Las centenarias de la vacuna covid-19: «Irei vella, pero eu estou como un canón»

Entre las residentes de la provincia hay quien incluso recuerda los años de la gripe española

De izquierda a derecha, Ermitas, Mercedes y Clotilde
De izquierda a derecha, Ermitas, Mercedes y Clotilde

ourense / la voz

Como en la isla japonesa de Okinawa, o a orillas del Mediterráneo, en Cerdeña, la longevidad en Ourense es patrimonio inmaterial. Y los centenarios, un banco de memorias que alcanzan incluso los años de la Primera Guerra Mundial. O la llegada de la mal llamada gripe española. No son simplemente recuerdos, sino líneas temporales que recuerdan que las pandemias, en realidad, siempre estuvieron ahí.

El personal sanitario que realizó la primera tanda de vacunación contra el covid-19 en residencias sociosanitarias de la provincia ha constatado, al menos, la participación de ocho ourensanas que ya superan el siglo de vida. De O Barco de Valdeorras a Entrimo, pasando por Carballeda de Avia hasta Xinzo de Limia, los equipos desplazados con las dosis de Pfizer se encontraron sonrisas, tranquilidad y, en algunos casos, ganas de celebrar más y más cumpleaños.

En la residencia de A Veiga, Mónica Rodríguez, auxiliar de animación, recuerda el 28 de febrero del año pasado por el cumpleaños de Ermitas, una centenaria que por sus 100 años pudo estar entonces con toda su familia. «Por aquel entonces aún se podía celebrar», cuenta. Dentro de poco, Ermitas sumará una vela más a su cuenta, pero las celebraciones y los jolgorios multitudinarios hasta parecen cosa de otra época. También las visitas, por el blindaje de las residencias ante el avance de la tercera ola. Dentro del nivel máximo de restricciones, únicamente se permitirá una visita a la semana, y de un solo familiar.

ERMITAS FERNÁNDEZ

A Veiga. Cuando los equipos de vacunación llegaron a la residencia de A Veiga aún era prácticamente de noche y Ermitas Fernández Alonso, que nació en el año 1920, era una más de las usuarias que asistía, con una mezcla de interés e intriga, a la llegada de los sanitarios desplazados para inyectar la primera dosis contra el covid-19 a residentes y trabajadoras. «Se quedaron con la sensación de: ‘Esto empieza'», cuenta Mónica Rodríguez. «Como non me vou acordar daquel día?», dice Ermitas. «Eu estou e síntome ben, non tiven dor nin nada diso», explica por teléfono. Para despejar dudas, zanjó: «Irei vella, pero eu estou como un canón».

Ermitas, oriunda de Soutogrande, una pequeña parroquia del municipio de Vilariño de Conso, sabe de sobra que el coronavirus sigue rondando por ahí, siempre dispuesto para encontrar nuevos huéspedes. «Las trabajadoras les vamos contando a todos lo que pasa, aunque ellos también se dan cuenta de cómo están las cosas porque hay un menor flujo de visitas y todas las personas que ven habitualmente aquí van con la mascarilla puesta», explica Rodríguez.

MERCEDES SUÁREZ

Entrimo. En la residencia Don Pepe, en Entrimo, se pinta los labios cada mañana Mercedes Suárez. «Sigue siendo muy coqueta», dicen en la instalación. Vivió casi siempre en Vilaza (Monterrei) y cumple años el 19 de septiembre. Como la epidemia impidió que celebrase el último, en la residencia se las apañaron para que el día no pasase de largo sin una pequeña alegría. Así que, además de las velas sobre un trozo de tarta de manzana, también hubo una copa de sidra. «É algo que lle encanta», cuenta Genoveva González, directora de la residencia.

Pese a que ya se remonta muy atrás en el siglo pasado, la memoria de Mercedes alcanza los años de la gripe española, porque su padre la padeció. Y recuerda bien quién le ayudó en aquella epidemia. «Era un médico, Lisardo Álvarez, quien lo atendió», dice. Ahora, tras vacunarse contra el coronavirus, se nota como siempre. «Estoy bien. Mal, ninguno. Con lo que me pusieron, quedé como estaba», dice riendo.

CLOTILDE LOSADA

Carballeda de Avia. El 9 de febrero, a Clotilde le llegan los 104. «A ver qué regalo tengo...», deja caer con picardía. Nació en el año 1917, es usuaria de la residencia de Carballeda de Avia y su ilusión es que la situación sanitaria mejore para que su hijo, que vive en Vigo pero acudía habitualmente a visitarla, pueda retomar esa rutina como lo hacía siempre. «Viene de vez en cuando a trabajar tierras que tiene nuestra familia en San Cristovo, en Ribadavia, así que aprovechaba para venir por aquí. Es un hijo muy bueno, muy trabajador», dice. ¿Y la vacuna contra el coronavirus? «Pues fue un pinchacito de nada».

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