Una gesta sin el premio prometido

El celanovés Rubén Vieira rememora cómo se fraguó en la pista ese éxito para el baloncesto ourensano


OURENSE

Esta misma semana se cumplieron cinco años de la épica serie de play off de ascenso a la Liga ACB, en la que el Club Ourense Baloncesto tumbó al Breogán y reverdeció sus mejores momentos sobre la cancha del Pazo, donde reinó la felicidad entre miles de aficionados. En medio de tanto jolgorio, la cara de un celanovés como Rubén Vieira brillaba como pocas. El preparador físico fue clave en aquel proyecto deportivo y no niega que lo mantendrá por mucho tiempo en su memoria: «Fue, es y será el mejor día de mi vida profesional y lo viví en casa, con toda la ciudad volcada con nosotros». El hoy integrante del cuadro técnico del Obradoiro en la élite nacional desgrana una a una las personalidades de sus compañeros en aquel exitoso viaje.

Gonzalo García de Vitoria

El entrenador capaz de forjar el grupo. «Gonzalo siempre ha confiado en sus preparadores físicos y en sus ayudantes. Aunque comenzamos tarde la pretemporada, fue capaz de crear un ambiente espectacular, con una plantilla de muy buenas personas y con gran espíritu y una mentalidad ganadoras. Fue mi segunda campaña con él y aún estuve una más», explica Rubén sobre el técnico que sigue guiando los pasos del COB.

Pedro Rivero

Base con alma de técnico. «Con Pedro me une una relación especial, porque desde un año antes ya organizábamos un campus en Celanova. Si no era el mejor base de la competición, era uno de los mejores. Todo un ganador como demostró en la cancha y fuera de ellas. Tenía que pasarle algo muy grave para que se perdiera algún entrenamiento. Y como entrenador ya demostró su valía en Alicante». En el banquillo dirigió al Lucentum al ascenso a LEB Oro y lo afianzó en la categoría. 

Christian Díaz

Proyección ratificada. «Christian ya apuntaba a una carrera importante y ha sido capaz de jugar en ACB y de asentarse en un club tan grande como el Breogán. Tiene un físico impresionante y seguirá subiendo peldaños». Como señalaba Vieira supo ganarse el respeto como base en Lugo, tras una segunda etapa en Ourense y el paso por Huesca.

Salva Arco

Ourensano de adopción. «Salva era de los que ejercía de veterano en aquel equipo. Siempre sabía lo que debía hacer en cada momento y muy fiable en el lanzamiento exterior. Junto a Rivero y Rejón era uno de los pilares del equipo». El catalán se ha pasado parte de su carrera en Galicia, pero también tuvo tiempo de volver a jugar partidos ACB e incluso competición europea en Ulm y una experiencia de pretemporada en el potente Fenerbahçe

Darien Brothers

Refuerzo adecuado. Rubén resaltó la importancia de la llegada del virginiano en pleno diciembre: «Por la referencia de Melilla sabíamos de sus cualidades, pero nos dio muchísimo, se adaptó enseguida y además descubrimos que era una grandísima persona. Es difícil que a mitad de temporada encajes tan bien». Siguió sus aventuras por Europa en Finlandia, Hungría y Suecia antes de regresar a casa, donde juega a menor nivel competitivo. 

Marcos Suka-Umu

El MVP. Más allá del concepto de equipo de aquel COB, el madrileño fue clave y lo destaca su preparador físico: «Marcos lo tenía todo, físico, personalidad y carácter. Nadie olvidará como se cargó el equipo a sus espaldas en aquel quinto partido». Con 34 años sigue siendo titular indiscutible el Vichy Clermont galo. También pasó por Lille, tras una segunda etapa en Melilla. 

Edu Martínez

Puntos desde el perímetro. «Edu ha crecido mucho y en aquellas temporadas con nosotros ya apuntaba a convertirse en el excelente tirador que es hoy», matizaba Rubén sobre el único de estos jugadores que militó este año en el club cobista, tras pasar por plazas tan consolidadas como Burgos o Bilbao. Todo un baluarte en la LEB Oro. 

Chase Fieler

Novato con potencial. «En cuanto vimos a Chase supimos que, aún siendo su primer año en Europa iba a ser muy importante para nuestro equipo. Fue uno de los destacados de esa temporada y se ha convertido en un jugador de competición internacional europea». Su carácter ganador se siguió afianzando con dos Ligas en Holanda y otras dos en Bélgica, antes de desembarcar en el Promitheas Patras de la A-1 griega

Guillermo Rejón

Referente cerca del aro. El madrileño jugó aquel play off con 38 años. Pocos más fiables, recordó Rubén: «Llegó a Ourense con un gran bagajes y aún fue capaz de sorprendernos más. Además de ser ganador y competitivo, tenía el poso de los jugadores con calidad». Jugó un año más en el COB y se retiró en Alicante, donde también fue director deportivo. Ya desvinculado, se le vio apoyando desde la grada a los cobistas en más de una ocasión.

Deividas Busma

Solidez lituana. «Ya venía con experiencia en la categoría y aportaba en el rebote como jugando al pick & roll. Hacía muchas cosas y las hacía bien», relataba Vieira sobre el pívot que tras pasar por La Rochelle, no volvió a la LEB Oro en Cáceces, por problemas para jugar la primera parte del curso

Aaron Geramipoor

La alternativa. Llegó en enero y aportó soluciones: «Era un jugador diferente a lo que teníamos, de gran tamaño y que corría muy bien, otro refuerzo que se adaptó enseguida». Después recorrió destinos exóticos como México e Irán, con cuya selección fue mundialista. También jugó Intercontinental con el San Lorenzo argentino

Arco y Martínez destacaron el ambiente que reinó en la ciudad durante la serie

El catalán Salva Arco era prácticamente un ourensano más y así vivió aquella histórica serie ante un Breogán cuyos colores viste en la actualidad: «El ambiente fue espectacular, pero puede decirse que la final empezó en el cuarto partido, fue el punto de inflexión, nuestro golpe sobre la mesa. Y fue un gran efecto anímico para los dos, para ellos todo fue más cuesta arriba y para nosotros el impulso que necesitábamos en una eliminatoria dura y difícil».

Después de un confinamiento en el que Arco Frías estuvo muy pendiente del trabajo de su esposa, Lucía, en tareas sanitarias, un aliviado «todo va bien por casa» le da licencia para emocionarse con todo lo que vivió aquel día del quinto partido ante el Breo: «La gente te conocía por la calle y te animaban, para ganar. Al llegar al Pazo y ver que las colas daban la vuelta a todo el edificio, ya sabías que aquel día iba a ser especial. Y eso que la presión pesó al principio y comenzamos mal. Con aquellas gradas a reventar y animándonos, nos fuimos tranquilizando y terminamos ganando de un modo holgado».

Eso sí, después de la alegría absoluta y de celebrar el ascenso sobre la pista, lo peor vino después: «A partir de ahí, todo lo que vino después fue una gran decepción, aún no me explico lo que pasó para que no pudiéramos subir».

Volviendo a los buenos recuerdos, el riojano Edu Martínez fue el único jugador de aquella plantilla que jugó como cobista en el curso 19/20. «Fue mi primer ascenso y lo había conseguido con un club con historia y pasado ACB. Todo eso lo hizo muy especial, como el ambiente que creamos en la ciudad. Además todos sabíamos que no nos adjudicaban el papel de favoritos, pero poco a poco nos lo fuimos creyendo», recuerda el fino tirador que también le concede importancia a la llegada de los refuerzos invernales, porque «había un gran equipo desde el principio, pero Aaron y Darien nos dio profundidad y ya antes la incorporación de Salva al final de la pretemporada». Como Rubén, Edu le da la máxima importancia a un «grupo humano que en cada entrenamiento o partido te ayudaba a lo que necesitaras».

Y aludiendo a ese día a día del equipo, Rubén Vieira también recordó la aportación de los jóvenes Martín Rodríguez y Cristian Iglesias para entrenar: «Todo debe encajar y los chavales nos ayudaron mucho».

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Una gesta sin el premio prometido