«Conocía a todos los trabajadores del hospital, con nombre y apellidos»

El 24 de julio, Elvira Fabello se jubila tras más de 40 años trabajando en el CHUO


ourense / la voz

El 24 de julio cumplirá 65 años. En menos de una semana dejará su vida laboral para jubilarse y, hasta entonces, todavía es la trabajadora del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense que más tiempo lleva en activo.

Elvira Fabello Iglesias nació en Chaguazoso (A Mezquita), pero el hecho de que su padre fuese guardia civil la llevó a desplazarse primero a la cabecera del municipio y, de adolescente, a Celanova. Cuando lo destinaron al País Vasco, Elvira se quedó con una tía y, a los 16 años, recaló en la capital ourensana, ya con sus padres, cuando este se jubiló. Estudió en Franciscanas y al rematar tuvo claro que quería empezar a trabajar. «Los estudios, entonces, no eran lo mío», dice. «Mi tía me animó a preparar una oposición, me dijo que conocía a gente en el hospital de Ourense y que eran muy majas», explica. No tenía claro su futuro laboral, pero se apuntó a una academia para prepararse. «No aprobé el primer examen, pero el destino estaba escrito. Alguien falló y me llamaron para hacerme un contrato de un año, ya que yo era la siguiente de la lista. Luego estuve seis meses en el paro, aprobé la oposición a la segunda y me llamaron. Y hasta hoy». Así, con 19 años, firmó su primer contrato en el CHUO.

«Empecé con mucha ilusión en el servicio de Personal. La gente me acogió muy bien. Ahora hay muchos jefes, que si el gerente, el de gestión, el económico... pero en aquel momento había solo uno, Juan Leite y Leite. Era todo un personaje, el jefe de todos, un hombre encantador que nos cuidaba mucho. En el departamento éramos todas mujeres. Siempre trabajé con gente muy profesional y preparada con la que aprendí mucho y muy bien», relata. Y ese ambiente familiar, unido al hecho de que trabajaba en el departamento de Personal, la llevaba a conocer a todo el mundo: «El primer contacto que tenían los empleados era con nosotras. Aquí venían a darse de alta y así fue hasta los años 80. Conocía a todos los trabajadores del hospital, con nombre y apellidos. Ahora eso es imposible».

La jubilación le llega en el momento justo. Señala que son muchos años pendiente del reloj y que es hora de descansar y hacer otras cosas. Entre ellas, estudiar. Mientras trabajaba comenzó en la UNED pero lo dejó cuando le quedaba un año, por la llegada del plan Bolonia, que revolucionó los horarios. Ahora, se sumará a la Universidad de Mayores. Pero, aunque tenga ganas de abandonar la vida laboral, señala que fue muy feliz trabajando y que la motivación es uno de los secretos para que todo salga bien. También tendrá más tiempo para compartir con sus dos hijos y sus cuatro nietos, para leer, viajar, para dedicarse tiempo. «Creo que es muy importante encontrar siempre un momento para estar con una misma, nada más», afirma.

Es incapaz de recordar un único momento positivo destacado de su vida laboral, porque señala que lo fueron todos, sobre todo gracias a sus compañeros. Pero sí responde rápidamente cuando se habla de instantes amargos. «Durante estos más de cuarenta años ha pasado mucha gente. Y lo peor siempre ha sido cuando hemos tenido que decir adiós a alguien que se nos va», dice.

Quién es Su rincón.

DNI

Quién es Elvira Fabello es administrativa del CHUO

Su rincón. En el estanque del parque Barbaña, Elvira Fabello encuentra tranquilidad y sosiego. «Me relaja y me encanta. Voy siempre que puedo, aunque sea un ratito, y me siento en un banco. Es un espacio para una misma».

«Traían el dinero de las nóminas en sacos y lo repartíamos en sobres al personal»

Comenzó a trabajar en 1974. Durante todo este tiempo ha vivido varias revoluciones laborales, desde las que tienen que ver con derechos y deberes, hasta las tecnológicas. «Al principio, todo se hacía con la máquina de escribir. Recuerdo que el dinero para pagar las nóminas venía de la Caja de Ahorros en una furgoneta metido en sacos. Muchas veces nos preguntábamos cómo es que nunca nos habían robado. Era mucho dinero. Llevaban los sacos y lo repartíamos en sobres entre el persona», ríe. Ese día, relata, todos los del departamento iban a la biblioteca, contaban el dinero y lo iban metiendo en los sobres con los nombres de los trabajadores. «Nos tenía que cuadrar todo, porque si no teníamos que volver a empezar. Pocas veces nos equivocamos, tenías mucho cuidado», explica. Era de los días más felices en el hospital: «Venía todo el mundo sonriendo». Con el tiempo, todo fue cambiando: «A partir de la llegada de los ordenadores ya no fue lo mismo. Primero se mandaban a casa las nóminas y ahora ya hay un programa en el que cada uno se saca la suya».

También relata las dificultades que suponía dar de alta y de baja a los trabajadores antes de la llegada de las nuevas tecnologías. «Fue toda una revolución, aunque se hizo de forma paulatina y nos fuimos adaptando de manera natural, sobre la marcha. Primero lo hizo una empresa y fuimos aprendiendo», explica Elvira. No es mujer dar consejos pero sí tiene claro que, en el caso del hospital, no es cierta la mala fama de los funcionarios: «Todos son muy profesionales y trabajan de manera extraordinaria. Quizás el secreto sea que están motivados, que son profesionales y que trabajan con ganas y con ilusión». Como hizo ella.

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