«Isto víase vir, pero o peor é que non sabemos que é o que facemos mal»

Los hosteleros de las zonas afectadas por las restricciones son los más perjudicados

Nuevas restricciones en el barrio de O Couto
Nuevas restricciones en el barrio de O Couto

ourense / la voz

La ampliación de las restricciones por la pandemia del covid al barrio de O Couto y a la calle Progreso, desde el puente hasta la Alameda, no ha cogido por sorpresa a los vecinos y comerciantes, aunque esto no signifique que entiendan las medidas. Con todas las terrazas en la calle, a lo máximo que permite la ley, y rezando para que no llueva demasiado, los hosteleros son los principales perjudicados.

En la praza da Chave, la cafetería Panchito ocupa con su terraza una parte de la calle, con la mesas muy separadas. «Isto víase vir pero o peor é que ao final non sabemos que é o que facemos mal. Pensabamos que faciamos as cousas ben e... que aumenten os contaxios non o entendo», explica Ana, camarera del local. Y usa el refranero popular para advertir: «Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...». En la cafetería está María José Ferreira, propietaria de un centro de estética en Ervedelo: «La gente tiene miedo. Además, como las restricciones son aquí... Y, la verdad, es que yo no he escuchado nada sobre positivos». El propietario de Nakar, en Francisco De Moure, también tirará lo más que pueda de las terrazas, hasta que la lluvia se lo permita. «No entiendo que los hosteleros estemos pagando por todo. Yo, por lo menos, no conozco a ningún cliente que tenga covid. Además, a nosotros nos reducen al mínimo y aquí, a tres pasos, hay un parque infantil que desde que empezó el colegio está lleno todas las tardes. ¿Ahí no hay distancias! Habiendo dos aulas cerradas en Santo Ángel y en O Couto», afirma molesto. La cafetería Charly, que abrió en julio sus puertas en la avenida de Portugal, cerró este jueves. Esperó una semana pero con la nueva normativa y dos mesas en la calle no le llegan ni para cubrir gastos. «Tres meses y dos empleados....», dice afectado su propietario.

En la calle Progreso, los hosteleros también hacen cuentas. Con muy pocas mesas, y algunos con ofertas de comida, todavía no conseguían asimilar la nueva situación: «Prefiero no hablar», afirmaba muy molesto uno de ellos.

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