La dispersión de los contactos dificulta la trazabilidad de los brotes de covid-19

De los 15 focos activos, no todos están asociados a un concello específico


ourense / la voz

En el primer brote de este verano, el de Beariz, se detectaron cuatro afectados. Tres pertenecían a una misma familia que viajó desde México al municipio; el cuarto, sin embargo, residía en O Carballiño. La conexión se halló entre la segunda y la tercera semana de julio. Hace apenas un par de días, una trabajadora de la residencia DomusVi de Barra de Miño dio positivo, pero tras pasar unos días con un familiar fuera de Galicia. Sin embargo, su caso, según fuentes consultadas, se asocia a uno de los brotes de Barbadás.

Así de complejo es trazar el recorrido del virus desde el primer afectado hasta su entorno próximo. Determinar si un foco de coronavirus se circunscribe a un concello en particular se está volviendo más difícil a medida que se eleva el número de casos activos en la provincia. Por ejemplo, el sábado de confirmó la detección de tres casos: una mujer de 48 años, y otras dos de 47 y 35 con vínculo familiar. Las tres residen en distintos municipios de Ourense. Días después, se supo que otras diez personas, en su mayoría del entorno próximo de las afectadas, se habían contagiado. «Asociarlos a una localización específica por el supuesto origen podría llevar a una confusión general o a provocar alarmas innecesarias en un concello concreto», dicen fuentes sanitarias en el CHUO.

Cercar los brotes en la ciudad

Algunos profesionales sanitarios de la provincia miran de reojo los brotes detectados recientemente en la ciudad y concellos colindantes como Barbadás o San Cibrao das Viñas. Anteriormente, los que se daban en poblaciones rurales o pequeñas parroquias parecían más sencillos de cercar. «Eran unos contactos mucho más controlables, socialmente hablando», razona María Sande, jefa del servicio de Medicina Preventiva del CHUO.

Las características de los focos en la ciudad, sin embargo, ponen una piedra más en el camino de los rastreadores. «En lugares donde hay más habitantes, el número de interacciones crece. Más todavía si hay eventos sociales. Y al haber más contacto y reuniones familiares más grandes, el recorrido del virus se amplifica y va generando ramificaciones», comenta Sande. El tejido urbano actúa así como factor de multiplicación. «Lo ideal sería que, de darse reuniones, sean con personas del círculo familiar habitual, que sean de menos de diez personas y lo menos frecuentes posible, para no ampliar el radio de hipotéticos afectados», agrega.

Para ilustrar la facilidad con la que se puede disgregar el virus, Sande pone otro ejemplo: «Pensemos por un momento en un cumpleaños infantil en el que hay niños y padres de distintas familias y de distintos lugares. Ahí tienes una vía de propagación, porque los que participen seguramente tendrán contacto con más personas a continuación», dibuja.

Sande señala que el gran impacto que tuvo el confinamiento en el freno de la epidemia fue la limitación de la movilidad y las relaciones sociales: «Y se han ido recuperando. Es normal que la gente quiera divertirse, pero siguiendo pautas de prevención».

La llegada del otoño

Sande avisa de la importancia del compromiso individual para mitigar los efectos de la subida de casos. «No se trata de ninguna broma. Que esto cambie depende de todos y cada uno de nosotros», dice. En este sentido, la facultativa del hospital ourensano alerta de que «el sistema sanitario está peleando para parar la epidemia, pero el primer paso le corresponde al ciudadano de a pie, porque el sistema en sí mismo está para ayudar y solucionar problemas».

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