Una ourensana mirando hacia el baloncesto continental

Raquel Carrea cerró su año de cesión en el Araski con el reconocimiento como mejor sub 23 de la Liga y regresa a tierras levantinas


OURENSE

La pívot que debutó en la máxima categoría antes incluso antes de cumplir los 18 años, ya había disputado otros tres cursos en la LF2, con la camiseta del Celta Zorka, una etapa que sigue valorando como crucial en su trayectoria deportiva: «Cris (Cantero) me dio muchos minutos muy importantes en una categoría muy competitiva y cuando era muy joven, fue una etapa muy provechosa para mí».

La internacional en categorías inferiores reconoce en todo caso que el salto a la élite fue exigente: «Al principio fue duro hacerme al ritmo de la competición. El cambio es grande, tanto a nivel físico, lo que se nota mucho en mi posición, como a nivel táctico, porque se veía que todos los rivales estaban muy trabajados y tenían todo mucho más estudiado». Por ese lado, valora mucho el ambiente y la estructura de un club como el Araski, la apuesta del Valencia para que una de sus jóvenes promesas -recién fichada por cinco años- pudiera contar con más minutos de calidad.

«En Vitoria completamos una gran temporada, que al igual que la mía fue de menos a más. No esperábamos estar tan arriba y, al final, aunque fuera con todo lo que pasó con el virus, terminamos quintas. Eso también me sirvió para que se viera más mi labor en la Liga, en un año que siempre es complicado como el del debut en una categoría de este nivel», matizó la propia carrera Quintana.

A la postre, la pujante pívot gallega fue la vencedora en una votación en la que participaron los entrenadores, capitanas, aficionados y expertos del área deportiva de la FEB, recibiendo un premio que la destaca entre un ramillete de cualificadas jugadoras que no han llegado a los 23 años: «Estoy muy contenta, la verdad, porque hay jugadoras de un gran nivel en ese rango de edad, como Paula Ginzo o María Araújo. Además es satisfactorio que valoren tu trabajo de todo un año y los esfuerzos de mejorar, a nivel individual y también colectivo, porque tuve la suerte de jugar con un gran grupo».

Raquel consolidó, nada más llegar a la Liga, las cualidades que había apuntado en el Celta. Fue una de las piezas clave los planteamientos del Araski, durante su cesión, y cerró la campaña con unos números de 6 puntos y 4,5 rebotes por partido, logrando un promedio de 8,3 de valoración en la competición regular, con más de 20 minutos en cancha en cada jornada. Sus 18 años son otro caché importante para los reconocimientos de una jugadora que ya se ilusiona con integrarse en las filas de un Valencia que la fichó el pasado año: «Es un proyecto increíble, con grandes jugadoras nacionales y extranjeras, entre las que espero poder aportar mi grano de arena en todas las ocasiones en que requieran mi participación. Además, tenemos plaza europea y ese es otro de los objetivos que más me motiva, poder participar en las competiciones continentales».

La jugadora ourensana está convencida de que ha llegado a una de las mejores estructuras de la competición y recuerda también que la ciudad levantina se ha convertido en una de las plazas más llamativas en el mundillo de la canasta: «Las instalaciones que tiene la ciudad son impresionantes, ya lo estamos viendo con la fase final de la Liga ACB, que está disputando allí todos sus partidos».

Generación dorada

La jugadora ourensana sigue pendiente de los calendarios, para conocer las fechas de su reincorporación a la actividad en Valencia, mientras mantiene objetivos como el de seguir creciendo en su deporte: «Llegar a la selección absoluta es un sueño y trabajo para rendir en mis equipos y alcanzar el mayor nivel competitivo. Conozco bien a jugadoras que vienen de las categorías inferiores y, solo en mi generación, la mayoría son de un talento altísimo. Algunas como Helena Pueyo y Lola Pendande -esta un poco mayor- tuvieron que optar por Estados Unidos para seguir estudiando y creciendo. Yo tuve la suerte de poder hacerlo aquí».

Raquel sabe en todo caso, que el listón está alto después de muchos años de gran rendimiento de todos los combinados nacionales, tanto en la base, como en las competiciones absolutas.

«Ya no recordaba estar tanto tiempo con mi familia»

Eventos FIBA en categorías inferiores, incluidos un oro U16 y u una plata U18, así como su presencia desde muy joven en competiciones nacionales, limitaron al mínimo las vacaciones de Raquel Carrera en las últimas temporadas, por lo que el parón de la crisis sanitaria del covid-19 provocó también un cambio sensible en su ritmo de vida: «La verdad es que ya no recordaba estar tanto tiempo con mi familia. Tuve la suerte de poder pasarlo aquí, pero fue un momento complicado para todos y también para deportistas, que estamos acostumbradas a una actividad física constante».

Contó con tiempo para ver a sus amigas que juegan al baloncesto en la ciudad y admite que «debería haber por lo menos un equipo de LF2 en la ciudad.

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