Leonardo Lemos: «El rostro de la Iglesia es femenino»

El obispo de Ourense estaba destinado a ser militar, pero el sermón de un capellán castrense retirado cambió su vida

Leonardo Lemos, obispo de Ourense
Leonardo Lemos, obispo de Ourense

Ourense

Al entrar en el Obispado de Ourense, a las doce en punto, los trabajadores están en el vestíbulo, rezando el Angelus, con Leonardo Lemos (Fene, 1953) a la cabeza. Cuando termina le toca confesarse, pero esta vez ante una grabadora.

- Menudo año.

- Está siendo muy complicado, casi desde que comenzamos la cuaresma, hablando en terminología religiosa. A nosotros nos ha trastocado muchos proyectos, uno muy importante que estaba funcionando muy bien como es el sínodo diocesano.

- Para no iniciados, ¿qué es el sínodo?

- Es una reunión en la que el obispo convoca no solo a los curas sino a todos los bautizados para que lo ayuden a realizar su tarea como pastor de una manera adecuada a este tiempo.

- ¿El covid hará que la gente pierda la fe o todo lo contrario?

- Esa evaluación no sería capaz de hacerla porque se trata de inquietudes que responden al interior del ser humano. Pero puedo darte un hecho sociológico. Estoy celebrando la eucaristía todos los domingos a mediodía en la catedral y están apareciendo otros rostros, personas mucho más jóvenes que yo antes no veía.

- En este edificio tan grande, ¿se siente solo?

- Es imposible. Durante el confinamiento, sí que es verdad que estuve solo a nivel administrativo pero en contacto a través de teléfono, de WhatsApp, de correos electrónicos, de Zoom... A nivel personal estuve haciendo de enfermero, de cuidador... conmigo viven mis padres con 92 y 91 años y me ocupé prácticamente de todo.

- ¿Entonces no se le caen los anillos? Bueno, el anillo...

-Yo el anillo lo llevo por obligación canónica, porque demuestra mi vinculación con esta Iglesia, pero no, no se me caen.

- Mucha gente me dice que es buen conversador.

-Chistes no soy capaz de hacer, soy muy malo (risas). Pero sí me gusta tratar a la gente bien. Sobre todo a la gente sencilla, que se acerca al sacerdote o al obispo con cariño, con veneración pero también diciendo lo que cree que tiene que decirte.

- ¿Qué le piden?

-Cuando llevan mucho tiempo sin sacerdote, o es muy mayor, piden uno. Y es bonito que lo pidan, ahora que la figura del sacerdote a veces está devaluada. Mal devaluada. Mal evaluada en realidad.

- Ya se peridó aquello del cura, el maestro y el médico.

- ¡En muchos pueblos ya no hay ni maestro ni médico! Estamos viviendo en unas circunstancias sociales y políticas diferentes. Hemos cambiado mucho, pero no solo en nuestros pueblos. A nivel mundial. Los arquetipos tradicionales, como decía aquel político, son discutidos y discutibles. Cada uno de estos roles tiene una exigencia mayor para ser más auténtico, para ser más transparente. Es bueno que nos exijan transparencia, no solo administrativa, sino transparencia de vida, en nuestra forma de actuar.

- ¿Cuándo, o cómo, supo que quería ser religioso?

- Fue un día de San José, del año en que estaba haciendo COU. Estaba asistiendo a misa en la parroquia del Carmen, en la ciudad de Ferrol, donde vivía con mis padres. Escuchando a un curita viejo, capellán castrense retirado, que hablaba muy bien y predicaba poquito. Ese día se celebra el Día del Seminario e hizo una interpelación a la gente joven que estaba en misa, que entonces era bastante. «¿Y tú joven no puedes ser uno de esos a los que Jesús le dice ‘ven y sígueme’?». Recuerdo que estaba de pie, esperando para salir, dar una vuelta y tomar algo antes de ir a casa. Y noté una sensación que todavía hoy me resulta muy difícil de definir. Tenía la certeza de que aquellas palabras estaban dirigidas a mí. 

- Y si no hubiera oído esa llamada, ¿con quién estaría hablado yo hoy?

- Mi padre era militar, mi tío militar, mi hermano militar, mi primo militar, mi otro tío... Todos de Marina. Sería en estos momentos un emérito de las Fuerzas Armadas. O profesor de universidad, que me hubiera gustado, deDerecho.... o de Historia, que me hubiera gustado mucho.

- Con esa tradición castrense y llega usted a casa diciendo que quiere ser cura.

- Pues fue una frustración, sobre todo para mi padre. Soy el mayor de cinco hermanos y se había hecho a la idea de que iba a seguir la carrera militar pero las cosas, gracias a Dios, fueron de otra manera. Yo me encuentro feliz con el trabajo que estoy realizando.

- Supongo que un cura no se pone metas tipo: que me ordenen obispo...

- Qué va. Mi ilusión siempre fue ser cura de Santa María da Atalaia en Laxe, una villa que me enamora. 

- También estudió Arqueología.

- Estar en Roma (adonde fui a estudiar Filosofía, porque me mandaron) y no aprovecharla desde el punto de vista arqueológico me parecía un disparate.

- La directora de Cáritas es una mujer, la responsable de comunicación también... ¿Eso es porque es feminista?

- He elegido a muchas mujeres para diferentes puestos, siendo obispo y también antes. Soy consciente del valor que tienen las mujeres en muchos cargos: espíritu de trabajo, intuición, ritmo, orden... Aquí no hay cupos, aquí se analiza la competencia profesional, la valía de las personas.

- Y al no poder ordenarse las mujeres, ¿no cree que la Iglesia está perdiendo potencial?

- No estoy de acuerdo. No podemos pensar que porque una mujer no pueda ser sacerdote ya no tiene rostro en la Iglesia. El rostro de la Iglesia es femenino. Tú vas a una iglesia, a la más pequeña incluso, y el rostro con el que te vas a encontrar es el rostro de una mujer. Ellas son las administradoras, las encargadas de abrir y cerrar, si falta el cura hacen las novenas, son las que tienen la iniciativa pastoral, las que llevan la catequesis... El ejercicio del ministerio presbiteral no es una cosa que sea opcional, tú o yo. El Señor llama a aquellas personas que pueden configurar la persona de Jesucristo y Jesucristo tuvo una configuración en la historia como varón. Y no pasa nada. Y es un servicio que tenemos que prestar. Pero la mujer está prestando hoy más servicios.

-¿A qué dedica el tiempo libre?

- El tiempo libre lo tengo muy reducido. Soy un apasionado de la filatelia. Y me encanta salir y recorrer kilómetros por el monte. Antes echaba mi partidita de tenis pero desde que sufrí una lesión tengo mis temores. 

- Entonces disfrutó con Nadal.

- ¡Uah! Lo he grabado, lo he grabado. Fue una partida soberbia, además rápida, apasionante, Son dos grandes.

- ¿Y el fútbol?

- Se lo pongo a mi padre porque le divierte mucho pero mientras yo aprovecho para leer. Ahora he terminado el tercer volumen de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, porque me he hecho el propósito de leerlos. Y estoy leyendo también cositas de arqueología.

- ¿Tiene plataformas de «streaming» para ver series o películas?

- No, es no. Películas solo cuando acompaño a mis padres. Pero es que no hay tiempo.

- ¿Un día para no olvidar?

- El día que me ordené presbítero. Porque el día que me ordené obispo ni me enteré. Había tanto follón... Que por cierto, estuvo la Real Banda de Gaitas. Y a mí la gaita me genera una sensación indescriptible. Cuando escuchaba la gaita en Roma, donde viví cerca de seis años, tenía que esconderme porque me caían las lágrimas. Me produce una sensación muy de corazón. Excepcional. No es fácil.

- Defínase en cuatro palabras.

- Es difícil. Trabajador, positivo o propositivo mejor, lucho por estar alegre y soy leal, me gusta ser amigo de mis amigos. Da un poquito de pudor definirse a uno mismo.

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