«Cos clientes, na peluquería do CHUO somos un pouco psicólogos»

La Peluquería Lurdes comenzó su actividad en el hospital el pasado 13 de julio


Ourense

Cuenta Lourdes Abad, peluquera de profesión, que hay quien sale de su establecimiento en el CHUO «arreglado por fóra e por dentro». El pasado mes de julio abrió la Peluquería Lurdes en el hospital de Ourense, después de que la primera ola de la epidemia retrasase su llegada al recinto sanitario. Abad regenta otra centro a apenas 200 metros de allí, en la calle Ramón Puga y prácticamente con los mismos servicios, así que ahora reparte su tiempo entre ambas mientras en la del CHUO ya trabajan tres de sus empleadas en el servicio de habitación. Desde las nueve de la mañana y hasta las ocho de la tarde, por el local desfilan pacientes y algunos familiares que prevén quedarse varios días. «Hai quen se encontra con que, unha semana despois, está sen cortar o pelo, sen afeitar ou sen facer a pedicura. Así que temos demanda, porque ó cabo dun tempo queren estar axeitados. E tamén se lle da servizo a xente da zona», dice Lourdes.

Entre cliente y cliente, pasan las vivencias. Para algunos, es solamente un trámite, un momento para someterse a su chapa y pintura particular. Para otros, una oportunidad para desahogarse. «Somos un pouco psicólogos», asume esta peluquera. Tras establecerse en el CHUO, casi coincidiendo con las fechas en las que había un menor número de casos activos de coronavirus en el área sanitaria, al hospital acudían pacientes con secuelas derivadas de la enfermedad y también sus acompañantes. «Emocionalmente, podes pensar que non lle pasará a ninguén da túa familia, pero pronto te decatas de que non é así. E eu quedo moi satisfeita do noso traballo e de axudar á xente, porque dedicarlle unhas boas palabras ós que veñen senta ben», explica la peluquera.

A su local acuden habitualmente usuarios del área de Oncología. No es una cuestión menor. Tras someterse a tratamientos de quimio o radioterapia, con la posibilidad de la pérdida casi total de pelo, no todo el mundo digiere igual el contraste visual posterior. Así que, cuando los afectados se sientan frente al espejo, no siempre llegan a identificarse consigo mismos. «Hai quen leva traumas grandes tras comezar con isto, e cousas que parecen pequenas, como adaptar unha perruca á cor e corte de pelo dunha persoa ata que case se vexa idéntica, hai a quen lle parece importante. E a nivel persoal, a ti compleméntache porque lle estás dando unha solución á persoa e ti tamén te sentes ben», agrega Lourdes.

Entre los servicios que ofrecen en la peluquería del CHUO hay tratamientos para cuidar el cuero cabelludo y paliar así los efectos secundarios de la quimioterapia tras las sesiones en el hospital. «E hai danos que son inevitables durante todo o proceso, pero pódense mitigar algunhas cousas. E tamén temos turbantes a disposición da xente que os necesite», dice. Si en una peluquería convencional la conversación entre empleado y cliente ayuda a que el trabajo fluya, en la del CHUO se da la situación de que ambas partes se aportan algo mutuo a mayores. Quienes entran por la puerta lo hacen a menudo cargados de preocupaciones. Sometidos al qué pasará o a la incertidumbre constante de su enfermedad o la de un allegado. Y ahí, hablar de todo y de nada a la vez puede ser una terapia inesperada que da frutos, al menos para evadirse por un rato. «Queremos axudarlles a que leven as cousas mellor», concluye.

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