Los sanitarios, en ruta para vacunar contra la gripe fuera de las consultas médicas

El temor al coronavirus y las aglomeraciones incentiva los desplazamientos a parroquias


ourense / la voz

A las puertas del local vecinal de Prados (Coles), estaba Pincho. En el primer día de la campaña de vacunación contra la gripe en la parroquia, el perro hacía cola a su manera. «E en realidade el é como unha persoa», bromeaba su dueña. En torno a treinta vecinos de las aldeas cercanas se congregaron para someterse a la inyección al mediodía de este viernes, en la ronda de desplazamientos comarcales que está llevando a cabo el personal sanitario del centro de salud de Coles. No es una medida tomada al azar. Además del temor al covid-19, médicos y enfermeras han optado por moverse a los núcleos poblacionales para evitar saturaciones en el interior de los recintos sanitarios y sus inmediaciones.

A priori, el propósito de la medida parece claro: a menos gente en un mismo espacio, menos probabilidades de hipotéticos contagios simultáneos y, a mayores, facilidades para que los vecinos, que en algunos casos superan ampliamente los 60 años de edad, se vean forzados a subirse a su automóvil. Sagrario Sevilla, enfermera en el centro de salud de Vilamarín y coordinadora de la campaña en las poblaciones del municipio de Coles, desgrana el proceso: «Este año, para organizarnos y no juntar demasiados usuarios por la pandemia, se lo ofrecimos al Concello. En colaboración con ellos y con Protección Civil, vamos a asociaciones de vecinos que tienen sus locales limpios y organizados. Y es un reto importante para la enfermería, porque implica desplazamientos ideados para evitar posibles contagios».

Chus Agregán, de 69 años y sanitaria jubilada, fue una de las primeras en dejarse caer por el local social de Prados. Lo hizo con su chaqueta de punto para combatir el frío matutino. En Coles, pese a que se detectaron casos de coronavirus, la dispersión poblacional parece aportar algo más de tranquilidad a sus residentes. «Aquí estase ben. Eu teño un piso en Ourense e nin me acordo de que o teño aí», decía Agregán. Ella se vacuna todos los años contra la gripe. «Pero tamén hai que ter en conta unha cousa. Que a cepa da gripe muta co paso dos anos, así que non sempre é a mesma», advierte.

Mientras hablaba, los vecinos iban llegando a la zona. Allí esperaba el personal de Protección Civil, soporte vital para organizar la seguridad en los recintos donde se lleva a cabo la vacunación. Uno de los participantes portaba un megáfono. «Por favor, los no convivientes que estén al menos a metro y medio de distancia entre sí. Los que vivan juntos, pues podéis seguir juntos», gritó.

En el interior del centro social, antaño un colegio, comenzaron a entrar vecinos que seguramente, en el pasado, cruzaron esa misma puerta siendo niños. La media de edad aproximada de los que acudieron a vacunarse en Prados estaba en torno a los 50 años. Algunos, como Antonio, de nacionalidad italiana y con una operación pendiente en una pierna, agradecían no tener que moverse hasta el centro de salud. «Pero también por el coronavirus. Ahora mismo, si tengo que ir a una consulta por la operación, prefiero posponerla», decía.

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El centro de salud de A Ponte, en movimiento por la campaña de vacunación contra la gripe El personal sanitario se desplazó este viernes a la asociación vecinal de Ponte Canedo

En A Ponte, del rural al urbano

Este jueves, unas 400 personas pasaron por el local de la Asociación Santa Teresita, en el barrio de O Vinteún, para vacunarse contra la gripe. Hasta allí se acercó personal sanitario del centro de salud de A Ponte, que este viernes repitió desplazamientos hasta el espacio vecinal de Ponte Canedo. Juan Fernández, coordinador sanitario en A Ponte, estima que al mediodía habían pasado por allí unos 190 ourensanos.

«Es impresionante lo contenta que está la gente de que vayamos a vacunar por las asociaciones. Muchos no vienen hasta el centro de salud por el miedo al virus y también porque no todos ven sencillo gestionar la cita por Internet. Algunos lo ven como un engorro», cuenta.

En este sentido, los que optaron por vacunarse en las asociaciones lo hicieron sin llamada previa. Bastaba con presentarse en el lugar. «Y una vez que llegan allí, los vamos anotando en el ordenador. Tenemos que agradecer las medidas que toman los miembros de Protección Civil para que nadie se agolpe en las inmediaciones», dice Fernández. Es la primera vez que ejecutan esta estrategia de moverse para vacunar contra la gripe en las zonas urbanas adscritas al centro de salud de A Ponte. Antaño, ya lo hacían en áreas de carácter rural como Castro de Beiro o Palmés. «Sabemos de gente que estaba haciendo cola ante el centro de salud, se enteró de que estábamos vacunando en las asociaciones, y vino hasta allí para evitar los tumultos», cuenta Fernández.

Por ahora, de todos los vecinos que ya han acudido a vacunarse, el coordinador de A Ponte estima que aproximadamente un tercio tenía menos de 60 años. Pero el reto, como ha sido siempre, no es llegar solo a la población de riesgo, sino a todos los usuarios posibles.

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