La hostelería se adapta para sobrevivir

Las cafeterías reinventan su oferta para evitar el cierre de sus locales


Ourense

Las nuevas restricciones han golpeado con fuerza al sector de la hostelería. Algunos propietarios no han encontrado otra solución que cerrar sus puertas temporalmente. Otros se han reinventado para, adaptándose a lo que las circunstancias les permiten, continuar dando un servicio a sus clientes. Este es el caso de La Pipa de Kif, situada en la calle Valle Inclán. Ya que no podía servir ni en el interior del local ni en la terraza, a José María García, propietario del café, se le ocurrió que podía ser una buena idea sacar sus propuestas a la puerta y ofrecérselas a sus clientes en un servicio para llevar. Cada mañana, de 8.30 a 12.30 horas, una vitrina de pinchos salados, bollería y bizcochos caseros preside la puerta de La Pipa de Kif. «Tenemos un gran porcentaje de clientes que trabajan por la zona y vienen cada día a hacer la pausa aquí. Se nos ocurrió esta idea con la intención de seguir al lado de la gente y continuar sirviéndoles su café y su pincho diario», explica José María. Empezó hace una semana y parece que la iniciativa ha tenido una buena acogida.

«Eu traballo xusto enfronte e fago sempre o descanso aquí. A verdade é que veño todos os días e agora igual, se non chega a sacar esta proposta para levar a min faríame unha faena porque tería que vir cun taper», explica la limiana Ermitas Caamaño, enfermera en el centro de salud de Valle Inclán. El ourensano Luis Guillermo Álvarez trabaja en un despacho también al lado de la cafetería. «Desayuno en La Pipa todos los días antes de entrar. Prefiero tomármelo sentado en el bar pero mientras no se pueda hacer otra cosa, vendré cada mañana a cogerlo para llevar», explica.

También han tirado de ingenio en la cafetería Escher, en la calle Progreso. Solo pueden tener habilitadas tres mesas en la terraza. Debido a la reducción del espacio y a la amplia afluencia de clientes a la que están habituados por las mañanas, han limitado el tiempo para consumir. «Sobre todo viene gente que está trabajando y va con prisas, por eso decidimos poner un tiempo máximo de diez minutos por mesa. Lo que queremos es asegurar que todos tengan sitio cuando vengan y, por supuesto, es algo orientativo», explica Roberto Seco, dueño del café. También ha modificado su horario y ahora cierran a las cinco de la tarde. «Trabajamos las horas punta. Estas son las formas que hemos encontrado para recortar gastos. No estamos ganando dinero pero al menos vamos cubriendo facturas», afirma el hostelero. No es el único que ha limitado el tiempo en la mesa a sus clientes, en La Coruñesa tienen 30 minutos.

El cambio de horario de atención al público es una medida de ahorro que también han aplicado otros restaurantes de Ourense. El Habana 83 es uno de ellos. De la atención continua ha pasado a abrir en dos franjas, de 11.00 a 17.00 horas y de 19.30 a 00.00 horas. También el estrella Michelin ourensano, el Nova, abrirá las próximas tres semanas solo durante los fines de semana. Viernes y sábados, en horario de mediodía y cena; y domingos solo para comer. «Lo cierto es que teníamos planificadas las vacaciones para esta fecha y lo que hemos decidido es adaptarlas. Aprovechando que la demanda ha bajado, entre semana descansaremos», apunta Julio Sotomayor, propietario del negocio junto a su primo Daniel Guzmán.

La forma de adaptarse más común en el sector hostelero ha sido la implantación del servicio de comida para llevar o a domicilio. En Pacífico, que cerró sus puertas el primer día de las nuevas restricciones, acaban de ponerlo en marcha. La propuesta arranca de cara a los fines de semana -los pedidos disponibles para este se agotaron en apenas unas horas-. Desde un café y una pieza de bollería, al pack completo de desayuno. Lo puedes recoger o te lo llevan a casa. «No sé estar quieto y este es uno de los proyectos que más ilusión me hacía llevar a cabo. Si nuestros clientes no pueden venir a Pacífico, que al menos seamos nosotros los que lleguemos hasta sus casas», dice Francisco Domínguez, chef al frente del café de la calle Pena Corneira. A Celanova también ha llegado el servicio a domicilio. Daniel Martínez, de la tapería O Bodegón, ha puesto en marcha la propuesta después de 26 años con el negocio. «Es lo que nos está salvando y la verdad es que no podemos quejarnos porque va funcionando bien. De todas formas hay gente que ya no volvió desde el inicio de la pandemia», apunta Daniel. Lo que más sale es el pulpo á feira, las pechugas con nata y la lengua estofada. «Es comida típica gallega, por eso a mediodía recibimos bastantes pedidos», finaliza el celanovés.

«Quiero que la gente disfrute de la alta cocina en sus hogares»

Al hostelero David Arenillas los imprevistos no le detienen. En pleno confinamiento empezó a dar forma a su proyecto, Arroutada, que vio la luz hace apenas un par de meses. Es lo que él mismo describe como una cocina fantasma. En ella crea y prepara diferentes platos a diario para que sus comensales los degusten en sus casas. No hay salón ni terraza que valga. Solo el chef ourensano y su cocina. «Quiero que la gente pueda disfrutar de elaboraciones de alta calidad pero en sus hogares», dice David. Sus fogones, y el lugar en el que recoger los pedidos, están en la calle Zurbarán, en O Couto.

El servicio consta de dos líneas, una más tradicional, dirigida a los vecinos de la zona, con el fin solucionarles la comida más a diario. Croquetas, bonito de Burela en escabeche, albóndigas o costilla de cerdo son algunas de las opciones. Otra más especial, la línea Arroutadas. «Aquí me vuelvo más creativo. Es cocina de fusión en la que plasmo la inspiración de distintos viajes», afirma el chef ourensano. Se trata de curri verde vegano tailandés, bocadillo de cerdo desmigado, chipirones rellenos... También hace menús concretos y platos del día. Distintas opciones para adaptarse a las necesidades de cada cliente.

«Es posible consumir en un restaurante de forma segura»

La hostelería de Ourense empieza a notar la respuesta del público de la ciudad ante las distintas opciones que han llevado a cabo con el fin de sobrevivir a la crisis. Después de tener que cerrar A casita do pulpo, el hostelero José Gómez ha lanzado el servicio a domicilio desde su local más emblemático, A casa do pulpo, en plena zona de vinos ourensana. «Hemos organizado unos combos de pinchos con los que más suelen salir (lomo con queso, burger bao...). Nuestra pretensión es la de actualizarnos, poder seguir trabajando y llegar a todas las casas», explica José, que tiene todavía otro local más en la ciudad, A casita do pulpo Parrillada. Del total de su equipo, 16 personas, actualmente solo 6 no están en un ERTE. «Mi intención es, por supuesto, que la situación mejore y recuperar a todos mis empleados», apunta.

Clientes habituales de A casa do pulpo como Liliana López y Marcos Barreiros intentan mantener su apoyo al local en la actualidad. «Este era el punto de encuentro con nuestros amigos para los fines de semana», explica Liliana. Paralizada la vida social, este matrimonio ourensano sigue consumiendo en los sitios a los que iban, bien yendo en familia, junto a su hijo pequeño, o pidiendo desde casa. «Aquí estamos tranquilos porque sabemos que se cumplen las medidas sanitarias al dedillo», apunta Marcos. «Hemos probado ya el servicio a domicilio y la verdad es que estamos encantados. La comida llega perfecta y es otra forma de apoyar a la hostelería local, pero desde casa», explica ella. «Al final, restaurantes como A casa do pulpo tienen una cocina tradicional, por lo que son totalmente diferentes a la oferta a domicilio que había en la ciudad hasta ahora», recalca su marido. Y las opciones no paran de multiplicarse, ya que el servicio para llevar o para recibir en casa es una de las soluciones que más están poniendo en marcha los hosteleros de la provincia. «Es posible una hostelería en la que se cumplen las medidas de prevención al máximo y por tanto es posible consumir en un restaurante de forma segura», termina Liliana.

begoña vázquez. regueiro da cova

«Cando falaron de só convivintes pensei nun menú para parellas»

La cocinera Begoña Vázquez tiene dos locales en Verín. Por una parte, este miércoles cerró las puertas de su tapería O Souto das Candeas, sumándose al acuerdo al que llegaron Concello y hosteleros con el fin de frenar el avance de contagios en el municipio. Sin embargo, en el caso de su restaurante, Regueiro da Cova, ha decidido seguir adelante adaptándose a las restricciones. Como reclamo para una época tan complicada como la actual, a esta chef optimista y llena de energía se le ocurrió crear un menú degustación especial para parejas. «En canto dixeron que só poderían vir convivintes foi o primeiro que se me ocorreu. É un momento para tirar de imaxinación e intentar facer as cousas o máis bonito posible», explica Begoña. «En Verín case non se celebra San Valentín porque coincide co entroido a maioría dos anos, así que pensei que esta era unha boa oportunidade para desfrutar dun momento romántico», continúa.

Los menús que ha preparado tienen un precio de 30 euros por persona e incluyen elaboraciones como croquetas de jamón de pato y boletus, arroz caldoso de zamburiñas y langostinos o salmón con naranja y aguacate. Los ingredientes principales de sus platos son siempre de kilómetro cero. «Para min é moi importante axudar aos produtores da zona, creo que máis que nunca hai que prestarlles atención e axudarlles a sobrevivir tamén. Ademais de que o que teñen é o mellor», explica. La chef verinense afirma que por ahora la demanda está siendo muy floja pero espera que mejore de cara al fin de semana. También ofrece la comida para llevar: «Neste sentido a cousa funciona un pouquiño mellor. Estes días non hai ninguén pola rúa, a xente prefire quedar na casa».

En Regueiro da Cova siguen todas las medidas de seguridad y toman los datos de todos sus clientes con el fin de estar preparados ante un posible brote. «Teñan reserva ou non sempre lles tomamos nota do nome e do teléfono. Facemos todo o que podemos e só agardamos que a situación mellore», termina esta hostelera de Verín.

montse rodríguez. pazo do castro

«Luchamos por darle salida a los alimentos»

En el restaurante Pazo do Castro, en O Barco, están acostumbrados a tener una gran afluencia de clientes cada fin de semana. También es común que de lunes a viernes visiten su salón un gran número de trabajadores de la zona o turistas que vienen de fuera de Ourense. La implantación de las nuevas restricciones hizo que la demanda de este establecimiento barquense disminuyese. Por este motivo han decidido desarrollar el servicio de comida para llevar. «Somos un restaurante con mucha actividad. Aquí se celebran un gran número de jornadas gastronómicas y también presentamos menús distintos cada fin de semana. Hace apenas quince días cambiamos la carta para adaptarla al otoño-invierno, con productos de temporada. Todo ello provoca que tengamos un montón de stock preparado. Luchamos por darle salida a los alimentos y esta es la manera que tenemos de hacerlo, intentando estar presentes en las casas de los valdeorreses», explica Montse Rodríguez, gerente del local. La opción de recoger la comida la estrenaron en junio, durante la desescalada, y la quitaron en verano, pero estas nuevas restricciones la han vuelto a poner en marcha.

«En Valdeorras no existe mucha tradición de llevarse para casa la comida de restaurantes, de hecho es que no hay plataformas que se dediquen al reparto a domicilio, pero creo que poco a poco se puede ir creando, especialmente ante una situación como la actual», afirma. Pazo do Castro da la posibilidad de recoger en el establecimiento tanto menús del día como elaboraciones pensadas y preparadas para ocasiones más especiales. «Por lo que llevamos hasta ahora, el servicio de pedidos para llevar funciona mejor el fin de semana. En el caso de clientes que vienen a comer aquí, estamos teniendo mesas de parejas y también de matrimonios con niños pequeños como máximo. No pueden venir pandillas de amigos y eso lo estamos notando mucho», termina Montse.

Willy Marcano. Bar Tolo

«Tenemos muchas facturas atrasadas y hay que pagar»

Hace apenas año y medio Willy Marcano abrió su propio establecimiento. En el Bar Tolo, situado en la calle Doctor Fleming de la capital, trabajan él y su mujer y con eso mantienen a sus dos hijos. Las últimas restricciones implantadas por la Xunta dejaron a Willy sin posibilidad de servir en el interior de su local. Al no tener terraza, este hostelero venezolano se veía obligado a cerrar su bar, pero se le ocurrió una idea con la que mantener su actividad y es a través del servicio para llevar. Ha colocado una barra en la entrada, un gran expositor con bebidas y comida que la gente puede pedir y llevárselo. «Servimos todo lo que ofrecemos normalmente pero para que se lo tomen en casa», explica. Los clientes que pasen por allí pueden encargar tanto bebidas calientes como refrescos de lata. También cocinan hamburguesas, bocadillos e incluso a veces se lanzan a preparar algunos platos venezolanos. «Somos de Venezuela y sabemos que hay vecinos por la zona a los que les gusta probar la comida de allá», amplía.

Willy ha reducido el horario y ahora abre solo hasta las cinco de la tarde. «Cuando más clientes teníamos era por las mañanas. Venían a tomar café. Entre nuestros clientes de siempre había algunos más jóvenes que solían venir a cenar algo rápido». Ahora lo consumen pero para llevar. «Notamos que la gente está muy confinada. Poco a poco estamos viendo que vienen a pedir más y eso nos anima. Confiamos en la constancia y en el esfuerzo diario», dice el hostelero. «El bar es nuestro único ingreso. Tenemos muchas facturas atrasadas y hay que pagar. Esta es la última carta que nos queda, hemos apostado por continuar adelante con este servicio a ver si así al menos recuperamos lo que vamos invirtiendo. Si no funciona vamos a tener que cerrar», concluye el propietario del Bar Tolo.

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