Los hosteleros se debaten entre servir a domicilio o cerrar durante la restricciones

Los restaurantes que abren lo hacen para poder cubrir solo los gastos fijos de cada mes


Ourense

Detrás de cada hostelero de la ciudad y la provincia hay una historia o una forma de combatir las restricciones impuestas por la pandemia del coronavirus. En el casco histórico de Ourense y a muy pocos metros, tres empresarios han tomado decisiones diferentes para sobrellevar los próximos meses. El sector hostelero ha tenido que elegir, sobre todo aquellos que se dedican a la restauración. Con los locales cerrados al público en su interior y el único recurso de las terrazas a medio gas, algunos han optado por el servicio a domicilio como mal menor, mientras otros han decidido cerrar sus puertas hasta que la situación cambie. Todos coinciden, eso sí, en la sensación de cansancio físico y mental y en la necesidad de incidir en la responsabilidad individual para revertir la situación.

«Decidimos cerrar porque ya no vemos viable abrir», dice José Antonio González, de A Tarazana. Añade: «Ahora mismo estamos trabajando cuatro de ocho que éramos y cerraremos en un principio hasta que pase el Día de los Enamorados. Aunque dos meses no nos lo quitan nadie». José Antonio González explica que los próximos días serán muy difíciles. «Económicamente creo que vamos a soportar este nuevo palo, pero nos influye psicológicamente. Hay gente a la que se le junta todo. Va a hacer ya un año», añade. A lo largo de este tiempo, la situación ha sido, afirma, de diente de sierra. «Estuve 101 días cerrado durante el estado de alarma, en la primera ola. Abrí en verano y agosto fue bueno. Pero en octubre nos cerraron de nuevo. Y ahora en Navidad sin cenas de empresa ni grupos de familiares fue muy difícil de llevar», apunta.

Constantino Iglesias, de Tizar, ha decidido seguir abierto ofreciendo comida para llevar tanto al mediodía como por la noche. «Estábamos seis personas trabajando y ahora todos pasaron a ERTE menos el cocinero para poder hacer la comida a domicilio». Llevan tiempo con la fórmula del take away y afirma que ha funcionado bien, razón por la que ha decidido no cerrar. «Tenemos un tipo de menú que se adapta muy bien para llevar a casa. Estamos trabajando porque tenemos una clientela desde julio», añade. Sobre el año, afirma que ha sido duro sobre todo psicológicamente malo, principalmente para los empleados. «Es una locura. Llevo toda la vida en la hostelería y me gusta el servicio en el local, verlo cerrado es un palo».

En el restaurante Monterrei, la solución ha sido intermedia. Sirven a domicilio pero solo a la hora de comer. Luis Roales explica: «Decidimos solo a mediodía, y los viernes y sábado noche. Entendemos que el fin de semana hay más afluencia. Ha sido un año muy malo, al final trabajas con porcentajes que ni cubres gastos. Lo único que consigues es perder menos. Somos seis trabajadores y ahora estamos solo dos. Se lleva sin ánimos», afirma.

La entrada de las nuevas restricciones en O Carballiño obligó de nuevo a reinventarse a los hosteleros locales, que ya superaron cierres importantes en meses anteriores.Así, en el caso de los hermanos César y Juan Álvarez, en La Fuchela, relataban el nuevo servicio que brindan a sus clientes: «Habilitamos una nueva terraza cubierta para mantener abierto el servicio de cafetería, cumpliendo con las normas de separación social. Por lo que respecta al restaurante el comedor está cerrado y lo que sí mantendremos es un servicio de pulpo a domicilio, que centraremos en el fin de semana».

En la villa también se podían ver algunas persianas bajadas, por la imposibilidad de realizar su actividad en terrazas, es el caso del emblemático Mesón do Xamón, que se reinventa para mantenerse fiel al compromiso con sus consumidores. «Sin terraza, nos vemos obligados a cerrar, pero entendemos que debemos ofrecer la posibilidad de que se lleven nuestros productos a casa. Por eso estaremos en el local de 11.00 a 15.00 horas, para que nuestros clientes puedan seguir disfrutando de nuestros vinos, jamones y resto de embutidos, que podrán degustar en sus domicilios», manifestaba su responsable, Xan González Bravo.

Sí esperaba al turno de comidas Francisco García, en el Gastrobar Don Paco, que sin embargo advertía: «Parece que todas las culpas de los contagios recaen en la hostelería y aunque salimos bien de una situación complicada, no confían en que somos capaces de mantener las medidas de seguridad como en cualquier otro negocio».

A expensas de las empresas de «take away»

En la capital, el servicio a domicilio de los restaurantes está garantizado gracias a la implantación de varias empresas especializadas, pero no ocurre lo mismo en el resto de la provincia. Aunque en O Carballiño hay opciones para llevarse desayunos y comidas a casa, el reparto a domicilio no va mucho más allá de los servicios de comida rápida y alguna que otra excepción puntual. Sin embargo, en Verín hay un alternativa. Roombo incentivó a la hostelería de proximidad. «Somos una especie de red social, que también tiene algo de Amazon y otro poco de Glovo. Le damos la oportunidad a los hosteleros locales», afirma su creador, José Antonio Quintas.

En Xinzo, algunos bares han abierto para servir cafés para llevar, o para servirlos a los clientes de tiendas y otros negocios, como explica Alberto Rúa, que tiene un local en la plaza Mayor. Sin embargo, para comer la cosa estará complicada en la capital limiana, ya que las taperías del casco viejo han cerrado. Para comer quedan pizzerías, hay cuatro en Xinzo capital.

En Barbadás, más de lo mismo, apenas alguna pizzería o local de comida rápida quedará para suministrar comida para llevar. «Tenemos una terraza con diez mesas, pero para trabajar al 30 % decidí cerrar directamente. Es imposible, no me salen las cuentas, con cuatro empleados y nosotros dos. Nuestra comida no es para llevar en táper, es carne a la piedra», dice María Luisa Fernández, del restaurante O Muiñeiro, quien dice no entender estas restricciones mientras centros comerciales y autobuses van llenos.

En Allariz, su amplia hostelería también ha cerrado en su gran parte, aunque permanecen tres establecimientos que servirán comida para llevar: O Pepiño de Allariz, Limia y Árgoma, estos dos últimos también sirven en terraza.

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