El comedor social de Cáritas alivia su demanda con un ojo puesto en el otoño

La media diaria de usuarios que acuden al recinto está en torno a las 45 personas


ourense / la voz

La llegada del coronavirus a la provincia puso a prueba el músculo y aguante del comedor social de Cáritas en Ourense, donde se llegaron a servir más de 650 raciones diarias durante las semanas más crudas de la epidemia. Ahora, el ritmo se ha estabilizado en una media de entre 400 y 450 por jornada, algo más acorde a la habitual, pero todavía en un escalón por encima en relación a la etapa previa al covid-19.

Beatriz Fernández, trabajadora social del recinto, indica que «se va notando algo más la recuperación de actividades económicas y también el cobro de los ERTE». En el comedor, entre mediados de marzo y finales de mayo, se toparon con vecinos de la ciudad que jamás habían precisado el servicio de asistencia, pero que bordeaban la supervivencia a finales de mes. En cierta forma, el bofetón social que supuso el coronavirus evidenció la fragilidad de los estratos medios: familias con una única nómina entrante o que apenas rebasaban el salario mínimo, otras donde los empleos eran temporales o estacionales... Pero también vecinos vinculados a la venta ambulante, resentida desde entonces por la imposibilidad inicial de celebrar ferias primero, y por la caída en picado de la asistencia habitual después. Algunos de ellos aún van en la actualidad, porque la recuperación de su forma de vida va a medio gas.

Ahora, al comedor de Cáritas acuden entre 40 y 45 personas al día. Hay quien, como en el caso de las familias numerosas, lo hace para llevarse alimentos a casa, siempre entre las 11.00 y las 12.50 horas. Desde ese momento, se inician una serie de turnos hasta las 14.10 horas, en las que hay 12 comensales por cada tanda, para evitar aglomeraciones y mantener las distancias de seguridad pertinentes.

Empezar de cero en Ourense

Fernández indica que, entre las caras nuevas que se han encontrado recientemente en el comedor, hay quien llega desde Madrid y otras ciudades del país buscando dar una vuelta de tuerca a su vida. «Ourense tiene buena fama en el exterior, en relación al coste y calidad de vida, porque muchos entienden que no es tan cara para vivir», dice.

En Cáritas constatan que este perfil de recién llegado corresponde habitualmente a sintecho que vienen de urbes más grandes, y que llegan a As Burgas porque tienen familia en la provincia o contactos establecidos aquí. «Muchos de ellos vienen inicialmente al albergue de la ciudad como punto base para, después, buscar a familiares o gente que les ayude a partir de cero. Nos encontramos el caso de un chico argentino que se marchó de Madrid porque supo que tenía algún pariente aquí y su idea era ponerse en contacto con él», señala.

Ahora, la esperanza de los empleados de Cáritas es que los cursos de habilidades sociales y búsqueda de empleo, que siguen en funcionamiento pero a través de grupos reducidos por la necesidad de respetar la distancia de seguridad entre los inscritos, ayude a estos demandantes a encontrar estabilidad personal y laboral a medio plazo. «Nuestro objetivo es que ellos sean autosuficientes y que puedan recuperar su vida. Como suele decirse, no buscamos darles el pez directamente, sino enseñarles cómo deben pescar», ilustra.

Las dudas de los usuarios

Las idas y venidas de casos activos de coronavirus, unidas al escenario incierto de qué pasará en el otoño con una hipotética segunda ola de la enfermedad, también generan incertidumbre entre los asistentes habituales al comedor social. «Algunos de ellos ya nos preguntaban durante el confinamiento que cuánto iba a durar el estado de alarma, pero ahora nos consultan qué novedades hay en relación a la protección individual o el uso de mascarillas, por ejemplo», comenta Beatriz Fernández.

El procedimiento para demandar el acceso al comedor se gestiona de inicio por vía telemática

La demanda para acudir al comedor social de Cáritas en la calle Mestre Vide saturó las líneas telefónicas de los trabajadores sociales del Concello de Ourense durante estos meses. La situación parece haberse calmado, en cierta manera, pero sigue habiendo consultas sobre cómo optar a ser usuario temporal, algo que determina el personal municipal en función de la situación personal de cada candidato. Ahora, el trámite para gestionar la cuestión es totalmente telemático por cuestiones sanitarias y de seguridad, y ahí es donde Cáritas emerge como puente para facilitar el contacto. «Aquí llega gente que no sabe usar el móvil, que igual ya no tiene datos ni saldo o que directamente no tiene un teléfono, así que nosotros les echamos una mano para que puedan llamar al Concello», dice Beatriz Fernández.

Eugenia Díaz, concejala de Política Social, indica que, tras este trámite digital, se dispone una cita previa para una entrevista física. «Y ahí sí que hay algo de retraso por la acumulación derivada del covid-19 y este período vacacional, pero cuando una persona acude a nosotros porque precisa del comedor social, ese recurso se le tramita mientras tanto para saber qué necesidades tiene e identificarla», dice Díaz. La edila agrega que ya han solicitado refuerzos para oxigenar los servicios sociales municipales.

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