. Con la intención de celebrar el carnaval de forma virtual, personas de toda Galicia utilizan el hagstag #entroidonasredes para colgar, no solo fotos de sus disfraces en casa, sino también imágenes antiguas, y otras más recientes, que alivien la pena a través del recuerdo.

Y a parte de disfrazarse en casa para la Red, Montse asegura que también intenta sacar su espíritu a la calle, en la medida de lo posible. Por ello, aplaude la iniciativa del Concello con las mascarillas con la sonrisa de cigarrón. «Son moi bonitas», dice. Y asegura que alguno de estos días de entroido piensa salir a la calle con un accesorio en la cabeza: «Sexa unha peluca, un sombreiro, ou algo».

«Ningún político se ha preocupado por si tenemos para comer o para pagar la hipoteca»

Milagros Fernández es autónoma y además hace las veces de dependienta en el negocio familiar que regenta su hermana, el Bazar Chabela, en la verinense praza García Barbón.

De cara a este xoves de comadres cuando, asegura, «esto tenía que estar a tope», las medidas restrictivas impiden que su negocio pueda «hacer números». De entre todas las restricciones, el cierre perimetral le resulta una de las más condicionantes: «Aquí venía a comprar mucha gente de A Gudiña, Viana do Bolo o A Mezquita, ahora con las restricciones no pueden».

Milagros Fernández hace las veces de dependienta en el Bazar Chabela, propiedad de su hermana.
Milagros Fernández hace las veces de dependienta en el Bazar Chabela, propiedad de su hermana.

Enfadada por la falta de preocupación que según ella exhiben los políticos ante los problemas de muchos negocios para salir adelante durante la pandemia, asegura que las medidas acaban con el pequeño comercio. Un sector que tiene, además, la difícil tarea de hacer frente a nuevos competidores como la compra por Internet, casi monopolizada por el gigante Amazon: «Nos obligan a cerrar a las seis, y la gente ya prefiere pedir las cosas y que le lleguen a casa».

Señala también que nadie, de ningún grupo político, se ha preocupado por los autónomos. «Nadie nos ha preguntado si tenemos suficiente para comer o para pagar la hipoteca». Para ella es una falta de decencia de los gobernantes a la que suma otra queja: «Aquí siguen viniendo impuestos y de todo».

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