Personas


No tengo ni idea de en qué estaba pensando Amancio Ortega cuando cambió su pequeño comercio de batas por la primera tienda Zara. No sé tampoco qué siente hoy, después de haber convertido su empresa familiar en una de las multinacionales textiles más grandes y al haber posicionado su marca como un referente casi inigualable en el mundo de la moda. No lo sé. Ahora que ya es oficial que Amazon Prime llevará la vida del empresario gallego a la ficción, supongo que mis dudas quedarán resueltas pronto. Sin tener aún la respuesta, me atrevería a adelantar que todo es una cuestión de personas. De las que toman decisiones importantísimas y ponen en marcha los mejores planes estratégicos que se hayan visto, pero también de las que palpan tu producto, lo conocen al dedillo y saben ponerlo en las manos de a quienes más feliz hará. De esas que hacen de tu proyecto, el suyo propio, y aún les queda tiempo para pararse y sonreír. Así son Lola y Chus, que esta semana cumplieron 40 años trabajando en Zara en la ciudad. A ellas no les hace falta salir en el periódico para que las conozcamos todos porque llevan cuatro décadas siendo la cara amable que nos dice que esto, y no aquello, nos sentará bien. Aguantando nuestras compras de bajón o los nervios y la emoción del no tengo nada que ponerme para esa ocasión especial. Son personas que son casa, algo que se agradece más que nunca en un momento como el actual, en el que la opción es hacer sola las cosas. Por eso creo que Amancio sabe a quien tiene en su equipo. Rodearse de personas fieles, honestas e íntegras es fundamental a la hora de emprender cualquier proyecto -en cualquier ámbito-. Tan importante como que sean profesionales y válidas. Y si no que se lo digan a Jácome.

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