El diario de un artista sereno

El Centro Cultural Marcos Valcárcel de la capital alberga una retrospectiva poética de Manuel Buciños


OURENSE

La Fundación Xoán Piñeiro en colaboración con la Xunta de Galicia y la Diputación de Ourense y a través de la gestión de la comisaria de la exposición Cuqui Piñeiro, responsable del proyecto artístico y artesanal Arte Bronce Fundición que constituye una referencia a nivel gallego en su especialidad, están detrás de Diario de Artista. Buciños en el Centro Valcárcel. Un proyecto que desde el Patronato de la Fundación

Xoán Piñeiro mantiene el espíritu renovador del consagrado escultor Xoán Piñeiro Nogueira y está constituido bajo la presidencia honorífica de su viuda Carmen Álvarez Carrera y sus hijas Carmen, Cuqui, Belén y Marta

y por diferentes personalidades del mundo de la cultura como el propio Buciños, su presidente Xesús Vázquez, Camilo Franco y Blanca Caamaño entre otros intelectuales, para el desarrollo de la escultura y la promoción del arte gallego así como a la investigación y formación a través de bolsas y becas de trabajo.

Diario de Artista constituye un proyecto ilusionante en el que se valora el trabajo de los escultores gallegos. Un recorrido plástico y vital a través de la figura de uno de nuestros escultores más queridos y referenciados en las sesenta obras que se presentan con una magnífica recreación escenográfica del estudio del artista para analizar su entorno natural y creativo, así como el roble que Cuqui trasladó al espacio expositivo convirtiendo tanto contenedor como obra en presencias vivas. Cabe destacar la soberbia performance realizada por la artista multidisciplinar Mercé de Rande con una sublime interpretación de la obra del escultor a través del estudio del movimiento del cuerpo como territorio expresivo en simbiosis con las artes plásticas y escénicas y la voz y poesía de Cristal Méndez.

El verismo formal de los volúmenes que modelan el concepto que Buciños desarrolla se inspira en el mundo clásico y una morfología contemporánea no representativa que deriva en una estilización de la naturaleza, una figuración no imitativa sino emocional y dialéctica, síntesis conceptual de la idea, esqueleto de la forma y racionalización del espacio, entre lo orgánico y lo geométrico. Sorprende su redefinición del bulto redondo a través de una escultura sin peana, a escala humana.

Una propuesta personal que establece un diálogo entre Venus y fórmulas de carácter abstractivo basadas en el estudio de la estructura y de la síntesis en los trazados diagonales y los planos piramidales que se elevan anulando la masividad del bloque de los desnudos esenciales, grupos y maternidades como en una celebración permanente de la naturaleza y de la vida, atrapando el élan vital como una energía que penetra por el flujo de la vida de la misma manera que la creatividad y el impulso artístico.

Democratizar la forma

Consigue así una rehumanización del concepto alienante y exclusivo de estatua. Una democratización de la forma ya que su modelo es el colectivo humano, sus afectos y emociones. Serenidad y equilibrio sin espectaculización lo que hace de la suya una obra honesta, humanista que deja en cada escultura un verso que

forma un poemario vital. Un hedonismo amable, sensible a la naturaleza, agradecido a la vida. Una dimensión humana no idealizada en los contrarios cómplices, las parejas; las maternidades triunfantes como primaveras, el renacimiento de la tierra como la gestación y una feliz cosecha en la familia. Maestro conocedor de todos los secretos de la técnica, la ductibilidad de la cera le permite la insinuación de las mismas como un escueto dibujo mediante las incisiones, estiliza y alarga los volúmenes hasta adelgazarlos como palabras, prescindiendo de modelar la espalda en ocasiones como si transformase el bulto redondo en dibujo bidimensional o silueta.

El hueco como afirmación existencial del vacío y tensión que equilibra la forma que sustenta, la grafía de la idea. Como en Moore construye en base a una sucesión de líneas cóncavas y convexas la interrumpida forma del vacío atravesando la forma, un espacio roto como una poesía de la ausencia y una escultura biomórfica capaz de generar imágenes que emulan las fuerzas germinales de la naturaleza, el protagonismo de la mujer y una presencia de lo invisible como en la obra de Julio González en el juego de volúmenes o en su ausencia para crear dinamismo.

Un arabesco en la fusión de los elementos lineales con los que el artista consigue el movimiento, haciendo a través de la hipertrofia expresiva de la estilización de las extremidades que la figura flote en el espacio, abriendo espacios intermedios con equilibrio dinámico, sinfónico y extendido.

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