Cruz Roja entrega alimentos a diario en casas de familias confinadas

A la pandemia se suma la incertidumbre de salir económicamente de la crisis

La entidad ha tenido que duplicar esfuerzos personales y económicos para abordar todos los casos
La entidad ha tenido que duplicar esfuerzos personales y económicos para abordar todos los casos

ourense / la voz

La actividad de Cruz Roja en Ourense entre marzo y septiembre de este año fue un 70 % superior a la de años anteriores por estas fechas. La entidad atendió a más de 12.000 personas, hizo 60.000 intervenciones, ayudó con alimentos y productos de higiene a unos 4.000 vecinos y emprendió acciones de empleo con 600 ourensanos. Esta nueva ola de contagios ha trastocado los planes previstos en un primer momento por la entidad, que preveía invertir sus esfuerzos en la recuperación económica de aquellos que quedaron sin empleo entre marzo y junio. Pero la realidad es otra y ahora tendrán que reorganizar los programas.

A la situación de vulnerabilidad social por falta de ingresos que viven los usuarios de Cruz Roja se suma ahora la pandemia que ataca de forma más cruel a los desfavorecidos. Así, la entidad ha tenido que redoblar esfuerzos para atender a aquellas familias que tuvieron que confinarse en casa, con la entrega de productos frescos y de primera necesidad a diario. «Temos varios casos destes sobre todo na cidade de Ourense, máis que na provincia, e traballamos en coordinación co Concello. Pero de nada serve a nosa voluntariedade se non temos recursos», explica Felipe Ferreiro, presidente provincial de Cruz Roja. Precisamente este jueves, el Concello de Ourense aprobó la firma de un convenio de colaboración con la oenegé para financiar el proyecto de acogida, valoración y respuesta inmediata para atender a las personas en situación de vulnerabilidad. Destinará 75.000 euros, a través de una subvención nominativa. Esto servirá para paliar, entre otras cosas, la brecha digital. «Unha das nosas debilidades como entidade son os nenos que empezaron os colexios. Algúns non teñen medios, non teñen unha tableta e iso vaise notar moito, cada vez máis», señala Ferreiro. Apunta, además, a aquellas personas con trabajos esporádicos que antes de la pandemia tenían recursos, aunque fueran pocos, y que ahora no han conseguido, todavía, engancharse. Una situación que, vista la evolución de la pandemia, se podría alargar en el tiempo.

«É moi importante que poidan ingresar de novo no mercado laboral. Falamos da dignidade, que é moi importante. Moita xente non vén e fano ás veces porque os citamos. Non é fácil pedir ou ir buscar. Moita xente que atendemos tiña as súas cousas e saía adiante. Agora vese na necesidade de ter que pedir e estar pendente dunha asociación. É duro», subraya el presidente provincial de Cruz Roja.

El aumento de necesidades básicas obligó a la entidad ourensana a un sobreesfuerzo, también por parte de los voluntarios. Un gran número son personas mayores de 65 años a los que Cruz Roja no quiso poner en riesgo: «Procuramos que non estiveran activos porque son poboación de risco. Fan un servizo fantástico, pola súa experiencia e tacto, pero no quixemos que estiveran en primeira liña». Así, Cruz Roja tuvo que hacer un llamamiento especial en el mes de marzo, al que respondieron 300 voluntarios. Trabajaron las 24 horas del día, no solo atendiendo a los usuarios y repartiendo alimentos, sino también en otras labores como trasladando sillas de ruedas o maletas entre residencias de mayores o dando respuesta a llamadas de socorro. También en el servicio de teleasistencia que, durante la pandemia, aumentó considerablemente en número de usuarios. El hecho de que las personas mayores tuvieran que permanecer aisladas multiplicó las peticiones de este sistema por parte de las familias que no podían estar cerca. Ante la segunda oleada de contagios por covid-19, Cruz Roja está alerta por si fuese necesario reforzar algunos de sus servicios. «O que xa temos que facer é reformular as citas presenciais, sobre todo os cursos de formación, que estaban funcionado moi ben», afirma. Y todo gracias a la solidaridad de empresas y particulares.

«De repente me vi sin trabajo, encerrada en casa y sin poder pagar ni luz ni agua»

María es natural de Santo Domingo aunque vive en Ourense desde hace décadas. Hoy reside en la avenida de Bueno Aires junto a sus dos hijos. Desde el 2010 trabajaba en el cuidado de niños en casas particulares y así iba sobreviviendo. Pero llegó la pandemia y se quedó sin trabajo. Aprovechó el levantamiento del confinamiento para visitar su país. Allí contrajo el coronavirus y estuvo en cuarentena. Regresó a Ourense y volvió a encerrarse en casa: «Las autoridades me dijeron en el aeropuerto que debía pasar otra cuarentena y así lo hice». Y, para colmo de males, una hermana se contagió y de nuevo tuvo que confinarse, aunque en esta ocasión no dio positivo. Así pasaron dos meses más que acabaron con los ahorros e impidieron que María pudiese salir a buscar empleo: «De repente me vi sin trabajo, encerrada en casa y sin poder pagar ni luz ni agua. Mi situación era desesperada» explica. Ante esa necesidad acudió a Cruz Roja. Y sus voluntarios se encargaron de llevarle comida, de hacerle la compra diaria para, por lo menos, solucionar sus problemas económicos. Hace una semana, su hija encontró trabajo en un bar. «De alta en la seguridad social y todo», dice, como si eso no fuera lo común. «Ahora, por lo menos, algo de dinero entrará en casa. Pero como está la situación ya no sé durante cuánto tiempo», dice afligida.

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