8.000 familias pidieron ayuda al Banco de Alimentos en el último año

Cáritas prepara el reparto de 90.000 kilos de alimentos en parroquias de la provincia


ourense / la voz

En el Banco de Alimentos de Ourense están ahora mismo inmersos en el reparto de 240.000 kilos de comida. Se trata de productos no perecederos, como leche, aceite, arroz, conservas o alimentos infantiles, entre otros, procedentes del Fondo de Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas (FEAD). «Es verdad que estamos llegando al final de nuestro estocaje pero es algo que suele ocurrir en estas fechas, previas a la gran recogida», apunta Natalia González, coordinadora de la organización ourensana. Esta importante cita con la solidaridad se realiza cada año a mediados de noviembre y es la única campaña que organiza el propio Banco de Alimentos, con el fin de recaudar los que se entregarán a las parroquias y entidades con las que colabora, de cara a Navidad. «Este año lo haremos apoyándonos en las nuevas tecnologías. Todos los supermercados que ofrecen la posibilidad de compra online añadirán una opción en sus webs para que todo el que quiera pueda llenar un carro con productos para donar. De manera económica, las donaciones se podrán hacer también mediante transferencia bancaria o en las cajas de los supermercados a través de la compra de cheques simbólicos», explica Natalia.

La llegada del coronavirus y del estado de alarma se tradujo en un significativo incremento de donaciones al Banco de Alimentos ourensano. «Entre marzo y junio se produjo un bum impresionante de solidaridad, era una constante de recibir y dar. Ahora estamos notando que ya no hay tanta participación ni ofrecimiento», dice Natalia. Para suplir ese déficit de colaboración surgen campañas como la que acaba de poner en marcha la inmobiliaria ourensana Somos Vivienda. Para ello, cuenta con la colaboración de otros cinco negocios locales, todos puntos de recogida a su vez, que son 4 Elementos, Frank, Fotopassion, Carnicería de Pueblo y el Box 001 de Crossfit Ourense. La iniciativa, que tiene por lema Contigo somos más, termina mañana.

Más allá de lo que cabría esperar, el covid-19 no ha provocado un aumento del número de familias que solicitan la ayuda de la organización en la provincia. Aunque el Banco de Alimentos no trabaja con particulares directamente, uno de los requisitos que exigen a las entidades adheridas es que cada persona o familia que solicite su ayuda tiene que pasar por Servicios Sociales para que valoren que necesita este apoyo, y después tienen que presentar el listado de toda la gente que atienden a la Subdelegación del Gobierno. «Damos servicio a 8.000 familias en la provincia. Se han incrementado las solicitudes en el barrio de Santa Teresita y en O Vinteún y sin embargo en el centro han disminuido de forma notable», explica Natalia. «Aún así, la situación acabará provocando que el número de familias aumente, ya que hay muchas personas que se han quedado sin trabajo a consecuencia de esta crisis», añade.

La pandemia también ha influido en la organización de los voluntarios del Banco de Alimentos. Actualmente solo se mantienen las tres personas que colaboran de forma diaria. «La mayoría de voluntarios con los que contábamos tanto para la colocación y distribución de productos en el almacén como para la recogida en distintas cadenas de supermercados eran mayores de 65 de años, así que por responsabilidad sanitaria hemos considerado que era mejor prescindir de su colaboración hasta que la situación mejore», termina Natalia.

Ayuda desde 28 parroquias

En el local de Cáritas próximo a la parroquia de Santiago de As Caldas se afanaban este miércoles varios voluntarios y un usuario de la asociación, Nicu, rumano y con media vida a sus espaldas entre Burgos y Ourense. Son un total de 28 las Cáritas parroquiales de la ciudad y las villas de la provincia que participan en el reparto de 90.000 kilos de alimentos procedentes del FEAD, a través de Banco de Alimentos y Cruz Roja. Llegarán a cuatro mil personas.

Mari Carmen Pintos, una de las coordinadoras del reparto, cifra en 179 las familias de la parroquia que son demandantes de estas ayudas, que alcanzan a casi 500 personas. «Desde que comenzó el mes de marzo se ha incrementado la demanda, a causa de la epidemia», cuenta. Algunos tenían trabajo, pero lo perdieron. Otros entraron en ERTE, pero sus ingresos no bastan para llegar a fin de mes. El virus, dentro de sus muchas consecuencias, se cebó con quienes ya estaban en el filo de la navaja o tenían dificultades para vivir holgadamente. «Y esto tardará un tiempo en remitir, así que somos consciente de que no debemos abandonarles», dice Pintos.

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