«El cambio climático provoca fuegos fuera de la capacidad de extinción»

El bombero forestal Manuel Martínez colaboró apagando fuegos en Bolivia


ourense / la voz

En Ourense, desgraciadamente, sabemos por experiencia propia mucho sobre incendios forestales. Y también de fuegos grandes, devastadores, peligrosos, pero que el servicio público de extinción consigue apagar, invirtiendo más o menos medios, más o menos tiempo, según su intensidad. En otras partes del planeta están sufriendo ya incendios a los que no estaban acostumbrados y que desafían la capacidad humana de extinción. Los ha visto Manuel Martínez, bombero del servicio de extinción de la Xunta con treinta años de experiencia, y que cada temporada dedica una parte de su tiempo a ayudar voluntariamente en países castigados por los incendios.

Por proximidad y por la potencia de los incendios que sufre, el vecino Portugal ha sido uno de sus destinos más frecuentes. Pero el pasado mes de octubre pasó un mes en Bolivia, colaborando para extinguir el fuego que azotaba una extensa área de la selva amazónica. «Portugal tiene un sistema similar y se adelanta a lo que puede ocurrir en Galicia. Están más al sur y tienen fenómenos más extremos que en Galicia, de momento», avisa.

Normalmente, Manuel viaja solo, con su tienda de campaña, su machete y se integra con los vecinos de los pueblos, aunque en esta última ocasión, por la situación inestable del país, fue a Bolivia con una organización. «Íbamos a donde nos mandaba el Gobierno boliviano, era un operativo bastante especializado y bien organizado, y la población local colabora en la extinción. Fuimos a un incendio grande, de 250 mil hectáreas», sitúa. Este bombero ourensano formó parte del equipo de análisis y estrategia y actuó directamente en la primera línea.

Aunque ya conocía cómo son los incendios en la selva -estuvo anteriormente en el Chaco argentino, con un terreno similar al de la selva seca boliviana, Martínez explica que sufrió: «En lugares aislados como Bolivia, el concepto de la extinción es la supervivencia. La selva es horrible para el ser humano, hay insectos, serpientes, todo te pica. Es un sitio bellísimo pero horrible», indica sobre la adaptación al lugar.

Bolivia era un país que hasta hace poco no estaba amenazado por grandes incendios. «Hoy están muy afectados y necesitan medios, equipos de protección individual que aquí ya no se usan y que allí les pueden ayudar. Los incendios generan mucha temperatura y allí son complicados, no hay caminos, no hay buldocer, hay que caminar horas, las zonas de control son los ríos. Un helicóptero llegó el día 30 del incendio. Es un sitio hermoso, pero la gente daba pena, para ellos el fuego es un problema, estaban desesperados para defender su tierra. Tienen una conciencia del medio impresionante; no utilizaban el fuego como aquí, que forma parte de la idiosincrasia y donde el sistema de extinción funciona bastante bien y da tranquilidad a la población», describe, a la vez que hace un llamamiento para que las autoridades puedan enviar a estas zonas los EPI o equipamientos que aquí no se utilicen porque han quedado desfasados pero allí pueden ser útiles.

La situación, en general, va a peor. «El cambio climático está provocando incendios fuera de la capacidad de extinción. Hay que tener conciencia del problema que viene», observa este bombero forestal. Para estar preparados, «la formación es clave, para, si se puede, elaborar una estrategia para atacar este tipo de incendios». California, Chile, Argentina, Paraguay son lugares que han sufrido grandes fuegos recientemente. En Galicia vivimos algo parecido en octubre del 2017. «La presión para la población fue terrible, fueron muchos incendios simultáneos y con cambio de fase al llegar la noche. El servicio de extinción actuó bastante eficazmente pero fue la interfaz más grande del mundo», recuerda sobre esos días. Otra forma de combatir, además de la educación y la formación, es la prevención, que también existe. Martínez apunta que hay que lograr bosques más resilientes al fuego. Menciona que especies como el eucalipto o el pino son propagadoras de incendios. «Un incendio normal puede llegar a convertirse en uno de sexta generación. Ya pasó en Portugal», advierte.

A diferencia del bosque mediterráneo, explica, «la selva no está hecha para quemarse, tiene humedad y cuando arde, lo hace de forma dramática. El suelo es pobre, sin mantillo. La Amazonía se perdió en los noventa, tienen cuatro mil incendios al día, en Bolivia eran ochenta al día. Allí hay incendios que arden 60 días sin parar, lentamente. La selva se está preparando para lo que va a venir, llevaban diez meses sin llover, nunca estuvo tan estresada», profundiza sobre la situación en ese país.

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