La sirena de Las Médulas

Xosé Vilamoure presenta en el Espacio de Arte Roberto Verino de la capital variaciones plásticas inspiradas en una fotografía de Irving Penn


OURENSE

«Debo confesar que yo también soy una mujer y que siempre estoy preparado para aplaudir a una mujer que es más atrevida que yo y es igual a un hombre en la lucha por la libertad de comportamiento». Paul Gauguin.

El artista Xosé Vilamoure expone en el Espacio de Arte Roberto Verino, 27 de las 28 pinturas que en su totalidad forman la serie dedicada a las variaciones que sobre la obra inspiradora del fotógrafo Irving Penn, Mujer bañándose, inicia en el año 2002 con cuatro versiones sobre el tema e interrumpe para retomar el proyecto en 2005 añadiendo cinco obras más y que en el presente año completa con 19 pinturas nuevas.

Visión expandida del cuerpo de la mujer en una obra en la que la experimentación, la curiosidad y el efecto lúdico diseña fondos arenosos realizados in situ, embarrados con los pigmentos arcillosos de Las Médulas que arrastrando su carga de pasado en busca del dorado atesoran en el desnudo femenino la metáfora de lo valioso sin el precio que cosifica.

El agua, bien escaso y necesario capaz de desplazar toneladas de tierra para hallar el preciado metal, modula y modela el cuerpo femenino de la bañista de Irving. El agua discurre por su cuerpo, resbalando con una gracia de luces y sombras contrastadas que harían de su estilo una marca única.

Vilamoure juega con la figuración deformando la línea expresionista que modela, hipertrofia y distorsiona volúmenes y planos. Ilumina y oscurece, generando con los elementos no plásticos integrados, texturas de arista fina y gruesa, manchas informes, abstracciones y planos de color capaces de sugerir sensaciones, describir estados emocionales y distintos grados de temperatura expresiva que discurren entre la descarnada desnudez de rotunda y totémica fisicidad escultórica de patrones propiciatorios y Venus prehistóricas y en la presión erótica de la desnudez evidente y ávida del deseo en esa relación más prosaica que literaria del artista y la modelo. La evidencia de las carnaciones en la construcción del espacio físico de una pintura de rigor escultórico con una mirada repetida y distinta que el artista materializa a través de la revisión y el análisis de la fotografía inspiradora de Irving Penn, reproduciendo idéntico encuadre objetivo concebido sin engaño, dramatización o escenografía aunque su monumental repetición seriada, confiere una identidad universal al cuerpo repetido como definición anónima de un matriarcado panteísta, orgánico y permanente.

La experimentación con colores y distintas técnicas que realiza Vilamoure en base a esta imagen es fruto de estudio de las capacidades expresivas del elemento icónico, transformado, revisado y apasionante.

Es extensa la obra de este artista figurativo cuya manera de trabajar es a través de series en las que se hace visible el crecimiento y progreso de la idea, la manipulación de la realidad y una obsesión rigurosa por la investigación innovadora en el tema del retrato como el que preside la exposición de Irving Penn que en su mano muestra la fotografía que sugirió la presente serie a Vilamoure. Con gran coherencia y sinceridad, ironía e inteligencia, valentía y autenticidad notable, experimenta con formas y técnicas con extraordinaria personalidad plástica.

Los fondos constituyen una experiencia cromática y atemporal sin presiones contextuales, la grafía de sus formas y juegos de sombras proyectadas que se disuelven en planos de colorido disidente y luminismo artificial, resultan sorprendentes e inquietantes, subversivas y vitalistas con un expresionismo enigmático y espesas líneas de contorno que en ocasiones delimitan el volumen de las formas, metamorfoseando el decorado que inscribe su anatomía, alargando el canon de la figura o centrándose en señalar la parte clave para desenfocar el resto, hipertrofiando o desdibujando zonas del cuerpo expuesto a estudio bajo toda una serie de intervenciones expresivas con un erotismo trágico de la existencia en la punta de un lápiz incisivo y una deconstrucción abstracta de la superficie y el volumen, demostrando una extraordinaria experimentación inagotable en la variedad de sus composiciones en la alternancia de rudos contrastes y monocromías, asimetrías ponderadas en una imbricación de la forma-color-trazo.

La serie que Vilamoure expone en Verino, resulta un icónico recorrido por la Historia del Arte y por distintas técnicas artísticas. A través de sus expresiones encontramos guiños a numerosas vanguardias bajo la firme tensión de un expresionismo postmoderno y personal.

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