«Pensaba que mi madre no podría ir al entierro de mi padre, y ahora los dos están mucho mejor»

Ángel Fernández relata los días en los que sus dos padres estuvieron hospitalizados


ourense / la voz

Arturo Fernández y Margarita Vázquez se hicieron las pruebas del coronavirus en marzo. Un positivo en el bar donde él iba a jugar la partida hizo saltar las alarmas. La sorpresa fue grande, sobre todo para Arturo. Le dijeron que era positivo, pero asintomático. Y así pasó la cuarentena. Él y su mujer disfrutaron del verano en la playa y con el mal tiempo, a mediados de septiembre, regresaron a casa. Un día despertó con fiebre y avisó al médico. «Le dijeron que ya lo había pasado y que tenía los anticuerpos, por eso daba positivo. Que se tomara paracetamol, que podía ser un resfriado», explica su hijo Ángel. Tras casi dos semanas de malestar general, decidió ir al hospital. Un día después estaba en la uci en reanimación y entubado. Días después Margarita se encontró mal. Alertada se hizo las pruebas. También dio positivo y también ingresó en el CHUO. Con sus dos padres hospitalizados, a Ángel se le vino el mundo encima. Su padre estaba muy mal y su madre, convaleciente. «Hubo un momento en el que solo pensaba que mi madre no podría estar en el entierro de mi padre y ahora los dos están mucho mejor», explica emocionado.

«Le dijeron que ya lo había pasado y tenía anticuerpos, que se tomara paracetamol, que ahora podía ser un resfriado»

La historia de Arturo y Margarita es la de la esperanza. «Mi padre entró un día andando en el hospital, ingresó, al día siguiente fue a la uci y esa noche ya estaba sedado, intubado y boca abajo», explica para relatar lo duro de la situación. Tras días críticos y con Margarita ya en casa guardando cuarentena, llegó la feliz noticia: podían verlo, aunque a través de una videoconferencia en la que Arturo no pudo hablar, aunque sus ojos lo decían todo. Fue el jueves de la semana pasada. «Cada día es una alegría aunque al principio era todo negro. Es muy fuerte y su corazón está perfecto. Cuando nos llamaron para poder verle la cara fue muy emocionante. Estábamos todos en casa de mi madre. ¡Imagínate! Mi madre empezó a llorar y solo podía decir ‘te quiero, te quiero, te estamos esperando, ten fuerza'. Él tenía los tubos puestos y no podía hablar pero nos entendía perfectamente», relata con la voz entrecortada. El fin de semana fue muy bueno y Arturo ya respira solo y no tiene sedación. «Ahora tenemos un problema: nos dijo el médico que no para de hablar y de preguntar», dice entre risas Ángel. Continúa en buen estado aunque no han podido hablar con él. «Ahora estamos muy animados y esperanzados. Puede haber un revés pero de momento todo va bien».

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