La hostelería resuena en toda la ciudad

Las distribuidoras apoyaron a propietarios de cafeterías y restaurantes

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La hostelería ourensana se hace oir con una caravana por la ciudad Casi doscientos coches participaron en la iniciativa, este jueves por la mañana

Ourense

Más de 150 coches recorrieron esta mañana la ciudad con el fin de poner el foco sobre la situación en la que se encuentra la hostelería ourensana. La caravana, que partió de la explanada de Expourense y pasó por las calles del centro de la capital hasta llegar a los bares que se encuentran a la entrada de la N-525, al final de O Couto, fue convocada por la Asociación de Hostalaría e Restauración Ourensá (Ahrou) con el apoyo de Véxote nos viños. «Lo gestionamos todo a través de las redes sociales. Sabíamos que iba a tener repercusión pero no pensamos que tanta. Estamos muy agradecidos por toda la movilización que hemos conseguido y también por la ayuda que nos ha brindado la Policía Local para poder llevarla a cabo con seguridad y sin perturbar el tráfico», explica Alex Castro, presidente de Ahrou. El propietario del bar Perla, en A Ponte, dice que iniciativas como esta son necesarias para hacerse oír. Lo consiguieron.

Desde las nueve y media de la mañana, el sonido de cláxones invadió la capital. Algunos ourensanos se asustaron con el estruendo, otros curioseaban entre ellos para conocer cuál era el motivo de la caravana hasta que veían los carteles de «Se Vende», «Xeración S.O.S.» o «¿Culpables de qué?» que colgaban en las ventanas de la mayoría de los coches. La reacción general fue el aplauso, aunque también hubo quién lamentó algún atasco generado. Vecinos de la calle del Progreso o de la avenida de Santiago no dudaron en apoyar la causa aplaudiendo y vitoreando a sus protagonistas. En esta última calle estaba Andrea Bahamonde, propietaria de la cafetería Auria Vella. «Ahora mismo solo tenemos activo el servicio de cafés para llevar y estoy yo sola, así que no podía unirme a la caravana en coche», explica la dueña de este local que en abril cumplirá cuatro años. «Me parece que hacía falta algo así, que llamase más la atención, para conseguir que nos oigan. Lo estamos pasando mal y lo cierto es que fue emocionante ver la implicación tanto desde la calle como desde los coches. Se me saltaron las lágrimas», afirma Bahamonde. «Mi casero me ha ayudado con el tema del alquiler y el hecho de tener a mis tres empleados en ERTE también rebaja un poco las pérdidas, pero de cara al futuro nunca se sabe», añade.

En su coche y sin dejar de pitar hizo el trayecto Claudio Iglesias, copropietario de la cervecería Mil Mañas, en la avenida das Caldas y miembro de la directiva de Ahrou. «Me ha sorprendido ver a tanta gente involucrarse. Estoy muy agradecido pero hacía mucha falta», explica. Su local está cerrado desde el 8 de octubre: «Las pocas mesas que tenemos en la terraza no nos darían ni para cubrir gastos y el mal tiempo tampoco animaba, así que decidimos bajar la persiana». Iglesias ha echado cuentas y admite que desde marzo en Mil Mañas acumulan 18.000 euros en pérdidas. Sus dos empleados están en ERTE. Aún así se muestra optimista ya que el ruido de este jueves ha servido para agilizar que les escuchen. «Hoy nos reunimos con el alcalde y con representantes de todas las fuerzas políticas para conseguir soluciones. Ellos son quienes más nos pueden ayudar en un momento como este», afirma.

Hosteleros unidos

Entre los objetivos de estas asociaciones están el conseguir ayudas urgentes para el sector o la exoneración de los impuestos municipales. «Estamos pagando por la recogida de basuras, por ejemplo, y no estamos generando nada porque estamos cerrados», apunta el presidente de Ahrou.

Una de las consecuencias positivas que más destaca de iniciativas como la caravana es la unión en el sector. «Es fundamental que todos juntos hagamos fuerza, que vayamos en la misma dirección y sepamos ponernos de acuerdo y reivindicar como un equipo», afirma Castro.

Así lo hicieron este jueves y además estuvieron acompañados por pequeños empresarios, autónomos y comerciantes de otros sectores que quisieron apoyar sus súplicas. Entre ellos destacó especialmente la participación de las empresas de distribución y proveedores de la provincia, a quienes el cierre de la hostelería también afecta de forma directa. Ejemplo de ello es la ourensana Disfrior, con sede en Barra de Miño. «Decrecimos un 43 % en la facturación en estos últimos meses y eso que hasta marzo íbamos en positivo y cada vez a más», explica Ana Estévez, propietaria de la empresa. Ella y su equipo se dedican a la distribución de helados y congelados a bares y restaurantes de toda la provincia desde hace más de 25 años. Ahora mismo la mitad de sus empleados está en ERTE y la cosa no parece que vaya a mejorar. «En toda nuestra historia nunca vimos algo igual. Nosotros vivíamos del verano gracias a la distribución de la marca Frigo, con lo ganado nos servía para tener un colchón el resto del año y sin embargo esta vez ni eso conseguimos», explica. «Duele mucho verse así porque es el trabajo de muchos años lo que se caería por la borda si tenemos que cerrar. Por eso vamos a apoyar todas estas llamadas de atención, para que nos ayuden», relata Estévez. Actualmente sobreviven surtiendo a gasolineras, a los restaurantes que continúan con el servicio a domicilio y a los bares de municipios como Celanova o Ribadavia, que todavía tienen permitido abrir. «Aún así no es suficiente. Los locales situados en esos pueblos viven mayoritariamente del turismo y de las visitas de gente de otros puntos de la provincia que al tener ahora restringida la movilidad no pueden ir», termina esta empresaria ourensana.

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