Abelardo Carballo es el nuevo alcalde de Viana do Bolo

Los votos de los dos ediles tránsfugas del PSOE y los cuatro del PP sacaron adelante la moción de censura contra el BNG

Secundino Fernández, abandonando el pleno de la moción de censura que le desbancó de la alcaldía
Secundino Fernández, abandonando el pleno de la moción de censura que le desbancó de la alcaldía

Ourense / La Voz

Abelardo Carballo es el nuevo alcalde de Viana do Bolo. Los votos de los dos ediles tránsfugas del PSOE y los cuatro del PP sirvieron para sacar adelante la moción de censura contra el BNG de Secundino Fernández. Salió adelante a pesar de que tanto la portavoz socialista, María Páez, como la nacionalista Graciela Diéguez apelaron a los 20 años de militancia de Santiago Barja en el PSOE para pedirle que diera marcha atrás. El alcalde saliente, Secundino Fernández, incluso tendió la mano a seguir negociando, pero la oferta llegaba tarde, había dicho ya Carballo con anterioridad. Y tal y como estaba previsto, la moción salió adelante por seis votos contra cinco (BNG y PSOE); y Carballo recibió el bastón de mando.

Fue una sesión de más de hora y media que logró colgar el cartel de aforo completo. Ya desde una hora antes del inicio del pleno era imposible acceder al salón de actos de la Casa da Cultura. Hubo gente que se quedó fuera, aunque atenta desde la puerta lateral, tal y como evidenciaban los gritos que iban profiriendo en respuesta a lo que se decía desde el escenario. 

Los primeros en llegar fueron los cuatro concejales del PP, con Andrés Montesinos a la cabeza. Poco después lo hacían los dos concejales no adscritos, que tuvieron que escuchar los gritos de caciques y fascistas proferidos por una parte del público. Entraba justo después la socialista María Páez, para finalmente llegar al recinto los cuatro miembros del gobierno saliente, con Secundino Fernández a la cabeza. Su entrada fue recibida entre vítores y aplausos, y así llegaron al escenario. Cada uno fue ocupando el sitio que le había sido asignado, en una disposición realmente curiosa. En lugar de haber una gran mesa en forma de u para que los concejales pudiesen mirarse a la cara y que les viese el público, se había dispuesto una más pequeña en la que apenas cabían siete personas. De un lado estaban dos ediles del PP y del otro dos del BNG, son Montesinos y Fernández en las cabeceras. En el medio, los tres puestos estaban reservados a la secretaria y a la mesa de edad, que como estaba conformada por los nacionalistas José Antonio Alfonso y Natalia Estévez. De esta forma, en la mesa central estaban los cuatro miembros del gobierno saliente y dos concejales del PP. Los otros dos del grupo popular quedaron relegados al fondo del escenario, que también ocupaban (pero en otro lateral) los dos ediles tránsfugas. Del mismo lado, pero al frente, estaba la socialista María Páez.

«Esta moción non é contra o BNG, senón contra o alcalde e a súa maneira de gobernar», leyó la secretaria del cuerpo de la moción, una medida «excepcional e non desexada». Y en este punto se centró el candidato a alcalde en su intervención. Abelardo Carballo criticó la «incapacidade» de Fernández para articular una mayoría estable, y le acusó de haberles relegado e ignorado en lo que va de mandato. Y fue más allá para recordar que en cinco años que estuvo en la alcaldía no había conseguido crear un bipartito con el PSOE, a pesar de haber necesitado de sus votos en las dos ocasiones (tras los comicios de 2015 y los de 2019) para conseguir el bastón de mando.«Só desde un cego partidismo ideolóxico ou desde un interese personalista se pode pasar por alto unha lamentable xestión», basada en, dijo, «tapar baches e verter formigón a cegas». Acusó a Fernández de haber mostrado «escaso talante» negociador, lo que había llevado a la mayoría de izquierdas a la que apelaban los nacionalistas para frenar la moción, a «saltar polos aires». Carballo le pidió que reconociese que «nunca nos quixo ao seu lado».

No dejó pasar la oportunidad tampoco de acusar al gobierno de pagar «uns sospeitosos sobrecustos en obras e en compras municipais». Y también recordó que en los últimos días tanto él como Santiago Barja habían sido insultados y amenazados. «Ese tipo de coaccións si que as sabe xestionar moi ben Secundino Fernández, pero o que nunca foi capaz de facer é sentarse a acodar unha maioría estable», dijo, para después denunciar el reparto de un folleto, casa por casa, del BNG contra la moción, «feito que pode supoñer un elevado risco de contaxio no noso pobo» (donde, recordó, había un importante brote activo y mucha gente en cuarentena). Remató Carballo asegurando que si en las últimas elecciones el BNG había perdido votos fue porque «Viana non o quere como alcalde» y reconociendo que había votantes molestos con ellos, pero no por la moción, «senón porque cos seus continuos desprezos estes anos, confirmounos a todos sobradamente que nunca o debemos apoiar como alcalde».

Secundino Fernández aprovechó su turno para pedirle a Santiago Barja que rectificase. Dijo que todavía estaban a tiempo de seguir negociando y reconducir la situación. Le recordó cuando, en una etapa anterior en la que ambos coincidieron en la oposición, se habían unido para denunciar supuestas irregularidades en una obra hecha por Andrés Montesinos. «Queres volver a poñer ao PP no goberno municipal?», le preguntó para después decirle: «Estás a tempo de non tirar pola borda a honra».  Antes de eso, Fernández recordó que unos días antes de que se presentase la moción de censura hubo un encuentro entre BNG y PSOE (al que acudieron los no adscritos) y que en él se acordó que el día 19 de agosto los nacionalistas presentarían una propuesta de gobierno a los socialistas; pero antes de que venciese el plazo, el día 18, ya se presentó la moción. Fernández cerraba su discurso apelando a Barja, pero tras haber hecho una mención a los cambios que hizo en Viana estos años, como la ampliación de la oferta cultural y de conciliación, o las obras. También apeló al talante democrático de su gobierno, ejemplificado por el hecho (entre otros) de que ahora los alcaldes pedáneos son elegidos por los vecinos en votación. Y recordó que el 80 % habían firmado un documento en apoyo a su gestión, algo que agradeció tras recordar que no con todos tiene ideas políticas coincidentes.

La edila socialista, María Páez, aprovechó su turno para dar a diestra y siniestra. Se reivindicó como «a única con nome e apelidos», como la única «que non fallo porque manteño a miña postura». Dijo sentirse traicionada por los otrora compañeros en el PSOE, y acusó al PP de «non estar facendo democracia» al presentar la moción de censura. Pero también tuvo duras palabras para el BNG, al que acusó de que en cinco años no habían sido capaces de dialogar. Fue más allá al acusar a Secundino Fernández de «mentiroso compulsivo». «Xa deixou claro na primera reunión [para intentar llegar a un acuerdo, tras las pasadas municipales] que para vostede a alcaldía era innegociable. E acórdase vostede do puñetazo que deu na mesa e dixo 'Querédelo todo'? E era querelo todo unha tenencia de alcaldía, a concellería de Cultura e a concellería de Medio Rural?», dijo. Aseguró también que si no habían aprobado los presupuestos presentados por el BNG fue porque no les habían llamado para elaborarlos ni para estudiarlos. Tras reconocer que los dos ediles tránsfugas (apelativo que usó para referirse a ellos en varias ocasiones) no habían esperado a escuchar la oferta de Fernández, Páez recordó hace poco más de un año, en plena negociación, el BNG presentó en el Concello su organigrama de gobierno. Y también tuvo mención especial para el trabajo del alcalde en la pandemia, acusándole de que «fuxiu como un foguete» de Viana para su casa en la provincia de Lugo.

Cerró las intervenciones la portavoz del BNG, Graciela Diéguez, que apeló de nuevo a Santiago Barja para dar parar la moción «da vergoña e da traición», que es «legal pero non ética». E hizo especial hincapié en el hecho de que la persona propuesta para alcalde era [en las listas a los comicios de mayo del 2019] el número 3. «O número 3 do terceiro partido [en número de votos] vai ser o alcalde», dijo, para después calificar lo que estaba pasando de «baltarismo puro».

El portavoz del PP, Andrés Montesinos, fue breve para apelar a la necesidad de abrir una nueva etapa de diálogo. 

Nadie quiso hacer uso del turno de réplica, así que se hizo la votación, de viva voz. La moción prosperó con los votos a favor de PP y los dos tránsfugas del PSOE. Abelardo Carballo cogía entonces el bastón de mando de manos de José Antonio Alfonso y se dirigía a la mesa de presidencia, momento que los ediles del BNG aprovecharon para abandonar el salón de plenos. También buena parte del público, así como la edila socialista. El nuevo alcalde apelaba a una nueva etapa de gobierno, que estará marcada por la aprobación de los presupuestos y del PXOM como ejes de actuación.

Carballo es el sexto alcalde de la democracia en Viana do Bolo, logrando un cargo que estrenó Neftalí Prieto en 1979 (entonces al frente de Coalición Democrática) y que revalidó en 1987 (por Alianza Popular) y también en 1991 y 1995, ya con el Partido Popular. En medio, en 1983, los vianeses eligieron a Fidel García Courel, de Coalición Galega; mientras que en 1999 logró la alcaldía Sergio González del PSOE. Del 2003 al 2015 lideró el concello Andrés Montesinos del PP, a quien relevó Secundino Fernández.

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