«Quisimos romper el aislamiento del paciente, pero el covid-19 no nos dejó»

Belén Piñeiro es la responsable del servicio de Atención al Paciente y Humanización del CHUO

Azucena Alonso, del área de Innovación en el CHUO, y Belén Piñeiro, de Atención al Paciente
Azucena Alonso, del área de Innovación en el CHUO, y Belén Piñeiro, de Atención al Paciente

ourense

Los avances del programa de humanización en el área sanitaria se encontraron en marzo con un obstáculo inesperado: el coronavirus. A Belén Piñeiro, coordinadora del proyecto y del servicio de Atención al Paciente en el CHUO, le tocó entonces gestionar cómo mantener la conexión de los ingresados con sus respectivas familias. «Estar hospitalizado no es sencillo, y tener una mano amiga es importantísimo», comenta.

-¿Cómo salvaron el paso para recordar que esa «mano amiga» seguía ahí?

-Hubo varios proyectos en los que estuvo implicado desde el primer momento el personal de enfermería. Se puso en marcha la «Operación Esperanza», para mandar cartas de ánimo a los afectados que estaban ingresados. Fue muy duro. Y también se recibían vídeos y dibujos que los miembros del equipo de Informática ayudaban a volcar en las pantallas de la habitaciones. Se hizo en los comarcales y en Piñor, por ejemplo, pero también ayudaron mucho las videollamadas, para ver en directo a los familiares.

-¿Esa última vía sigue operativa?

-Se reactivó tan pronto volvió a haber ingresos con la segunda ola del virus. En el mes de agosto se entregaron nuevamente las tabletas en las plantas covid-19. La vía telemática se contempló en este momento de pandemia por la situación de aislamiento de los pacientes en las plantas covid-19 y por las restricciones de las visitas, pero entiendo que nada puede sustituir la presencialidad de la familia durante la enfermedad, para acompañar en momentos que siempre son duros.

-¿La limitación de las visitas generó dificultades?

-Fue complicado. Cuando empezamos con el proyecto de humanización y los planes de voluntariado queríamos romper el aislamiento del paciente, pero el covid-19 no nos dejó. Y la situación nos obliga por ahora a mantenerlo.

-¿En qué punto está ahora el programa de voluntariado que se iba a poner en marcha en el CHUO?

-Era una línea que queríamos trabajar y a la que llevábamos dándoles vueltas desde hace ya dos años. La idea era desarrollar un proyecto de voluntariado propio con la ayuda de la Asociación Española Contra El Cáncer (AECC) y la Cruz Roja. Coordinándonos entre las tres partes, y también con la Universidade de Vigo, aprovechar el banco de voluntarios que ya existiese previamente para que todos pudiésemos sumar y, de paso, cubrir todos los espectros del área sanitaria, no unidades en concreto. Pero al declararse el estado de alarma, el voluntariado presencial se anuló.

-¿Qué ideas se quedaron por el camino por esta situación?

-En nuestro caso había unas 25 personas que se habían anotado a través de la Consellería de Política Social en torno a febrero y marzo, antes de que comenzase la epidemia. Cada uno, con su disponibilidad horaria, se mostraron dispuestos a ayudar. No todo es acompañamiento en hospitalización, porque hay quien quiere echar una mano realizando lecturas a los pacientes o incluso poniéndoles música. De hecho, también se quedó en estado de espera el convenio que se firmó con la Asociación Galega de Musicoterapia, que era otra de las líneas que queríamos desarrollar y en la que pusimos muchas ilusiones.

-¿Y los médicos jubilados? ¿Se sopesa reanudar los grupos de trabajo con ellos tras su participación durante la primera ola de la epidemia?

-El chat que teníamos abierto con ellos sigue activo. Durante los primeros meses colaboraron con nosotros a través de un call center para resolver dudas o consultas de posibles afectados por el virus. Seguimos todos con la misma ilusión, y sabemos que ellos están ahí por si en algún momento hubiese que retomar esa cuestión. Y ojalá no tuviese que ser así, porque eso significaría que la situación sanitaria mejora, pero estaremos en contacto el tiempo que haga falta.

«En esta segunda oleada se puso en marcha el reparto de libros para los ingresados»

Aquellos que van saliendo del bache tras padecer el coronavirus necesitan tiempo para asumir lo que ha pasado y, a continuación, hacer vida normal. Y en el CHUO, durante esta segunda ola de la epidemia, se está intentando que los que pasan a hospitalización en planta se embarquen en el mundo de la lectura.

-Ustedes denominan estas iniciativas como «cuidados invisibles». ¿Por qué?

-Creemos que son pequeños detalles para poner en valor el papel del personal de enfermería. Primero colaboraron con las videollamadas entre pacientes y familiares. Y ahora, se están repartiendo periódicos y libros de autoayuda para aquellos que van mejorando tras sufrir la enfermedad. Las trabajadoras del CHUO son realmente proactivas con esto. Ahí está el proyecto «Bibliosaúde», con el que se pensó que era buena idea sacar los libros de la biblioteca del hospital para llevarlos a un catálogo plastificado y que los pacientes supiesen que están a su disposición. En este sentido, los jóvenes tiran más hacia los libros. Y los más mayores, hacia el periódico en papel.

-¿Y en lo referente a las consultas informativas? ¿Qué se encontraron?

-Durante la pandemia se intentó que todo lo que no fuese necesariamente físico se hiciese por vía telefónica. Y es cierto que hubo algo más de revuelo sobre qué debía hacerse en persona y qué no. Por ejemplo, se recibieron muchas consultas sobre si las citas se mantendrían o no, pero también sobre el procedimiento a seguir en el caso de gente que tenía parientes o personas cercanas hospitalizadas y no sabían cómo ponerse en contacto con ellas.

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