El confinamiento forzado tensa el día a día en los centros de menores

Conatos de motín, agresiones y miedo al contagio complican la convivencia diaria

Los trabajadores están preocupados por el aumento de la conflictividad
Los trabajadores están preocupados por el aumento de la conflictividad

ourense / la voz

Muchos niños ourensanos disfrutan desde el domingo de sus primeros paseos por la calle desde que se declaró el estado de alarma. Pero no todos tienen tanta suerte. Los que están internados en los centros de menores siguen allí y, además, llevan semanas sin poder recibir visitas y sin poder disfrutar de permisos. Esta situación tensa la convivencia y los conflictos son frecuentes.

«Hai conatos de motín case todos os días», explica un trabajador de Monteledo que prefiere no revelar su nombre. El más grave ocurrió el pasado día 29 de marzo. Según explica el empleado con el que contactó La Voz de Galicia, el incidente arrancó en el comedor: «Un rapaz empezou a alterarse e o resto fóronse sumando. Un daba golpes por un lado, outro levantaba unha cadeira... Houbo que aplicar os protocolos e reducilos».

Este tipo de situaciones están siendo más frecuentes de lo habitual y los trabajadores creen que la tensión se ha disparado por las especiales condiciones en las que los menores soportan el confinamiento. Se aplicaron las mismas medidas en estos centros que en las residencias de ancianos o de personas con discapacidad, es decir, los internos no pueden salir ni recibir visitas. «Pero isto non ten nada que ver cun asilo. Isto non se sostén no tempo», alerta Julio Oitavén, delegado de prevención de riesgos laborales en Monteledo.

A finales de marzo se habilitó la posibilidad de que los menores en régimen abierto o semiabierto a los que les quedasen menos de quince días de cumplimiento de la medida judicial de internamiento pudiesen solicitar su libertad. Cinco se acogieron a ello, pero el comité de empresa de Monteledo considera que no es suficiente.

«Estamos nunha situación excepcional, e os rapaces que teñen bo comportamento e aos que lles quedan dous ou tres meses de pena poderían cumprila coas súas familias naqueles casos nos que sexa posible», explica Oitavén, que cree que de ese modo se reduciría la ocupación del centro y los trabajadores podrían controlar mejor la conflictividad que provoca el confinamiento. Alerta de que la semana pasada se produjo una de las agresiones más graves que se recuerdan: «Déronlle catro patadas na cabeza a un vixilante».

Quejas sindicales

En el contexto actual, el comité de empresa echa en falta un refuerzo mayor de la seguridad en el centro. Los conatos de motín debe sofocarlos el personal y para ello es necesario un contacto directo con los menores. «Isto non é coma un centro penal, onde hai outras condicións de illamento. Nós estamos traballando corpo con corpo cos rapaces e compartindo espazos pequenos continuamente con eles», explica uno de los trabajadores, que confiesa tener miedo a que el centro pueda convertirse en un foco masivo de contagios porque los equipos de protección que han recibido no son, a su juicio, los más adecuados. El comité de empresa también lo cree y además ha solicitado un refuerzo en los trabajos de limpieza y desinfección. Lo ha habido pero dicen que es insuficiente.

Por ahora, lo cierto es que solo una trabajadora ha dado positivo en la prueba del coronavirus. Otros cinco empleados estuvieron en cuarentena. Oitavén, que fue uno de ellos, explica que estuvo 18 días esperando por el test y otros ocho por los resultados pese a formar parte de un colectivo «preferente».

Política Social recuerda que están cumpliendo medidas judiciales

Política Social está al tanto de las quejas de los sindicatos por el funcionamiento de los centros de menores durante el especial contexto del estado de alarma. Desde la Consellería dirigida por Fabiola García recuerdan que se trata de chicos que están viviendo en esas instalaciones porque están cumpliendo una medida judicial de internamiento tras haber cometido algún delito. Por otra parte, sobre los conatos de motines y la conflictividad detectada en las últimas semanas, apuntan que se trata de centros complejos, pero el personal cuenta, según dicen, con los medios y la formación necesaria para lidiar con este tipo de situaciones.

Desde la Consellería de Política Social aseguran, además, que todo el material de protección que ha sido solicitado por la fundación que gestiona las instalaciones ha sido entregado y que recibirán más equipos si es necesario. Remarcan, por otra parte, que solo una trabajadora ha dado positivo hasta ahora en las pruebas del coronavirus. Además, únicamente hubo un caso sospechoso entre los menores internados. El joven presentaba síntomas compatibles con los del covid-19 y fue trasladado al hospital, pero dio negativo en los dos test que se le hicieron, por lo que se descartó el contagio. Desde la Consellería entienden, por lo tanto, que la situación está controlada.

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