Un virus para tiempos delirantes

Pablo López FIRMA INVITADA

OURENSE

Agostiño Iglesias

14 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay muchas formas de saber que el verano está llegando a su fin. Los días se hacen más cortos, hace falta llevar una chaqueta cuando se sale de casa por la noche, ponemos una manta para dormir… Sin embargo, hay una cosa que me avisa del cierre estival más que cualquier otra: las colecciones por fascículos. De la noche a la mañana, los anuncios de la televisión se llenan de ofertas para coleccionar todo tipo de cosas: libros de aventuras, minerales, monedas, vehículos de toda clase y un sinfín de cosas más. En teoría, iniciar una colección es un estímulo para retomar la rutina diaria después del descanso veraniego, como una forma de volver a la normalidad. Es por eso que me resultó extraño ver un anuncio de estos hace unos días.

Y es que no se puede volver a la normalidad cuando esta es imposible.

No me atrevería a decir que las circunstancias actuales jamás han sucedido en la historia, pero sin duda estos meses son los más atípicos que ha vivido nuestra generación. Sin entrar en detalles, un virus desconocido se ha extendido por todo el mundo causando miles de muertes a su paso y confinando a un tercio de la humanidad en sus casas durante meses. Un resumen dramático y que parece sacado de un relato de ciencia ficción. Los aficionados a este género podrían nombrar varias obras con esta trama. 12 monos, The walking dead, Los últimos días… son algunos ejemplos de cómo una amenaza invisible puede destruir nuestro estilo de vida. Sin embargo, todas estas historias tienen en común una cosa: la amenaza no se pudo eliminar y el mundo nunca se recuperó de la catástrofe, lo que cambia la sociedad de una forma irremediable. Podríamos pensar que esto no va a ocurrirnos porque las cosas están mejorando. El estado de alarma ha terminado, los hospitales ya no están colapsados y las actividades económicas se han reiniciado. Si vuelve a haber fútbol y gente en las terrazas es que todo va bien, ¿no?

Lamentablemente, las cosas no son tan fáciles. Las últimas semanas vuelven con noticias similares a las de marzo, llenas de cifras de contagios y del número de pruebas PCR realizadas. La situación no es tan grave como hace unos meses, pero dista mucho de ser una situación normal. Ni somos la sociedad pos-apocalíptica de Soy leyenda ni la sociedad que existía antes del covid-19. Es esta situación intermedia, de «anormal normalidad», la que no sabemos gestionar y la que favorece los contagios.