La mordaza de la víctima, clave en el juicio por un robo violento ocurrido en Seoane en el 2011

«No puedo explicar cómo apareció el ADN en una venda», sostiene el acusado, que niega haber estado en la casa asaltada


ourense / la voz

El crimen que llegó a juicio este jueves a la Audiencia de Ourense sucedió hace tanto tiempo, en el 2011, que una de las primeras cuestiones que tendrá que examinar el tribunal será si el asunto está prescrito o no. La defensa sostiene que sí y la Fiscalía que no, presentando una acusación por tres delitos -robo con violencia e intimidación, detención ilegal y lesiones- que computan de manera que aún se pueden juzgar. La sentencia dilucidará esta y otras cuestiones técnicas, pero a partir de esta premisa la vista oral se desarrolló igualmente, aunque a varios testigos les costaba recordar lo ocurrido.

Lo que quedó patente es que la víctima, Dolores, una mujer vecina de A Granxa, Seoane (O Carballiño), ya fallecida, sufrió un violento asalto en su casa, en la que se encontraba sola la mañana del 3 de noviembre del 2011. Una pareja -de la que formaba parte presuntamente el acusado, Iván L.C.- entró en la casa, la amenazó, la ató de piernas y manos y la amordazó con una venda y cinta aislante. La dejó atada a la barra de la cocina, después de robarle unos relojes, una cadena de oro y un disco. Rompieron con una radial la caja fuerte.

Los guardias civiles que hicieron la inspección ocular y la investigación contaron qué se encontraron en el domicilio y cómo recogieron los vestigios - venda y cinta americana con la que los asaltantes amordazaron a la víctima- y bridas con las que la ataron. La defensa llevó su línea de interrogatorio a si se pudieron contaminar indicios durante la recogida o en su posterior custodia. Porque la principal prueba para sentar a Iván J. C. en el banquillo de los acusados estaba en esa venda con la que amordazaron a la víctima. En ella había ADN de él. Hasta el 2016, cuando ese perfil genético saltó en la base de datos de la Policía Nacional, no se pudo vincular al sospechoso con este hecho. Para entonces, Iván J. C. había sufrido una detención en A Coruña y estaba fichado.

El acusado no reconoce los hechos, que se le imputan desde el 2018. En la fecha en que ocurrió el asalto, aunque vivía en Pontevedra, frecuentaba Ourense y O Carballiño para encontrarse amigos con los que consumía droga, declaró. Negó conocer Seoane, la casa donde ocurrieron los hechos o a la propietaria. «No puedo explicar cómo apareció el ADN en una venda en la casa», admitió.

El viudo de Dolores, que acudió desde O Carballiño a desatarla tras ser avisado por los vecinos, declaró que la víctima se quedó «en blanco», pero pudo contar que eran dos personas, un hombre y una mujer, con acento de aquí, y que el miedo que pasó «le quedó para siempre». La casa estaba toda revuelta, «como si hubiera pasado un huracán», dijo. Una vecina, extrañada porque llamaba y Dolores no contestaba, se acercó y vio unas piernas de hombre, con «botas de goma verde», que huyó por la puerta de atrás. Corrió a avisar. «El que la robó era un profesional y a ella le quedaron secuelas graves, lloraba todos los días», dejó caer esta testigo.

La Fiscalía solicita doce años y medio y la defensa, la absolución. La fiscala sostiene que no hay prescripción porque valora por separado la detención y el robo.

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