Ellas llevan 40 años trabajando en Zara

Lola Varela y Chus Fidalgo cumplen cuatro décadas trabajando en la tienda ourensana de la marca abanderada de Inditex


Ourense / La Voz

Lola Varela tenía 17 años cuando empezó a trabajar en Zara. «Conocía la marca desde hacía un año, cuando estaba situada en Cardenal Quevedo, y me encantaba. Zara fue un antes y un después para la moda de la ciudad. Cada día mientras íbamos camino del instituto en As Lagoas, mis amigas y yo parábamos allí. Era diferente a todo. En esa tienda podías entrar, mirar, tocar y probarte lo que quisieses, sin tener una dependienta al lado todo el rato ni la obligación de comprarte algo. Había muchísima más ropa que en cualquier establecimiento de la ciudad y toda era tan moderna...», recuerda embelesada. Chus Fidalgo empezó en el Zara ourensano el mismo año que Lola, pero ella solo tenía 16. «No quería estudiar y me surgió la oportunidad de trabajar en la tienda. No lo pensé dos veces. Recuerdo que era tan niña que mi madre tuvo que dar su consentimiento para que me contratasen», explica. Las dos acaban de cumplir cuarenta años en la marca abanderada de Inditex.

Negocio familiar

Fueron las primeras empleadas que tuvo Zara de Cardenal Quiroga y hoy, después de cuatro décadas, siguen compartiendo su día a día en el que está en la calle del Paseo. En este tiempo la casa ha pasado de ser una pequeña marca a una gigante empresa multinacional. «Cuando empezamos todo era mucho más familiar, claro», dice Chus. «Solo tenían cuatro tiendas, una en cada provincia de Galicia, y los jefes estaban aquí a menudo. Había muchísimo compañerismo y comunicación», añade. «Hacíamos los inventarios, descargábamos el camión e incluso muchos mediodías, cuando la tienda estaba cerrada, nos quedábamos a comer allí para cambiar los expositores y los maniquíes juntas. Cada una llevaba algo de comer y lo compartíamos al mismo tiempo que pensábamos cómo colocar la ropa esa vez», recuerda Lola. En su caso, ha tocado todos los palos. Empezó como dependienta en la sección de niños, luego fue cajera en caballero, encargada de esta sección en la tienda de Ponte Vella y hace nueve años volvió al Paseo, a mujer. «Tengo que decir que me encantaba trabajar en hombre porque los chicos siempre se fían más de nuestro criterio y era muy divertido aconsejarles», admite. Chus siempre ha trabajado en mujer.

Su primer contrato data del 13 de octubre de 1980 y hoy no solo siguen trabajando codo con codo en el equipo de Amancio Ortega, sino que lo hacen con las mismas ganas. «Me siento muy feliz de tener el trabajo que tengo, de verdad. Me encanta lo que hago», afirma Lola. Y habla en serio. Los que la conocen resaltan de ella su energía positiva y entusiasmo; ante cualquier golpe o contratiempo, Lola sabe sacar la parte buena y tirar hacia adelante. Lo mismo ocurre con Chus, su determinación y su carácter resolutivo la han hecho una pieza imprescindible en el equipo ourensano de la marca gallega, siempre dispuesta a ayudar a clientes y compañeros. «Aquí aprendí a todos los niveles. Me apasiona lo que hago y por eso vengo contenta a trabajar», dice.

Lo mejor: la gente

De la moda, las dos destacan que es cíclica, que todo vuelve y que lo importante es el estilo personal que le aporta cada uno. De su profesión, las dos se quedan con el trato con el público. «Atendí a niños que hoy ya son padres y vienen a comprar con sus hijos. Es algo que me hace mucha ilusión», apunta Lola. «Me satisface muchísimo atender a clientas de toda la vida. Es muy bonito sentir que la gente nos quiere, que nos saluda por la calle y nos llama por nuestro nombre», amplía Chus. Por el Zara en el que trabajan ha pasado la mayor parte de la ciudad y en todos los sentidos. «Hemos llegado a trabajar con chicas a las que vestimos siendo unas niñas», dice Chus. Y no es para menos. El número de identificación para trabajadores de Inditex supera ya el 350.000, ella tiene el 64 y Lola el 66. El covid-19 las ha dejado sin festejar su aniversario, pero llegará. «Entre nosotras brindaremos con vino seguro», dice Chus. Algo que suelen hacer cada año, pues después de todo este tiempo son mucho más que compañeras de trabajo, son cómplices y amigas. Con sus familias también habrá celebración. «Los míos no se van a librar de una buena fiesta en cuanto esta situación nos lo permita», termina Lola. Por muchas más como ellas, ¡felicidades!

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