«Para vender muchos seguros hay que ponerse siempre en la piel del cliente»

La empresa familiar quiere expandirse al territorio nacional desde su sede en A Ponte


ourense / la voz

Amoeiro Rincón es el nombre que está detrás del sueño de Emilio Fernández, un invidente ourensano que ha involucrado a toda la familia en su reto de convertir lo que comenzó como una agencia de seguros en el 2004 en una correduría que quiere expandirse por todo el territorio nacional. Padre, mujer y dos hijos están en el empeño y para ello acaban de mudarse a unas modernas y amplias instalaciones en la avenida das Caldas, en el corazón del barrio de A Ponte.

La apuesta de Emilio Fernández viene respaldada por una trayectoria salpicada de logros profesionales, primero como agente de seguros en exclusiva de Mapfre. En el 2011 se incorporó al negocio su hijo Martín. Dos años más tarde fue el turno de su otro vástago Javier y, por fin, en el 2017 se sumó al proyecto su mujer María Amada Figueiral. Solo un año más tarde nacía la correduría de seguros en un pequeño local de la calle Vicente Risco. ¿Cuál es el secreto que avala este crecimiento? Emilio Fernández lo tiene claro: «Para ser un buen vendedor de seguros lo fundamental es no mentir nunca y ponerse en la piel de la persona a la que estás atendiendo».

En tiempos donde las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental y en el que cada vez son más los clientes que apuestan por una contratación en línea, la correduría Amoeiro Rincón reivindica el trato humano. «La gente quiere un rostro al que poder preguntarle si las cosas vienen mal dadas. En ese sentido, el estado de alarma potenció un poco el papel del corredor de seguros de toda la vida. Además, en Ourense tenemos un perfil de clientes de gente mayor que todavía sigue apostando por este tipo de atención», explica Martín Fernández.

Eso no quiere decir que la correduría ourensana no esté a la última en nuevas tecnologías. «El confinamiento nos sirvió para darle un empujón a ese departamento y contamos con una aplicación propia para que nuestros clientes tengan también ese servicio», indica Javier Fernández. Una pregunta que no puede faltar en este tipo de negocios familiares es cómo se lleva el hecho de trabajar entre padres e hijos. «Las decisiones las tomamos de manera consensuadas y no hay mayores problemas. Para nosotros en el trabajo Emilio es como un jefe más y al salir de trabajar ya se recupera el trato familiar», señala Martín.

Emilio Fernández reconoce que el momento es complicado para expandirse, pero considera que tienen una base sólida para crecer: «Nuestra apuesta por llegar a otros rincones de España y de crecer nos pilló en plena pandemia, pero ya no había vuelta atrás».

Para dar ese paso adelante, la correduría especializada se divide en cuatro departamentos: administración, con María Amada al frente; particulares y autónomos, con Javier como responsable; empresas, donde Martín lleva la voz cantante; y colaboradores, que está gestionado por Emilio, que además ejerce la dirección técnica de la correduría a la que aporta su amplia experiencia que estuvo avalada por distinciones profesionales.

Emilio, un ejemplo de superación que hace de su ceguera un valor añadido para la empresa

«Por mi ceguera, lo que otros corredores de seguros pueden apuntar en una agenda o en un ordenador, yo tengo que tenerlo todo en la cabeza», resume con modestia Emilio Fernández. Su discapacidad ha logrado convertirla en un valor añadido en su trabajo y es todo un ejemplo de superación para sus hijos, que han visto cómo su padre ha superado todos los obstáculos hasta llegar a alcanzar su sueño, el de tener una correduría de seguros. «No es una traba, ni mucho menos. Además, las nuevas tecnologías también nos permiten hacer cosas que antes no podíamos», señala Emilio. De hecho, el reportaje se realizó a través de una videoconferencia, un sistema que se ha convertido en Amoeiro Rincón en pieza básica desde el estado de alarma.

Esa sensibilidad por la gente con discapacidad está muy presente en la compañía. En el proceso de expansión en el que están inmersos han incorporado a cuatro trabajadores, de ellos dos llegan directamente desde la Fundación ONCE, a través de un programa de inserción laboral con el que Emilio se siente muy identificado. «Son gente no solo tan válida como el resto, sino que aportan un plus», concluye.

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